EEUU presenta el SM-39 Razor, un caza de sexta generación de titanio que roza Mach 4 con peso reducido y tecnología que desafía lo establecido

Publicado el: 23 de julio de 2026 a las 12:36
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Recreación oficial del SM-39 Razor, el concepto de caza de sexta generación de Stavatti Aerospace diseñado para superar Mach 4.

Parece salido de una película de ciencia ficción. El SM-39 Razor combina una silueta de tres cuerpos, una estructura propuesta con espuma de titanio y una velocidad anunciada superior a Mach 4, pero por ahora sigue siendo un concepto privado sin un prototipo presentado públicamente.

La diferencia importa. Estados Unidos sí desarrolla el F/A-XX para reemplazar al F/A-18 Super Hornet y al EA-18G Growler, pero la información pública no identifica al SM-39 como finalista. A 19 de julio de 2026, Boeing y Northrop Grumman eran los dos nombres asociados a la fase final y la selección seguía anunciada para agosto.

Un concepto privado

El Razor es obra de Stavatti Aerospace y de su fundador y diseñador principal, Christopher R. Beskar. La empresa lo presenta como un caza capaz de operar desde tierra o portaaviones, con versiones pilotadas, de dos plazas y autónomas.

Su diseño reúne un fuselaje central y dos cuerpos laterales integrados con el ala. Esa forma permitiría repartir la cabina, el radar, las armas, los motores y el combustible. Pero Stavatti reconoce que el avión no está en producción y que las imágenes publicadas son recreaciones hipotéticas que podrían no representar un futuro prototipo.

Qué propone el Razor

Stavatti atribuye al SM-39 misiones aire-aire, ataques terrestres y guerra electrónica. También plantea una variante sin piloto que podría actuar como acompañante autónomo de otras aeronaves, aunque la ficha pública no aporta pruebas de un sistema operativo para dirigir enjambres de drones.

La compañía calcula una velocidad máxima superior a cuatro veces la del sonido y la posibilidad de volar muy rápido sin utilizar continuamente la poscombustión. Esa función, conocida como supercrucero, reduce el consumo respecto al uso constante de ese impulso adicional, pero exige una aerodinámica y unos motores muy avanzados.

El avión necesitaría dos motores capaces de adaptar su funcionamiento a distintas velocidades. Uno de ellos, el E1400, es descrito por la propia empresa como hipotético y todavía tendría que desarrollarse, fabricarse y superar pruebas reales.

La espuma de titanio

La idea más llamativa está bajo la piel. La espuma metálica contiene numerosos huecos pequeños, como una esponja rígida, y puede colocarse entre láminas resistentes para formar un panel relativamente ligero.

Stavatti propone una estructura tipo sándwich con espuma de titanio y un compuesto cerámico de titanio en las zonas sometidas a mayor calor. Sobre el papel, esta combinación ayudaría a soportar impactos, corrosión y temperaturas elevadas, pero no hay ensayos independientes publicados sobre una estructura completa del Razor.

Un estudio de 2025 dirigido por Hao Zhang mostró que la espuma de titanio puede absorber bien la energía de un impacto, aunque existe una contrapartida. Cuando aumenta la cantidad de huecos, suele reducirse la resistencia frente a una presión lenta y continua. No es magia, cada pieza debe ajustarse con cuidado.

Mach 4 es el gran reto

Mach 4 significa desplazarse a unas cuatro veces la velocidad del sonido. A ese ritmo, el aire se comprime, forma ondas de choque y calienta con fuerza la superficie del avión.

La NASA explica que entre Mach 3 y Mach 5 el calentamiento aerodinámico ya es un factor central para el diseño. Afecta a la estructura, las juntas, los sensores, el combustible y la huella de calor que pueden detectar otros sistemas.

Cada entrada de aire, revestimiento y componente interno tendría que funcionar de manera fiable bajo esas condiciones. Conseguirlo desde un portaaviones, con alas plegables, despegues asistidos y aterrizajes frenados en una cubierta corta, complica aún más el puzle.

Qué busca la Armada

La sexta generación no depende de una sola cifra de velocidad. La Armada estadounidense habla de mayor alcance, sensores avanzados, capacidad ofensiva y conexión entre aviones tripulados y sistemas autónomos.

«Esperamos que esta plataforma de sexta generación tenga sensores avanzados, mayor capacidad ofensiva, más alcance e integración de medios tripulados y no tripulados», explicó en octubre de 2024 la entonces jefa de Operaciones Navales, la almirante Lisa Franchetti. Ese conjunto pesa más que una silueta futurista.

En abril de 2026, su sucesor, el almirante Daryl Caudle, afirmó que «la necesidad del F/A-XX es incuestionable» y situó la selección del contratista en agosto. Los nombres vinculados públicamente con la fase final son Boeing y Northrop Grumman, no Stavatti.

Lo que falta demostrar

Para pasar de una recreación a un avión militar, Stavatti tendría que fabricar prototipos, validar los materiales, integrar un motor real y completar numerosas pruebas en tierra y en vuelo. Después llegarían los ensayos de radar, armamento, refrigeración, baja detectabilidad y operaciones navales.

La compañía también tendría que respaldar su precio estimado de 85 millones de dólares por unidad. Sin una cadena de producción, contratos públicos y un diseño cerrado, esa cantidad sigue siendo una proyección comercial, no el coste comprobado de un caza terminado.

¿Puede alguna de sus ideas llegar a un avión futuro? Es posible, porque las espumas metálicas y los motores adaptativos son líneas reales de investigación. Al final del día, un caza no se mide por su aspecto, sino por lo que demuestra en tierra y en vuelo.

La ficha oficial del proyecto SM-39 Razor se ha publicado en Stavatti Aerospace.


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