Parecía imposible pero Elon Musk tiene un plan para dominar el mundo: Optimus será «el producto más grande de la historia» y ya se confirma una inversión de 25.000 millones

Publicado el: 1 de mayo de 2026 a las 15:36
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Robot humanoide Tesla Optimus durante una demostración oficial en el plan industrial de Elon Musk.

Tesla acaba de dejar claro qué quiere ser en los próximos años. En la presentación de resultados del primer trimestre de 2026, Elon Musk colocó a Optimus, el robot humanoide de la compañía, en el centro del plan, por delante incluso de los modelos más emblemáticos.

La idea no es solo enseñar prototipos. Tesla habla ya de fábricas reconvertidas, chips propios y una inversión de capital masiva para sostenerlo. ¿Es un giro tecnológico o una apuesta a todo o nada? Probablemente un poco de las dos cosas.

Fremont cambia de prioridades

En su actualización oficial del trimestre, Tesla afirma que empezará en el segundo trimestre a preparar su primera fábrica a gran escala para Optimus. La compañía asegura que la primera línea, diseñada para un millón de robots al año, sustituirá a las líneas del Model S y el Model X en Fremont, California. También dice que prepara Giga Texas para una segunda línea con una capacidad anual de diseño de diez millones de robots a largo plazo.

Es importante el matiz. Cuando una empresa habla de “capacidad de diseño”, no está prometiendo que vaya a fabricar esa cifra desde el primer día, ni siquiera el primer año. En la práctica, es un mensaje de ambición industrial, de esos que se miden en metros de nave y en turnos de producción, no en titulares.

Qué significa apostar por un humanoide

Un robot humanoide, en sencillo, es una máquina que intenta moverse y usar herramientas como lo haría una persona. Piernas para desplazarse, brazos para manipular objetos, sensores para “ver” y software para decidir qué hacer con lo que percibe. Lo difícil no es que camine en una demo, lo difícil es que trabaje de forma constante y segura en un entorno real.

Ahí está el punto que Musk lleva tiempo empujando. Si Optimus llega a ser fiable, podría asumir tareas repetitivas en fábricas, almacenes o entornos donde hoy se necesita personal para mover, clasificar o inspeccionar. Suena cercano, casi cotidiano, como cuando alguien te dice “necesitamos más manos”, pero aquí serían manos de metal y cables.

Más de 25.000 millones para cambiar de escala

El cambio no se paga con entusiasmo, se paga con CapEx, que es la forma que tienen las empresas de decir “dinero para fábricas, maquinaria e infraestructura”. Tesla ha elevado su plan de gasto para 2026 y lo sitúa por encima de los 25.000 millones de dólares, según informó Reuters tras la llamada con inversores.

Esto tiene una consecuencia directa. Cuanto más rápido intentas construir varias cosas a la vez, más fácil es que el flujo de caja se vuelva irregular, incluso si el negocio principal sigue vendiendo. Tesla está intentando empujar a la vez el robot, el robotaxi y su infraestructura de inteligencia artificial, y eso suele tensar cualquier calendario y cualquier presupuesto.

Terafab y la pelea por fabricar chips

Para que la robótica y la conducción autónoma funcionen a escala, hacen falta chips, muchos chips. Y no solo para el coche o el robot, también para entrenar los sistemas de inteligencia artificial que “aprenden” con grandes cantidades de datos. Musk ha sido muy directo con ese riesgo de suministro y lo resumió con una frase que no deja margen. “O construimos Terafab o no tendremos chips”, dijo al hablar del proyecto.

Según Reuters, Tesla planea usar el proceso 14A de Intel para fabricar chips en Terafab, y en el corto plazo levantar una “fábrica de investigación” en el campus de Giga Texas. Musk habló de un coste aproximado de 3.000 millones de dólares y de una capacidad “de quizá unos pocos miles de obleas al mes”, subrayando que serviría para probar ideas antes de escalar.

Si todo esto suena abstracto, piensa en una oblea como un disco de silicio del que salen muchos chips. Es como una plancha grande que luego se corta en piezas pequeñas. Controlar esa cadena, desde el diseño hasta la fabricación, es una forma de no depender tanto de terceros cuando el mercado se calienta.

Robotaxi y FSD avanzan con límites claros

El otro gran bloque del plan es la autonomía. En el documento presentado ante la SEC, Tesla afirma que recibió en abril aprobación para desplegar FSD supervisado en los Países Bajos y que lanzó viajes de robotaxi sin supervisión en Dallas y Houston ese mismo mes.

Pero aquí Tesla también pone un aviso que conviene leer despacio. En el propio informe recuerda que el sistema requiere supervisión activa del conductor y que “no hace al vehículo autónomo” cuando se habla del modo supervisado. Esa frase funciona casi como un recordatorio para bajar el volumen al hype y subirlo a lo regulatorio.

Energía y finanzas, el colchón y el riesgo

Mientras Optimus y el robotaxi se llevan los focos, el negocio de energía sigue creciendo como una segunda pata que ya no parece menor. Tesla comunicó que en el primer trimestre desplegó 8,8 gigavatios hora en productos de almacenamiento energético.

En el plano financiero, su informe trimestral ante la SEC muestra que el margen bruto del segmento de generación y almacenamiento de energía subió hasta el 39,5 por ciento en el trimestre, frente al 28,8 por ciento de un año antes. Es una cifra alta para un negocio industrial, aunque la propia compañía explica que influyen cambios de costes y efectos puntuales en el periodo.

El informe oficial se ha publicado en Tesla Investor Relations.

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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