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Ken Follet

La reflexión de Ken Follett sobre la fe y la pérdida: «No quiero imaginar un cuento de hadas, cuando la persona que amas se marcha es una pérdida y sólo puedes afrontarlo»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

A sus 77 años, Ken Follett se ha consolidado como uno de los autores más reconocidos y prolíficos del panorama literario internacional. Su popularidad se refleja en las cifras de ventas: es uno de los escritores más leídos en España y ha vendido más de 200 millones de ejemplares en todo el mundo, de los cuales unos 27 millones corresponden a «Los pilares de la Tierra». Sin embargo, en su vida personal, también ha tenido que afrontar experiencias muy dolorosas, entre ellas la muerte de uno de sus hijos en 2018, después de cuatro meses de lucha contra la leucemia.

Estudió Filosofía en la Universidad de Londres, donde más adelante decidió especializarse en Periodismo. Después de graduarse, trabajó en distintos medios de comunicación tanto en Gales como en Londres, entre ellos el Evening News, además de colaborar con la editorial Everest Books. Durante esta etapa empezó a escribir su primera novela, «El ojo de la aguja», una obra que alcanzó un notable éxito internacional y le permitió dedicarse plenamente a la literatura.

«No quiero imaginar un cuento de hadas, cuando la persona que amas se marcha es una pérdida y sólo puedes afrontarlo»

Ken Follet explicó en «Viajando con Chester» cómo había sido su educación durante la infancia y cómo, desde muy pronto, empezó a plantearse cuestiones que se alejaban de las creencias de su familia. «Es difícil estar en desacuerdo de la religión de tus padres. En especial si son muy estrictos al respecto. Estás rechazando algo que tus padres aman desde el fondo de su corazón (…) Así que pensé que estudiar Filosofía me ayudaría a entender esas cosas y a tomar buenas decisiones y así fue. De hecho, me hice ateo.

En ese momento, Risto Mejide se preguntaba si no sería «mejor creer», ya que él también se definía como ateo y reconocía que, en determinadas circunstancias, podía echar de menos una explicación trascendental
Ken Follet comprendía perfectamente el planteamiento del presentador. El escritor perdió un hijo en 2018 tras cuatro meses de lucha contra la leucemia, una experiencia especialmente dolorosa. Sin embargo, ni siquiera después de atravesar aquella pérdida consideraba que habría preferido tener creencias religiosas.

«No. Porque no tiene sentido. Muchas cosas no tienen sentido. Puedes ver en un segundo que la persona que amas se ha ido. No que se ha ido al cielo sino que ha dejado de existir y por supuesto lloras pero saber que ya no está ahí. Lloras porque sabes que nunca vas a volver a verla y un cuento de hadas, eso de que está ahí arriba mirándonos, no me consolaría en absoluto. Quiero afrontar mi pérdida y aceptar que esto forma parte de mi vida».

«Puedes ver a medias que la persona que amas se ha ido, que ha dejado de existir y que, por supuesto, lloras, pero sabes que ya no está ahí y que nunca volverás a verla. Lloras precisamente porque eres consciente de que no volverás a encontrarte con ella. La idea de que está ahí arriba, mirándonos desde el cielo, no me consolaría en absoluto. No quiero un cuento de hadas, quiero afrontar mi pérdida, aceptar que esto forma parte de mi vida y comprender que, a partir de ahora, tengo que aprender a vivir con su ausencia. No quiero ocultar el dolor ni hacer que desaparezca recurriendo a una historia que me resulte más fácil de creer, sino asumir la realidad de lo ocurrido y encontrar la manera de seguir adelante con ella», comentó Ken Follet.

Por otro lado, en una entrevista con Mujer Hoy confesó que lo que más feliz le hace es estar casado con Barbara. «Sé por experiencia lo que el matrimonio puede llegar a ser cuando no es bueno (se divorció de su primera mujer en los 80) y, después de tantos años juntos, nosotros todavía estamos locos el uno por el otro. Nunca nos quedamos sin temas de conversación cuando estamos los dos solos. Desayunamos juntos y, al terminar, estoy deseando que llegue la hora de comer para volver a verla. Ella es sin duda lo mejor de mi vida».

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