Las dos mujeres que recolectan algas en las gélidas islas Lofoten y las venden a los restaurantes más prestigiosos de Europa
Angelita Eriksen y Tamara Singer dejaron atrás sus carreras como fisioterapeutas para emprender una aventura en el círculo polar ártico
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La historia de Angelita Eriksen y Tamara Singer es uno de esos relatos que, al escucharlos, inspiran. En pleno círculo polar ártico, estas dos mujeres recolectan algas que después procesan y comercializan para llevarlas a algunos de los restaurantes más prestigiosos de Europa.
Ambas son fisioterapeutas y se conocieron en Australia. Angelita creció en un pueblo pesquero noruego, ayudando a su padre con las tareas relacionadas con la pesca, mientras que Tamara, de ascendencia japonesa, se crió en Nueva Zelanda familiarizada con las algas gracias a la cocina de su madre.

De una pequeña barca a la alta gastronomía
La idea surgió cuando Angelita empezó a investigar sobre las propiedades nutricionales y la sostenibilidad de las algas. «¿Por qué no las comemos? Están aquí, son gratis», se preguntaba. Sin embargo, necesitaba descubrir qué especies podían aprovecharse y cómo cocinarlas. La respuesta llegó con la visita de la madre de Tamara a Lofoten, quien reconoció variedades como el wakame, el kombu y el nori, y comenzó a prepararlas en la cocina.
Así nació Lofoten Seaweed, una empresa que ha conseguido recuperar la antigua lechería del pueblo y genera empleo en una comunidad que está transformando la pesca tradicional.
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Tres horas para recoger más de una tonelada de algas
La recolección se realiza manualmente en las aguas ricas en nutrientes del Nordstraumen, una de las corrientes de marea más rápidas del mundo. El trabajo depende de las condiciones meteorológicas y de las mareas. «Podemos llevar a la orilla más de una tonelada de algas. Hay seis personas en el agua, cortándolas una por una. Solo podemos hacerlo con la marea baja, así que tenemos unas tres horas», explica Tamara.
La empresa trabaja con zonas rotativas y registra las cantidades recolectadas para favorecer la regeneración de las algas y proteger el ecosistema marino. Además, respeta la estacionalidad de cada variedad, cuya recolección puede extenderse desde la primavera hasta el invierno.

De las aguas noruegas a los mejores restaurantes
El trabajo de Angelita y Tamara ha conquistado a chefs de renombre internacional. Entre sus clientes figura Noma, el prestigioso restaurante de Copenhague, al que suministraron algas frescas semanalmente durante una temporada de verano.
Sus productos permiten crear elaboraciones tan sorprendentes como mantequilla con trufa marina, nori crujiente o postres elaborados con dulse, un alga tradicionalmente consumida en la región junto al bacalao seco. También experimentan con el kombu refinado, un proceso que puede requerir años de reposo para desarrollar nuevos sabores.
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Con su proyecto, estas dos mujeres han demostrado que las algas son mucho más que un ingrediente exótico. Desde una pequeña comunidad pesquera del Ártico, están recuperando tradiciones, creando oportunidades y explorando nuevas posibilidades para la alimentación del futuro. «Debemos aceptar la idea de obtener más alimentos del océano. Y esto va mucho más allá del pescado», defienden.