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La sanguinaria fuga real de Brito y Picatoste narrada en ’33 días’, el ‘thriller’ más salvaje de Atresmedia

José Manuel Poga y Julián Villagrán protagonizan la serie creada por Carles Porta

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José Manuel Poga y Julián Villagrán en '33 días'. (Atresmedia)
Paula M. Gonzálvez

En 2001, la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent de Lérida mantuvo en alerta a los ciudadanos y autoridades durante 33 días, un periodo que da nombre a la nueva serie que Atresplayer estrena este domingo, inspirada en la sanguinaria huida de los conocidos como Brito y Picatoste, a los que no les tembló el pulso para disparar a los Mossos d’Esquadra ni para asesinar a un chico y violar a su novia. 33 días, la primera serie de televisión creada por el periodista de investigación Carles Porta, está protagonizada por José Manuel Poga y Julián Villagrán.

El caso de Brito y Picatoste fue el primer true crime que Carles Porta narró en televisión, en Crims. Manuel Brito Navarro cumplía condena por asesinato, mientras que Francisco Javier Picatoste Arnaldo lo hacía por cometer varios robos con violencia. Al compartir celda en el centro penitenciario de Lérida, entablaron una estrecha amistad que desencadenó en una relación de dependencia.

A lo largo de seis capítulos, cada uno de ellos de 30 minutos, 33 días explora esa relación, en este caso la de los personajes de Calatrava y Prieto, apodados Duende y Cuervo, respectivamente. La serie utiliza el vínculo de los protagonistas para ahondar, a través de la intimidad de estos, en los motivos que le llevaron a planear la huida juntos. Consigue así esbozar un true crime con personalidad.

Brito y Picatoste idearon un código personal de signos, números y señas para planear la fuga, y precisaron durante sus encuentros en el patio de la cárcel -una vez que los alojaron en módulos diferentes- desde las provisiones que debían llevar encima hasta el dinero que necesitarían para subsistir.

Así, Brito fingió una caída por las escaleras para que el equipo médico de la prisión ordenara su derivación al hospital, mientras Picatoste estaba fuera de permiso. La patrulla del traslado se asignó a un agente veterano y a uno en prácticas. Ninguno de los dos fue informado sobre los antecedentes del preso al que custodiaban, ni de su peligrosidad, y no pudieron esposarlo cuando lo escayolaron.

A la salida del hospital los esperaba Picatoste, que disparó a los mossos por la espalda. Ambos huyeron y, con la ayuda de un amigo, llegaron a Barcelona para, finalmente, esconderse en la sierra. Dejaron a los agentes heridos de gravedad, hasta el punto de que uno de ellos quedó parapléjico.

Un mes después, los delincuentes decidieron cambiar la ubicación de su escondite. Durante su traslado, se encontraron en el campo con una pareja de jóvenes, de no más de 23 años, en un coche. Asustados, intentaron arrancar el turismo, pero Brito y Picatoste dispararon contra el vehículo y lo impidieron. Después, también dispararon varias veces de manera directa al chico, al que mataron. Dejaron su cuerpo tirado en el campo y se llevaron el coche y a la chica.

En uno de los momentos en los que tuvieron que separarse, con el coche averiado, Brito ató a su rehén a un árbol, donde la agredió sexualmente. Picatoste supo lo que había hecho su compañero escuchando la radio, y en ese momento empezaron las primeras fricciones. Según las informaciones posteriores, no estaba molesto por el daño ocasionado a su víctima, sino porque asumió esa agresión como una traición hacia él, motivo por el que se especuló con que pudiera estar enamorado de Brito.

Los Mossos d’Esquadra descubrieron que Brito y Picatoste se habían citado con un amigo en la sierra, y desplegaron un operativo en la zona, donde se camuflaron. Más de 100 agentes armados los rodearon, y los delincuentes se rindieron.

La serie de Atresplayer indaga en las luces y sombras de la relación que mantienen Calatrava y Prieto. Lo hace con naturalidad y sin obviedades ni sobreexplicaciones. La dependencia del personaje que interpreta Villagrán y la violencia del papel de Poga aportan un plus para que el espectador quede enganchado a la serie tanto por esa trama como por la tensión de la huida y la persecución. Asimismo, el aspecto emocional dota de un tono diferente al true crime sin caer en simplezas ni cursilerías.

Además, 33 días también se salva del mayor peligro inherente al género: el de conseguir que los personajes no provoquen rechazo en el espectador, al mismo tiempo que tampoco desarrolla empatía para no banalizar el caso ni blanquear a los delincuentes. Los actores juegan un papel indispensable en este sentido, con una visceralidad que, sumada a la acción de la operación jaula, hace de 33 días un thriller salvaje, con buen ritmo y sin excesos narrativos.