Yates

Nero, el espectacular «yate de J.P. Morgan» que resucita en Mallorca el lujo de los años 30

J.P. Morgan, yate, Mallorca
(Foto: @clubdemarmallorca)
Marta Morales

La bahía de Palma vuelve a tener como protagonista a una de esas embarcaciones capaces de detener las miradas. El Nero, una espectacular réplica de aproximadamente 90 metros de eslora del legendario Corsair IV, se encuentra estos días en Mallorca después de una larga restauración en Barcelona. Su inconfundible silueta recuerda a los grandes vapores que navegaron por el Mediterráneo durante el siglo XIX y principios del XX, con casco negro, proa de clipper, popa de espejo, dos mástiles y chimenea clásica, que contrasta con las líneas futuristas de los superyates que dominan actualmente los puertos del Mediterráneo. El resultado parece sacado de otra época, pero bajo su apariencia de barco clásico se esconde un moderno superyate equipado con todo tipo de comodidades.

El origen de esta historia se remonta a 1930, cuando el financiero estadounidense J.P. Morgan Jr. encargó a Bath Iron Works la construcción del Corsair IV. El barco fue botado el 21 de mayo de aquel año y se convirtió en uno de los yates privados más extraordinarios de su tiempo. El Corsair IV no era un capricho aislado. Formaba parte de una auténtica tradición familiar. Los Morgan habían poseído varios yates con el nombre Corsair y habían convertido estas embarcaciones en símbolos de su enorme fortuna.

J.P. Morgan, yate, Mallorca
(Foto: @clubdemarmallorca)

Con un coste de unos 2,5 millones de euros de la época, el Corsair IV fue considerado en su momento el mayor yate privado construido en Estados Unidos. Tenía un casco de acero de más de 104 metros y estaba propulsado por dos motores turboeléctricos General Electric que desarrollaban 6.000 caballos de potencia y le permitían alcanzar los 17 nudos. Morgan lo bautizó cariñosamente como Princess of the Sea, una expresión que reflejaba perfectamente su imponente presencia.

De yate de lujo a buque militar

La historia del Corsair IV también estuvo marcada por los acontecimientos del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial fue vendido a la Armada británica por un dólar simbólico y comenzó una nueva vida alejado de los salones de lujo para los que había sido concebido.

Tras la guerra, fue reacondicionado para regresar al negocio de los cruceros de lujo. Sin embargo, su nueva etapa duró muy poco. El 12 de noviembre de 1949 encalló frente a Acapulco durante su viaje inaugural y fue declarado pérdida total. Posteriormente, sería desguazado. Durante décadas, el Corsair IV quedó convertido en un recuerdo de la edad dorada de la navegación.

J.P. Morgan, yate, Mallorca
(Foto: @clubdemarmallorca)

Una réplica nacida de la fascinación

Casi medio siglo después, su historia volvió a despertar el interés de un empresario británico, Neil Taylor. Fascinado por el diseño y el pasado del barco, Taylor intentó encontrar un casco que pudiera restaurar. Al no conseguirlo, tomó una decisión mucho más ambiciosa: construir una réplica completamente nueva.

El proyecto fue desarrollado por su empresa, Corsair Yachts, y la construcción se llevó a cabo en los astilleros Yantai Raffles, en China. El resultado fue el Nero, entregado en 2008 y concebido para reproducir la estética y el espíritu del mítico Corsair IV. La recreación fue tan convincente que recibió el reconocimiento como uno de los mejores superyates clásicos de su generación.

Lujo clásico con tecnología moderna

Aunque su aspecto parece pertenecer a principios del siglo XX, el Nero ofrece en su interior todas las comodidades de un superyate contemporáneo. Puede alojar hasta 12 huéspedes, atendidos por una tripulación de unos 20 profesionales, y dispone de seis camarotes. Entre sus espacios destacan una suite principal con salón y estudio propios, un espectacular cóctel-bar de inspiración art déco, sala de cine, comedor interior y comedor exterior.

A bordo también hay piscina, jacuzzi, gimnasio, salón de belleza y zonas de ocio, además de un llamativo tobogán con salida directa al mar. Sus dos motores diésel le permiten alcanzar una velocidad máxima de 17 nudos, mientras que su velocidad de crucero ronda los 13 nudos.