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Cae en Palma una banda al puro estilo David Copperfield: hacían magia y robaban carteras sin que nadie se diera cuenta

La capital balear ha sido escenario de una historia que parece sacada de un espectáculo de ilusionismo, pero con víctimas reales y un final muy distinto al de un show. La Policía Nacional, con la colaboración de la Policía Local, ha logrado desarticular un grupo criminal especializado en hurtos cuya habilidad para hacer desaparecer carteras en cuestión de segundos ha sorprendido incluso a los propios investigadores. No es casualidad que ya se les haya empezado a apodar como la banda de David Copperfield, en referencia a su asombrosa capacidad para actuar sin ser detectados.

Los detenidos son tres personas —un hombre y dos mujeres de origen rumano— acusados de pertenencia a grupo criminal. Pero detrás de esta detención hay mucho más que simples robos: los agentes han destapado una forma de actuar altamente sofisticada, basada en la coordinación absoluta, el engaño visual y la rapidez milimétrica. El varón y una de las mujeres están además implicados directamente en varios hurtos, mientras que él también se enfrenta a un delito de estafa por utilizar tarjetas bancarias robadas.

Durante días, los agentes del Distrito Centro y del Grupo Operativo de Respuesta (GOR) habían detectado movimientos sospechosos en los alrededores de la Catedral de Palma, uno de los puntos más concurridos y turísticos de la ciudad. Entre la multitud, este grupo se movía con una naturalidad inquietante. No levantaban sospechas. No corrían. No forzaban situaciones. Simplemente actuaban y desaparecían.

Su método era tan sencillo en apariencia como complejo en ejecución. Vestían como cualquier visitante más: ropa ligera, sombreros, complementos veraniegos… una imagen perfectamente integrada en el entorno. Esa era su primera capa de invisibilidad. A partir de ahí, entraba en juego la coordinación. Seleccionaban a sus víctimas —en su mayoría turistas— y se acercaban con movimientos perfectamente ensayados. Uno distraía, otro ejecutaba el robo con una precisión quirúrgica y un tercero se encargaba de cubrir la maniobra. Todo ocurría en cuestión de segundos. Cuando la víctima quería reaccionar, la cartera ya había desaparecido.

Los investigadores destacan que no se trataba de delincuentes improvisados, sino de un grupo con una especialización muy elevada, acostumbrado a actuar de forma itinerante y con un reparto de funciones claro. Cada gesto estaba calculado, cada movimiento tenía un propósito. Un fallo mínimo podía arruinar la operación, pero durante semanas —posiblemente más— lograron actuar con una eficacia que roza lo asombroso.

El golpe policial llegó tras un dispositivo cuidadosamente preparado. Con la información recabada y la certeza de que el grupo seguía activo en el centro de Palma, los agentes desplegaron un operativo policial durante dos jornadas consecutivas. La vigilancia fue constante, siguiendo cada uno de sus pasos, esperando el momento preciso para intervenir sin margen de error. Finalmente, los sospechosos fueron interceptados y detenidos, poniendo fin a una actividad delictiva que había generado preocupación en una de las zonas más transitadas de la ciudad.

La investigación permitió ir más allá de los hurtos. Los agentes lograron acreditar que el principal detenido había utilizado una tarjeta bancaria robada poco después de sustraerla, realizando pagos en distintos establecimientos. Un detalle que confirma la rapidez con la que actuaban y la intención de sacar el máximo beneficio en el menor tiempo posible. El robo no terminaba con la cartera: continuaba con el uso inmediato de su contenido.

Además, los investigadores apuntan a que una de las mujeres detenidas podría haber tenido un papel relevante dentro del grupo, colaborando de forma activa en la estructura delictiva. Su implicación refuerza la idea de que no se trataba de hechos aislados, sino de una organización con cierto grado de planificación y continuidad en el tiempo.

Tras pasar a disposición judicial, los tres detenidos han quedado en libertad con una orden de alejamiento del centro de Palma, una medida que busca frenar su actividad en el lugar donde operaban con mayor frecuencia. Sin embargo, el caso está lejos de cerrarse. La Policía Nacional mantiene la investigación abierta y no descarta nuevas detenciones, lo que hace pensar que podría haber más personas implicadas o conexiones aún por esclarecer.

Mientras tanto, queda la sensación de que durante un tiempo este grupo logró burlar todos los radares, actuando en pleno corazón turístico de Mallorca con una habilidad que recuerda más a un truco de magia que a un delito convencional. Carteras que desaparecen sin contacto aparente, víctimas que no perciben nada hasta minutos después y delincuentes que se esfuman entre la multitud como si nunca hubieran estado allí.

Pero esta vez, el truco no salió como esperaban. Y lo que durante semanas fue un espectáculo invisible ha terminado con un desenlace muy real: esposas, detenciones y una investigación que sigue avanzando. La llamada banda de David Copperfield ya no actúa en las calles de Palma, pero deja tras de sí una pregunta inquietante: ¿cuántas veces lograron hacerlo antes de ser descubiertos?