Hablas de unas vacaciones en Lefkada y, diez minutos después, Facebook te enseña vuelos y hoteles. Parece una prueba de que el teléfono tiene las orejas abiertas. ¿Nos está escuchando el móvil?
La explicación más probable es menos cinematográfica, pero no menos inquietante. El rastreo de búsquedas, ubicación, compras, visitas y actividad compartida por otras empresas puede crear perfiles tan precisos que parecen basados en una conversación privada.
No es lo mismo oír que rastrear
Un móvil puede acceder al micrófono cuando el usuario concede permiso o activa una función de voz. Eso no significa que grabe cada conversación, la envíe a un servidor y la convierta en publicidad.
En 2018, Elleen Pan, Jingjing Ren, Martina Lindorfer, Christo Wilson y David Choffnes analizaron 17.260 aplicaciones Android. El equipo de la Universidad Northeastern y la Universidad de California en Santa Bárbara encontró riesgos relacionados con capturas y grabaciones de pantalla.
En esas pruebas no apareció ninguna filtración de audio, aunque el resultado no demuestra que una escucha clandestina sea imposible. Una prueba automatizada puede no activar cada función oculta, y una aplicación maliciosa con permisos sigue siendo un riesgo.
Los datos ya dicen mucho
¿Por qué aparece entonces un anuncio tan oportuno? Una búsqueda, una visita a una web de viajes, la ubicación aproximada o una compra anterior pueden dejar pistas suficientes sin necesidad de grabar.
Meta explica que empresas y organizaciones pueden enviarle información sobre interacciones realizadas fuera de Facebook e Instagram. Esa actividad fuera de Meta puede incluir visitas, compras o acciones en aplicaciones y ayuda a decidir qué anuncios mostrar.
Google también permite personalizar anuncios según la actividad y las preferencias de la cuenta. En la práctica, cada clic deja una miga de pan digital y, al juntar muchas, el perfil puede parecer casi adivinatorio.
El caso que reavivó la sospecha
El 21 de mayo de 2026, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos anunció acuerdos propuestos por 930.000 dólares con Cox Media Group, MindSift y 1010 Digital Works. Habían promocionado “Active Listening”, un servicio que supuestamente dirigía anuncios según conversaciones captadas por dispositivos inteligentes.
La investigación oficial llegó a otra conclusión. Según la FTC, el servicio no usaba voz ni escuchaba conversaciones, sino que revendía listas de correos electrónicos compradas a intermediarios de datos y tampoco ofrecía la precisión geográfica prometida.
Christopher Mufarrige, director de la Oficina de Protección del Consumidor de la FTC, señaló que “el producto no hacía lo que afirmaban”. El caso no prueba que los teléfonos escucharan, sino que las compañías vendieron esa capacidad como real y aseguraron sin base que los consumidores habían consentido.
El micrófono sí merece atención
Que no haya pruebas de una operación publicitaria masiva basada en conversaciones no vuelve inocuo al micrófono. Apple exige que las aplicaciones pidan permiso y muestra un indicador naranja cuando está activo, mientras Android permite consultar qué aplicaciones accedieron a sensores sensibles.
Los asistentes de voz son otro caso. Google señala que procesa audio cuando el usuario habla con sus servicios y que, si se activa la opción correspondiente, algunas grabaciones pueden guardarse en la cuenta, incluso tras una activación errónea parecida a “Hey Google”.
Por eso conviene revisar los permisos. La Agencia Española de Protección de Datos advierte de que una aplicación con permisos excesivos debe despertar sospechas y recomienda revisar los accesos de cada app nueva o actualizada.
Ajustes que reducen el rastreo
En Android, la ruta habitual pasa por Ajustes, Seguridad y privacidad, Privacidad y Panel de privacidad. Allí se puede comprobar qué aplicaciones han usado el micrófono y retirar permisos innecesarios.
En el iPhone, el micrófono se gestiona desde Ajustes, Privacidad y seguridad y Micrófono. En ese mismo apartado, Rastreo permite impedir que las aplicaciones soliciten permiso para seguir la actividad entre servicios de distintas empresas.
También merece la pena desactivar los anuncios personalizados de Google, eliminar el identificador publicitario de Android y revisar en el Centro de cuentas de Meta la actividad fuera de sus tecnologías. No elimina la publicidad, pero reduce algunas señales usadas para personalizarla.
La conclusión más útil
No puede afirmarse que el móvil escuche constantemente las conversaciones para mostrarnos anuncios. Sí puede recopilar tantos datos sobre lo que buscamos, compramos, visitamos y hacemos que el resultado se parezca mucho a una escucha, aunque el camino técnico sea distinto.
Revocar el micrófono ayuda, pero no basta. La ubicación, el historial, la personalización publicitaria y la actividad compartida por otras empresas también forman parte del mapa, así que conviene revisar esos controles de vez en cuando.
La nota oficial principal en la que se basa esta noticia se ha publicado en la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos.













