Ernest Hemingway y su reflexión más cierta sobre España: «Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo»
Una frase escrita por Hemingway en su libro de 1932, Muerte en la tarde
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Hablar de Ernest Hemingway es hacerlo de uno de los escritores que marcaron la literatura del siglo XX. Ganó el Pulitzer, recibió el Nobel de Literatura y dejó obras que todavía hoy siguen leyéndose en todo el mundo. Pero más allá de sus libros, hubo algo que acompañó al estadounidense durante buena parte de su vida: su fascinación por España. Viajó varias veces a nuestro país, conoció los Sanfermines, se interesó por los toros y también vivió de cerca la Guerra Civil como corresponsal.
España aparece de hecho en varias de sus obras, pero también en algunas reflexiones que permiten saber cómo veía Hemingway a los españoles. Una de las más conocidas la escribió en Muerte en la tarde: «Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo, y si tiene otro es el sentido común». Y no terminó ahí sino que añadió que ese sentido común era «tan fuerte y seco como las llanuras y mesetas de Castilla». Una descripción breve, pero bastante reveladora de alguien que regresó al país una y otra vez durante décadas.
La frase de Ernest Hemingway sobre España
Para encontrar el origen de la frase nos tenemos que ir hasta 1932, año en el que se publicó Muerte en la tarde. Hemingway llevaba entonces tiempo interesado por España y, sobre todo, por los toros. De hecho, el libro nació alrededor de la tauromaquia, aunque sus páginas van bastante más allá y contienen recuerdos, experiencias y opiniones del propio escritor. Es ahí donde aparece su reflexión sobre los españoles. Primero habla del orgullo y justo después introduce el sentido común, que compara con el paisaje castellano. Lo curioso es que Hemingway intenta encontrar algo compartido por un país que conocía bien y que sabía diverso, y son precisamente esos dos rasgos los que destaca.
¿Qué entendía exactamente por orgullo? La frase no ofrece una definición cerrada y tampoco conviene dársela más de noventa años después. Lo que sí se puede hacer es ponerla en relación con la mirada que aparece en muchos de sus textos. Hemingway se interesó especialmente por cuestiones como el valor, la dignidad o la manera de comportarse ante situaciones difíciles. Esa forma de mirar al ser humano también estuvo detrás de buena parte de su interés por España.
España fue mucho más que un destino para Hemingway
Hemingway llegó por primera vez a España en 1921, después de seguir el consejo de Gertrude Stein, y volvió apenas dos años más tarde. Aquellos primeros viajes fueron suficientes para despertar un interés que ya no desaparecería. Pamplona tuvo mucho que ver. El escritor conoció los Sanfermines, se aficionó a las corridas y terminó trasladando parte de aquella experiencia a sus libros. En 1926 publicó Fiesta, conocida en inglés como The Sun Also Rises, cuya historia pasa por París pero también por Pamplona y sus fiestas.
Su relación con los toros tampoco fue algo pasajero. Los siguió durante años y quiso conocer de cerca un mundo que posteriormente ocuparía buena parte de Muerte en la tarde. Por eso la famosa frase sobre el orgullo español no procede de alguien que acabara de llegar al país, sino de un escritor que ya había pasado años viajando por él. Hay otra frase atribuida a una carta suya que resume todavía mejor aquella fascinación: «España es el último país bueno que ha quedado». Una declaración que deja poco espacio para dudar del lugar que el país había terminado ocupando en su imaginario.
La Guerra Civil llevó de nuevo a Hemingway a España
Años después regresaría por un motivo completamente diferente. En 1937 estuvo en España como corresponsal durante la Guerra Civil. Ya no era el país de las fiestas que había conocido durante sus primeros viajes. Hemingway presenció un conflicto que dejó una profunda huella en él y que posteriormente trasladó a la literatura. De aquella experiencia surgió buena parte del material que acabaría utilizando en Por quién doblan las campanas, publicada en 1940.
La novela está protagonizada por Robert Jordan, un estadounidense que combate junto al bando republicano y recibe el encargo de destruir un puente. El libro terminó convirtiéndose en uno de los títulos fundamentales de Hemingway y también en una de las obras internacionales más conocidas ambientadas en la Guerra Civil española. España volvía así a aparecer en su literatura, aunque esta vez desde un lugar muy distinto al de los Sanfermines y las corridas de sus primeros años.
Su vínculo con España duró prácticamente toda su vida
En 1959, cuando Hemingway era ya una figura mundial, volvió para seguir los duelos taurinos entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. De aquel trabajo saldría posteriormente The Dangerous Summer, publicado después de su muerte. Para entonces acumulaba los mayores reconocimientos a los que podía aspirar un escritor. En 1953 había recibido el Premio Pulitzer por El viejo y el mar y al año siguiente llegó el Nobel de Literatura. Murió en 1961, cuarenta años después de aquel primer viaje a España.
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