China estudia una misión de defensa planetaria que enviaría dos naves hacia el asteroide 2015 XF261. Una actuaría como proyectil y chocaría a más de nueve kilómetros por segundo, una velocidad comparable con Mach 26 en la atmósfera terrestre, mientras la otra observaría qué cambia después del impacto.
El objetivo es probar si un golpe calculado puede alterar de forma medible la trayectoria de una roca espacial antes de que llegue a representar un peligro. 2015 XF261 es por ahora un candidato y pasaría a unos siete millones de kilómetros de la Tierra en 2029 o 2030, pero el proyecto sigue en fase de estudio y se plantea como ensayo, no como respuesta a una colisión anunciada.
Un impacto a velocidad extrema
El nuevo análisis está liderado por Li Mingtao, científico jefe de defensa planetaria de la Administración Nacional del Espacio de China. Las simulaciones emplean un impactador de unos 580 kilos que alcanzaría el asteroide a unos 9,3 kilómetros por segundo.
La expresión Mach 26 sirve solo como comparación terrestre, ya que en el vacío no hay aire y el sonido no se propaga. En la práctica, sería una especie de billar cósmico que intenta cambiar un poco la velocidad del asteroide para que esa diferencia crezca con el tiempo. Los responsables resumen la meta con una frase directa, “golpear con precisión, empujar con eficacia, medir con exactitud y explicar con claridad”.
Dos naves para ver el resultado
El diseño científico publicado en 2024 fue firmado, entre otros, por Zou Yongliao, Xue Changbin, Jia Yingzhuo y Li Mingtao. Participaron organismos como el Centro Nacional de Ciencias Espaciales de la Academia China de Ciencias y el Centro de Exploración Lunar e Ingeniería Espacial de la agencia espacial china.
El observador llegaría entre tres y seis meses antes para medir el tamaño, la forma, el giro, la composición y la estructura interna de la roca. Después del choque permanecería allí entre seis y doce meses, atento al cráter, los materiales expulsados y cualquier cambio orbital. Un estudio de trayectorias de 2025 analiza una salida conjunta, mientras otro trabajo explora una asistencia gravitatoria de Venus como posibilidad preliminar.
Una roca pequeña y poco conocida
2015 XF261 fue descubierto el 8 de diciembre de 2015 por el sistema Pan-STARRS y pertenece al grupo de asteroides Atón. Tarda casi 360 días en completar una vuelta alrededor del Sol, muy cerca de la duración del año terrestre.
Su tamaño exacto no está claro porque depende de cuánta luz refleja su superficie. El trabajo de 2024 sitúa el rango posible entre 24 y 84 metros, con una estimación central de unos 35 metros. También se desconocen bien su forma, su rotación y el modo en que está unido por dentro.
Eso importa mucho. Una roca compacta no responde igual que un montón de fragmentos sujetos débilmente por la gravedad, y el golpe podría abrir un cráter, arrancar material o provocar daños mayores. Los restos expulsados también pueden reforzar el empujón, como el aire que escapa de un globo.
Qué cambia frente a DART
La misión DART de la NASA golpeó en septiembre de 2022 a Dimorphos, una luna de unos 160 metros que gira alrededor del asteroide Didymos. La nave pesaba unos 570 kilos, impactó a cerca de 6,3 kilómetros por segundo y acortó su órbita en 32 minutos.
China quiere medir un cambio en el recorrido de un asteroide alrededor del Sol y con respecto a la Tierra, no solo en la órbita de una pequeña luna. Eso no convierte automáticamente el ensayo en “mejor” que DART. Sería una prueba complementaria, con un blanco más pequeño y una nave dedicada a observar el proceso de cerca.
Acertar sin órdenes inmediatas
Golpear una roca de unas decenas de metros a siete millones de kilómetros no permite corregir cada movimiento desde una sala de control. A esa distancia, una señal tarda más de 20 segundos en viajar en un solo sentido, así que el impactador tendría que reconocer el objetivo y ajustar su rumbo por sí mismo durante la fase final.
Las cámaras y otros sensores deberán separar el asteroide del fondo de estrellas, calcular su movimiento y elegir un punto de impacto útil. China también puso en marcha en junio de 2026 un consorcio para coordinar la vigilancia de asteroides desde tierra y desde el espacio. Esa red podría mejorar la detección y el seguimiento, aunque no sustituiría la navegación autónoma de la nave.
El blanco aún puede cambiar
Hay un matiz decisivo. El estudio de 2024 presenta 2015 XF261 como objetivo preliminar y señala que la elección deberá ajustarse a la ventana de lanzamiento. La propuesta más reciente continúa en simulación y estudio de viabilidad, además de estar pendiente de revisión científica.
Tampoco basta con acertar. Los investigadores deben demostrar que el golpe produce un cambio medible sin acercar la roca a la Tierra, y el marco oficial chino plantea comprobar que la nueva trayectoria siga siendo segura durante al menos un siglo. Parece sencillo al leerlo, pero en el espacio no lo es.
El diseño científico de referencia se publicó en Journal of Deep Space Exploration.












