Apagar el router antes de dormir parece un gesto sensato. ¿De verdad descansa el aparato, mejora la seguridad o baja mucho la factura? Al contrastar esas ideas, la respuesta resulta menos tajante.
En la mayoría de los hogares conectados, dejarlo encendido es lo más práctico porque mantiene activas cámaras, alarmas, teléfonos por fibra y actualizaciones. Apagarlo tampoco es un error cuando nada depende de la conexión, pero el ahorro suele ser pequeño y no hay un beneficio general demostrado para la salud o el rendimiento.
Reiniciarlo no lo hace más rápido
El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea parte de que la red doméstica debe estar disponible de forma continua y de que muchos equipos siguen conectados por la noche. Eso convierte el funcionamiento permanente en un uso normal, no en una situación excepcional.
Reiniciar sí puede servir cuando la conexión se queda colgada o pierde Internet. Movistar lo recomienda como paso de diagnóstico después de comprobar el Wi-Fi, pero eso no demuestra que un reinicio diario mejore un router que funciona bien.
Tampoco conviene afirmar que un apagado ocasional vaya a estropearlo. El Código de Conducta europeo contempla que el usuario desconecte estos equipos de vez en cuando, así que encender y apagar no es un peligro por sí mismo. Convertirlo en rutina, sin embargo, no aporta un mantenimiento demostrado.
El ahorro existe
El documento europeo de 2025, con Andre Lejeune y Paolo Bertoldi entre sus autores, ofrece objetivos de consumo para distintas configuraciones. Un router de fibra GPON con Wi-Fi 6 aparece con 6,2 vatios en estado preparado, encendido y listo aunque apenas circule tráfico, mientras que un equipo de cable más complejo llega a 13,6 vatios.
Si permanecieran todo el año en ese estado, consumirían aproximadamente 54 y 119 kilovatios hora. Apagarlos ocho horas cada noche ahorraría, de forma teórica, entre 18 y 40 kilovatios hora al año.
Con un precio ilustrativo de 20 céntimos por kilovatio hora, el ahorro estaría entre cuatro y ocho euros anuales. La factura no se desploma. Por eso, la cifra de seis euros al año que circula por Internet no sirve como consumo universal de cualquier router.
El Wi-Fi y la salud
El Wi-Fi utiliza radiofrecuencias, un tipo de radiación no ionizante. Dicho de forma sencilla, no actúa como los rayos X y su exposición está sometida a límites de seguridad.
El comité científico SCHEER de la Comisión Europea no encontró pruebas moderadas o sólidas de daños por las tecnologías actuales cuando la exposición queda por debajo de esos límites. La Organización Mundial de la Salud también señala que no hay pruebas convincentes de efectos adversos por las señales débiles de las redes inalámbricas, aunque la investigación continúa.
Apagarlo no blinda la red
Un router apagado no puede recibir conexiones en ese momento, pero la protección desaparece al encenderlo si conserva la misma vulnerabilidad. La seguridad doméstica sí depende en buena medida del propio router y de cómo esté configurado.
INCIBE recomienda cambiar las contraseñas predeterminadas, usar WPA3 o WPA2, los sistemas que cifran la conexión, desactivar la administración remota y mantener actualizado el firmware. El firmware es el programa interno que controla el aparato y cuyas nuevas versiones suelen corregir fallos de seguridad.
Si sospechas que hay un intruso, desconectar el equipo puede cortar temporalmente el acceso. Después toca revisar los dispositivos conectados, cambiar las claves, instalar actualizaciones y contactar con la operadora si persisten las señales extrañas. Reiniciar sin hacer nada más no arregla la causa.
Lo que se queda sin conexión
Apagar el router también corta la salida a Internet de muchos dispositivos. Ring, por ejemplo, advierte de que una cámara desconectada no permite ver vídeo en directo, recibir alertas ni grabar eventos, aunque los sistemas con almacenamiento local o respaldo móvil pueden comportarse de otra manera.
Algunos routers instalan actualizaciones durante horas de poco uso. Los sistemas eero permiten programarlas y también aplicarlas automáticamente por la noche, pero necesitan estar encendidos y conectados. Si el equipo está apagado, la instalación se retrasa.
En las líneas de fibra, el router puede gestionar además el teléfono fijo mediante voz IP, es decir, llamadas que viajan por Internet. Movistar confirma que apagar su router integrado corta tanto Internet como la línea fija. En algunos modelos se puede desactivar solo el Wi-Fi y conservar el resto.
Cuándo sí merece la pena
Apagarlo tiene sentido durante una ausencia larga cuando no dependes de cámaras, alarmas, domótica, acceso remoto o teléfono por fibra. Así eliminas su consumo durante esos días, sin atribuirle beneficios que no están demostrados.
También conviene reiniciarlo para resolver un fallo puntual o cuando el fabricante y la operadora lo pidan durante una actualización. Ante una posible intrusión, puede servir como medida inmediata, pero debe ir seguida de cambios de seguridad.
Y si solo quieres que no emita Wi-Fi mientras duermes, comprueba si puedes programar las bandas inalámbricas sin apagar todo el equipo. Al final del día, la regla útil es sencilla. Déjalo encendido si tu casa depende de él y apágalo si no necesitas ningún servicio y prefieres ahorrar ese pequeño consumo.
El documento técnico principal se ha publicado en el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.












