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Psicología

La psicología sugiere que las mujeres de más de 70 años que se niegan a vivir con sus hijos no lo hacen por orgullo sino por preservar su autonomía

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La decisión de una mujer mayor de seguir viviendo en su propia casa puede interpretarse como orgullo o rechazo a la ayuda familiar.

Sin embargo, la investigación sobre envejecimiento apunta a la necesidad de conservar la autonomía, la intimidad, las rutinas y una identidad construida durante décadas.

¿Por qué algunas mujeres mayores prefieren seguir viviendo en su propia casa?

La evidencia no permite afirmar que todas las mujeres de más de 70 años que rechazan convivir con sus hijos actúen por la misma razón. No obstante, sí identifica un patrón.

Para muchas personas mayores, el hogar representa más que un lugar donde vivir. La vivienda funciona como espacio de control personal, seguridad y continuidad.

Un estudio publicado en Ageing & Society por los especialistas Damien Stones y Judith Gullifer analizó mediante entrevistas en profundidad la experiencia de 23 personas de entre 85 y 101 años que vivían de forma independiente en zonas rurales de Australia.

Los participantes asociaron su vivienda con la autonomía y la privacidad, y consideraron que seguir en casa les permitía mantener su identidad y decidir sobre su vida.

El trabajo identifica cuatro elementos relacionados: autonomía y privacidad, mantenimiento de la identidad, vínculo con los recuerdos y apego al lugar. Los autores señalan que el rechazo a abandonar el hogar puede ser una forma de conservar el sentido de identidad y el lugar que se ocupa en el mundo.

¿Vivir con los hijos puede sentirse como una pérdida de autonomía?

Vivir con los hijos puede aportar compañía, cuidados y seguridad, pero no siempre coincide con lo que una persona mayor considera una vida independiente. El cambio de domicilio puede implicar modificar horarios, hábitos, espacios privados y decisiones cotidianas que antes dependían exclusivamente de ella.

Otra investigación, publicada en Canadian Geriatrics Journal, estudió las dificultades asociadas al envejecimiento en el propio hogar entre personas mayores con deterioro cognitivo autopercibido y cuidadores informales.

El trabajo identifica problemas como las dificultades de movilidad, las tareas cotidianas, el aislamiento social y los cambios emocionales. Por otro lado, señala que envejecer en casa puede favorecer la calidad de vida y reforzar sentimientos de identidad, independencia y autonomía.

Eso no significa que vivir solo sea siempre la mejor opción. Cuando aparecen limitaciones físicas o cognitivas, la seguridad y las necesidades de cuidado pueden exigir adaptaciones o apoyos. La clave está en que la ayuda no sustituya automáticamente la capacidad de decidir.

¿Qué dicen los datos sobre las personas mayores que viven solas en España?

La Encuesta de Personas Mayores 2010, elaborada por el IMSERSO, ofrece un dato revelador: el 87,3% de las personas mayores encuestadas prefería vivir en su propia casa, incluso aunque fuera sola. El informe señalaba que el 16% vivía sola y que la mayoría eran mujeres, especialmente en el medio rural.

El documento también refleja la importancia de los vínculos familiares. Un 68% de las personas mayores mantenía contacto diario con sus hijos, mientras que la satisfacción con las relaciones familiares alcanzaba niveles elevados.

Querer conservar la vivienda propia no implica necesariamente querer alejarse de los hijos, ya que la autonomía y las relaciones familiares pueden coexistir.