Relais & Châteaux La Fonda Heritage: alta gastronomía en el corazón de un edificio con cinco siglos de historia en Marbella
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Marbella es una ciudad con doble cara. Está esa personalidad magnética que se alimentó de la época de oro de la ciudad, bebió del Mediterráneo y donde los resorts de gran lujo custodian el paseo marítimo y descansan en el litoral. Esa es la Marbella que muchos conocen y que otros tantos encasillan. Pero es que también está esa pequeña ciudad donde convivieron religiones, pasaron siglos y a la que se escapaban los habitantes de la primera cuando querían volver a la raíz de este lugar. Esta segunda Marbella murmura con el «quejío» auténtico de Andalucía. No por ello pierde la elegancia y el glamour de lugares con historia, como la que cuenta el hotel Relais & Châteaux La Fonda Heritage Hotel, un encantador hotel boutique de cinco estrellas y una Llave Michelin encalado en el corazón antiguo de la ciudad del sol.
Pensar en un pequeño hotel de ciudad en un lugar que vive del «todo a lo grande» puede resultar difícil, incluso a veces inverosímil si lo comparamos dentro del marco en el que ha crecido la ciudad. Pero a veces la belleza puede ser contradictoria y la hospitalidad no solía presumir de jugar en grandes plazas. Por la carretera, reconoces el hotel cuando llegas a la plaza del Santo Cristo y reconoces en su fachada blanca la bandera de Relais & Châteaux y los trampantojos arquitectónicos de estilo Barroco. Se trata de una tendencia muy extendida en el sur que consiste en pintar detalles arquitectónicos —como ventanas, balcones, molduras o cortinas— para crear la ilusión de tridimensionalidad y engañar a la vista.

Hoy, luce como un lugar de retiro pero antaño, los tres edificios que junta este hotel fueron residencia privada, convento, escuela e incluso el punto de encuentro de celebridades que disfrutaban de la Marbella más auténtica. Su historia nos hace volver a aquellos años en los que Marbella presumía de ser el lugar donde «había que estar» para ser alguien – lo que hoy denominamos bajo el anglicismo place to be, vaya. Y así se creó un nodo de grandes fortunas, celebrities e iconos que serpenteaban sus calles y protagonizaron uno de los capítulos más prósperos de la ciudad.
Relais & Châteaux La Fonda Heritage Hotel en concreto y la plaza que tiene frente a sí se convirtieron en un lugar de encuentro para personalidades de la época. Decenas de personas se agolpaban en la puerta del hotel para saludar a sus estrellas favoritas, que iban al restaurante de este lugar para disfrutar de una gastronomía de altura. Así, un día podían encontrarse con Sean Connery, al siguiente con Julio Iglesias y, si tenían suerte, quizá a Dalí. «Todos los famosos de la zona cenaban aquí», nos contaban en el hotel. Porque al ir a La Fonda, estaban yendo al espejismo marbellí del icono de la gastronomía madrileña Horcher.

Todo tiene un por qué y el de la relación entre este restaurante y La Fonda se encuentra en su origen. La Fonda siempre ha sido un lugar de encuentro, «cuando en Marbella no había coches, la gente ataba sus caballos en la puerta y se ponían aquí a comer», de ahí el nombre de La Fonda. En los años 60, los diseñadores Jaime Parladé y Duarte Pinto Coelho deciden abrir un hotel boutique y, dada su pasión por la gastronomía y la caza, buscan hacer una casa de comidas centrado en productos de caza.
En una escapada a Madrid, van a comer a Horcher y, enamorados de su gastronomía, deciden que quieren llevarse a todo el equipo del restaurante a su «hotel de amigos» de Marbella – podemos imaginarnos que a Otto Horcher no le encantó esta idea y por eso decidieron abrir una sede de este restaurante en sus cocinas. Y funcionó hasta tal punto que en 1978 adquirió su primera estrella Michelin, siendo el primer restaurante de Marbella en conseguir este hito.

La decadencia del lugar llegaría en los 90 cuando, bajo el gobierno de Jesús Gil, se decide peatonalizar la calle que había frente al hotel (hoy la calle BUSCAR), lo que redujo el tráfico de gente en este lugar y acabó desencadenando en su cierre en la década de los 90. Pemaneció cerrado durante más de 20 aoñs hasta que la apuesta por este proyecto y la llegada del sello Relaix & Château a La Fonda terminaron por abrir una nueva etapa para este edificio histórico.
Destapando el pasado
En este lugar las apariencias engañan y la prueba está en que al cruzar las puertas de esa discreta fachada se abre paso un hotel que junta tres edificios para configurar un laberinto andaluz en toda su esencia, incluido el patio interior con columnas del siglo XVIII. Presidiendo este lugar se torna una imponente fuente que presta al oído una escucha casi onírica. Aún preserva los techos con las tejas originales, las pasaderas del patio con el diseño de hierro forjado original, pero con un aura mucho más vanguardista; y así continúa por el resto de las zonas comunes que encuentran un patio en la parte posterior y una rooftop superior.

«No es fácil hacer una reforma en este lugar», nos cuentan en el hotel, «ya que bajo el suelo de La Fonda descansa gran parte de la antigua ciudad árabe». Fue la arquitecta e interiorista Nieves Montero, tras un trabajo de estudio, quién dio forma al nuevo hotel. Y trabajo tuvo de sobra, porque este lugar tenía historia hasta en sus entrañas. Sabían que algún que otro resto árabe podría salir en la reforma, pero lo que no esperaban eran los talleres nazaríes del siglo XIV y que tras uno de los muros destapasen una joya arqueológica del siglo XVI que llevaba siglos desaparecida: la ermita de San Sebastián.

Hoy, los restos de este lugar acogen el comedor acristalado del restaurante del hotel y el camarín donde se guardaba y se vestía a la virgen forma parte de la habitación número 21, la habitación Heritage. Este espacio que hoy es el despacho con sofá de la habitación, tiene una cúpula con murales religiosos, que para descubrirlos hizo falta un arduo trabajo de rehabilitación con el que se tuvieron que quitar 15 capas de pintura azul que los cubrían.

El hotel cuenta con 20 estancias en total y otra de las grandes habitaciones es la que se encuentra en el sky bar, en una de las torres que presiden la parte superior, se encuentra una habitación única. Alejada de la estructura corriente de este lugar, se erige como una cápsula privada de dos pisos que invita a encender el altavoz Marshall que hay sobre la mesa, poner una playlist especial y disfrutar de las vistas 360º de los ventanales que asoman sobre las cuatro paredes de la torre. No falta tampoco detalle para hacer que el confort nunca se pierda, por eso todas las habitaciones abrazan el descanso con sábanas de 600 hilos y prestan a sus huéspedes los amainities de Maison Soto, que elabora las fragancias con flores de Sotogrande.

Gastronomía
Con esa herencia gastronómica, era de esperar que sus espacios gastronómicos estuviesen más que a la altura de una ciudad como Marbella. Llevando la batuta de las cocinas se encuentra el chef Jorge González y lo que ha creado en su interior es un concepto donde el Mediterráneo se entiende a través del producto y la técnica. Dentro del hotel hay tres espacios gastronómicos, Los Patios de La Fonda (interior y exterior) y la zona de la ermita de San Sebastián y el sky bar.

Además, el hotel cuenta con otro restaurante en la plaza donde se encuentra. Justo de frente aparece La Bodega de la Fonda. Mantiene su carácter autóctono pero bajo un paraguas mucho más informal, donde el picoteo y las tardes de terraza están a la orden del día.
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