El año de Carlos Sainz
Emulando los versos de Quevedo a su némesis Góngora, érase una hombre a un apellido pegado . La leyenda del primer héroe de 4 ruedas y suerte dispar en el juego de los rallys. Un niño que creció entre gasolina, ruedas y triciclos a motor. Un joven que alternó estudios y karts con más predilección por la segunda. Un hombre que se ha desligado sin necesidad quirúrgica, como hubiera necesitado el pobre Góngora, de su tercer apellido junior: ahora Carlos Sainz es un hombre, una realidad, el presente español en la F1.
En la dupla rojigualda, uno vislumbra su ocaso mecánico, con una juventud aguileña en vista, manos y ansia de victoria. Fernando Alonso espera su momento en la búsqueda de un milagro entre Suzuka y Woking. Carlos, con más tiempo para el asalto al champán, tan sólo ha entrado en el túnel que, como el de la M30, le sobran las salidas. Redundando en el termino de la sobra: talento, ganas y preparación no le hacen falta. Han sido dos años bipolares en las sensaciones, con actuaciones memorables, y, otras, empañadas por una fiabilidad disonante y un motor outlet.
Dos temporadas en el que, las estadísticas, dejan detalles de lujo en el palmarés de Carlos. En su primera temporada, con la inevitable comparación con Max Verstappen, ese niño que promete una vorágine de tardes mágicas, Sainz, quitando los problemas de fiabilidad, y paradas eternas en boxes bastante sugerentes, le superó en clasificación (10-9). Una diferencia mínima, ampliada en puntuación para el holandés por los factores antes mencionados. A igualdad de condiciones, si tuviera Carlos el Red Bull…
Es el enjambre mediático que rodea al pequeño y talentoso Max. Es la distancia, la humildad, el silencio y el trabajo que acompaña a Carlos. Mientras que Verstappen juega a eso de Iron Man, cómodo entre los flashes; Sainz prefiere la oscuridad, la versatilidad de un Batman que se deja ver sólo con mono y casco. Dos actores enfrentados produciendo un film en sus orígenes que huele a taquillazo. Verstappen ya sabe lo que es la victoria, el podio… pero con Ricciardo por delante en el global de 2016 (desde que coincidieron en Red Bull) tanto en clasificación (11-7) como en carrera (10-7).
Carlos, con el eficiente Toro Rosso, más no competitivo en altas esferas, ha toreado a Kvyat. Las estadísticas son demoledoras: 13-8 en clasificación, 16-5 en carrera, 46 puntos contra los 25 del ruso. Alicientes de sobra para pensar en el año del graduado definitivo para Carlos Sainz. El momento de asaltar algún podio mágico, o seguir sorprendiendo a base de sábados líricos con domingos consistentes. Una temporada que arranca en Toro Rosso pero sabe Dios donde acabará. Si, tal vez, el momento de pisar el trampolín hacia la zona VIP ha llegado. Y es que, ya saben, a la tercera va a la vencida. Suerte, Carlos.
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