Ciencia
Tierra

Según investigadores de la NASA, el oxígeno se está acabando y la vida en la Tierra está en peligro

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El oxígeno, que comenzó a acumularse en la atmósfera terrestre hace unos 2.400 millones de años durante el bautizado como «Gran Evento de Oxidación», ha sido esencial para el desarrollo de la vida compleja. Sin embargo, ¿seguirá presente para siempre? Esa fue la cuestión que un grupo de investigadores de la Universidad de Toho y la NASA intentó responder mediante simulaciones sobre la evolución de la atmósfera terrestre.

Con base en los resultados obtenidos, a medida que el Sol envejezca, aumentará gradualmente su temperatura y luminosidad. Este proceso reducirá la cantidad de dióxido de carbono disponible en la atmósfera, ya que el calor acelerará los cambios químicos que lo eliminan. Sin suficiente CO₂, las plantas y otros organismos fotosintéticos dejarán de producir oxígeno. Como consecuencia, la capa de ozono desaparecerá y la superficie de la Tierra quedará expuesta a una radiación solar extremadamente intensa. Además, aumentará la cantidad de metano en la atmósfera, alterando aún más las condiciones ambientales.

¿Cuándo se acabará el oxígeno en la Tierra?

En ese escenario, la Tierra se convertiría en un mundo inhóspito, muy diferente al actual, y la mayoría de los seres vivos no podría sobrevivir; únicamente algunos microorganismos capaces de vivir sin oxígeno, conocidos como organismos anaerobios, tendrían posibilidades de permanecer.

«Tras la «Gran Desoxigenación», la atmósfera tendrá una alta concentración de metano, bajos niveles de CO2 y la ausencia de una capa de ozono. Es probable que el sistema terrestre sea un mundo poblado por formas de vida anaeróbicas», resume Kazumi Ozaki, profesor adjunto de la Universidad de Toho. «La vida en la Tierra desaparecería, por lo tanto, tras un cambio natural y progresivo debido a la falta de oxígeno, sin un cataclismo repentino».

¿Cuándo podría este proceso? De acuerdo con los investigadores, los primeros cambios podrían empezar dentro de unos 10 000 años, un periodo muy breve si se compara con la historia de la Tierra. A partir de entonces, la concentración de oxígeno empezaría a disminuir de forma progresiva hasta alcanzar niveles aproximadamente un millón de veces inferiores a los actuales.

Una vez iniciado, este proceso sería irreversible y culminaría alrededor de 1.000 millones de años después. Aunque no existe una fecha precisa para la desaparición de la especie humana, el deterioro gradual de las condiciones ambientales podría hacer que la vida dejara de ser posible mucho antes.

Astrobiología

Éste nuevo modelo sobre la evolución de los planetas no sólo transforma la visión sobre el futuro de la Tierra, sino que también redefine la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. El oxígeno deja de ser el indicador definitivo de habitabilidad, ya que algunos mundos podrían albergar vida incluso durante etapas en las que este gas apenas está presente. Por ello, la ausencia de oxígeno no debería ser suficiente para descartar un planeta como candidato.

Aunque este cambio atmosférico ocurrirá dentro de miles de millones de años y no tendrá consecuencias para nuestra civilización, el estudio recuerda que la habitabilidad de un planeta no es eterna. La Tierra ofrece hoy las condiciones ideales para la vida compleja, pero esas circunstancias también evolucionan con el paso del tiempo.

Al mismo tiempo, esta investigación pone de relieve el delicado equilibrio que hace posible la vida y la importancia de comprender los procesos que moldean la Tierra a largo plazo. Ampliar este conocimiento no sólo ayuda a valorar mejor nuestro planeta, sino también a mejorar la búsqueda de otros mundos potencialmente habitables.

Nuevas estaciones climatológicas

Por otro lado, un estudio publicado por expertos en clima y ecosistemas en The Conversation sostiene que las acciones humanas están generando estaciones inéditas. A diferencia de la primavera, el verano, el otoño o el invierno, éstas no responden a los movimientos de la Tierra, sino a alteraciones provocadas por la actividad humana.

Uno de los ejemplos más conocidos se produce en el sudeste asiático, donde cada año aparece la denominada «estación de la neblina». La quema de grandes extensiones de vegetación para usos agrícolas genera enormes cantidades de humo que cubren amplias zonas durante semanas, reduciendo la calidad del aire y afectando a millones de personas.

Otro caso se observa en Indonesia con la llamada «temporada de la basura». Entre noviembre y marzo, las corrientes marinas arrastran toneladas de residuos plásticos hasta las playas, convirtiendo este fenómeno en un periodo perfectamente reconocible para la población local.

Estos cambios también afectan directamente a los ecosistemas. En Inglaterra, varias especies de aves marinas han alterado sus ciclos de reproducción debido a las variaciones de temperatura y a la menor disponibilidad de alimento, generando desequilibrios que repercuten en toda la cadena ecológica.

En este contexto, los expertos plantean recuperar una visión más conectada con los ciclos naturales; observar el comportamiento de los animales, las fases de la Luna o los patrones de lluvia podría ayudar a comprender mejor los cambios que ya está experimentando el planeta.