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Antonio Buero Vallejo, dramaturgo español candidato al premio Nobel de Literatura en 1974: «Prefiero equivocarme a ser un artista mediocre, cuyas obras pasen»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Presentar un proyecto arriesgado en el trabajo o quedarse con la fórmula de siempre es una duda que casi todo el mundo ha tenido alguna vez, y es que equivocarse delante de los demás suele dar más miedo que pasar desapercibido.

Sin embargo, el dramaturgo Antonio Buero Vallejo tenía clara su respuesta, y la frase que la resume sigue circulando hoy en redes sociales y en recopilaciones de citas.

«Prefiero equivocarme a ser un artista mediocre, cuyas obras pasen», dice la cita que le atribuyen numerosas recopilaciones, aunque ninguna indica en qué obra o entrevista la pronunció.

Qué quería decir Buero Vallejo con preferir equivocarse a ser un artista mediocre

Para Buero Vallejo, el fracaso no era el error, sino la obra que no deja huella. En la posguerra, la cartelera madrileña estaba llena de comedias ligeras que buscaban entretener sin incomodar, y el autor eligió el camino contrario: la tragedia, la crítica social y los símbolos.

Ese riesgo tenía un coste real. La censura franquista revisaba cada texto, y Buero aprendió a decir las cosas de forma indirecta. En Las Meninas, de 1960, usó la figura de Velázquez para hablar de la responsabilidad del artista ante el poder, y en El tragaluz, de 1967, mostró a una familia rota por la Guerra Civil.

Buero no era, en cambio, un temerario. En 1960 defendió en la revista Primer Acto el llamado posibilismo frente al dramaturgo Alfonso Sastre: escribir lo más audaz que la censura permitiera estrenar, porque una obra prohibida no llegaba a ningún espectador. Sastre, por su parte, prefería escribir sin concesiones aunque sus textos no se estrenaran.

Así puede influir la idea de Buero Vallejo en quien duda entre arriesgar o ir a lo seguro

El dilema aparece en decisiones muy cotidianas. Una diseñadora que presenta a su jefe una propuesta distinta a la de cada año se expone a un no, pero también a que su trabajo se recuerde. Quien repite la misma plantilla acierta casi siempre, aunque nadie vuelva a pensar en ella.

Ocurre lo mismo fuera del trabajo. Una persona que se apunta a clases de teatro a los 50 años asume el ridículo de los primeros ensayos, y alguien que deja una relación cómoda pero apagada cambia la seguridad por la incertidumbre. Un estudiante que elige la carrera que le apasiona en lugar de la que garantiza un sueldo hace la misma apuesta.

La frase tampoco desprecia lo comercial. Las obras sencillas y pensadas para entretener cumplen una función, mantienen los teatros abiertos y permiten a muchos profesionales vivir de su oficio. Buero sólo advertía de que quedarse siempre en ellas condena al olvido.

Quién fue Antonio Buero Vallejo, el autor de Historia de una escalera

Nació el 29 de septiembre de 1916 en Guadalajara y estudió Bellas Artes en Madrid. Tras la Guerra Civil fue condenado a muerte por adhesión a la rebelión, una pena que le conmutaron, y pasó en prisión de 1939 a 1946. Allí coincidió con Miguel Hernández, al que dibujó en un retrato que hoy es la imagen más conocida del poeta.

En 1949 ganó el Premio Lope de Vega con Historia de una escalera, que retrata a tres generaciones de vecinos atrapados en la misma pobreza. Entró en la Real Academia Española en 1971, recibió el Premio Cervantes en 1986 y murió en Madrid el 29 de abril de 2000.

Su candidatura al Nobel se conoció mucho después. En enero de 2025, el archivo de nominaciones de la Fundación Nobel reveló que el marqués de Lozoya lo había propuesto en 1974, el año en que la Academia Sueca premió a dos de sus propios miembros, Eyvind Johnson y Harry Martinson.