Tere vive aislada en una aldea asturiana cuyos últimos vecinos se marcharon en 1991: «Yo tengo tienda, pero es para mí sola»
Hace tiempo que Tere vive en un pueblo abandonado y no tiene vecinos, pero todavía conserva fotografías que demuestran que su aldea no siempre fue así. Ella todavía puede señalar quién vivía en cada casa y a qué se dedicaba cada persona.
Gracias al canal de YouTube Hilux_Aventura hemos podido conocer su historia. Ahora vive junto a los perros que rescata, es autosuficiente y sueña con que el pueblo asturiano no desaparezca cuando ella falte.
De hecho, una de las cosas que más ha llamado la atención es que todavía se alimenta de lo que produce en su huerto, gracias a que almacena la cosecha en su hórreo y acumula conservas: «Yo tengo tienda, pero es para mí sola».
La historia de Tere en Asturias: vive en un pueblo abandonado
Tere no nació en la aldea, pero la siente como propia porque llegó con tres años, después de la muerte de su abuelo, y cree que la llevaron para aliviar la pena de su abuela Flora. Allí creció con ella y con sus tíos, Pepe y Ricardo, hasta los 19 años.
La familia vivía del ganado y del trabajo fuera de casa; también cultivaba escanda, un cereal que Tere recuerda haber recogido de pequeña y cuya harina sigue utilizando para hacer pan.
Cómo ocurrió con muchos pueblos abandonados de España, empezó a perder habitantes durante los años sesenta debido al éxodo rural. El proceso lo culminaron sus tíos a finales de 1991, los últimos en marcharse.
Por desgracia, hoy muchas de las casas están destruidas y comidas por la vegetación. Sin embargo, Tere no pierde la Fe: «Tengo la esperanza de que mi hijo no la deje caer».
Y es que la buena noticia es que Tere podría tener un heredero para mantener al pueblo con vida. Su hijo Pablo es un gran amante del campo asturiano.
Cómo sobrevive Tere en un pueblo deshabitado de Asturias
A veces confundimos vivir sin vecinos con pensar que una persona está aislada o sin comunicación con el mundo. Lo cierto es que Tere trabaja y sale a comprar, pero las verduras las cultiva ella misma.
Por ejemplo, en su huerto tiene berzas, repollos, ajos y habas. Además, en marzo aprovecha para preparar la siguiente siembra de patatas y cebollas. Su hermano Nacho va a ayudarla a trabajar la tierra.
Parte de lo que recoge acaba en el hórreo, donde guarda las patatas clasificadas por tamaños, las últimas cebollas de la cosecha anterior y numerosos tarros de conservas.
Cuando quiere hacer una empanada, abre uno de esos botes y añade los ingredientes que faltan. Los puerros empezaron a ocupar sitio en los estantes un año en que cosechó muchos y le daba pena desperdiciarlos. Hasta el pimentón sale de su trabajo. «No compro pimentón», ha contado.
¿Vivir en una aldea abandonada afecta a la soledad?
Obviamente, una de las cosas que más preocupa a la hora de vivir en una aldea aislada es la falta de socialización. Pero Tere lo tiene claro: «Sola para nada, porque tendría la opción de estar en otro sitio». Lo bueno de vivir de esta manera es que se trate de una elección.
Aun así, eso no quita que mantenerse en el pueblo sea una tarea dura. Por ejemplo, Tere debe pedir al ayuntamiento que desbroce la carretera y está preocupada por unos eucaliptos próximos a la vivienda y al hórreo.
Además, poco a poco está viendo como la aldea se deteriora. Por ejemplo, hay un puente de piedra a punto de colapsar.