En Brookhaven acaba de empezar una mudanza científica enorme. El viejo RHIC, el colisionador que durante 25 años ayudó a estudiar una materia parecida a la del universo recién nacido, empieza a dejar sitio al nuevo Colisionador Electrón Ion, conocido como EIC.
No es solo cambiar piezas. La nueva máquina nace pensada para usar inteligencia artificial desde el diseño, desde el control de los haces hasta el análisis de datos, con un reto muy concreto sobre la mesa. Procesar información procedente de unas 500.000 colisiones por segundo sin perder lo importante.
De RHIC a EIC
El Laboratorio Nacional Brookhaven, gestionado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, ha empezado a retirar equipos del Colisionador Relativista de Iones Pesados. El RHIC terminó su última campaña en febrero de 2026, después de una carrera científica larga y bastante intensa.
Durante años, el RHIC permitió chocar núcleos atómicos a velocidades cercanas a la luz. Con esos choques, los físicos estudiaron el plasma de quarks y gluones, una forma extrema de materia que se cree que existió instantes después del Big Bang.
Ahora el relevo será distinto. El EIC no chocará solo iones entre sí, sino electrones contra protones y núcleos atómicos, una combinación pensada para mirar dentro de la materia con más detalle.
Un TAC para átomos
Brookhaven describe el EIC como una especie de escáner para átomos. La idea es usar electrones como si fueran una linterna finísima para revelar cómo se organizan los quarks y los gluones dentro de protones y neutrones.
Los quarks son piezas básicas de la materia visible. Los gluones, por decirlo de forma sencilla, son el «pegamento» que ayuda a mantenerlos unidos. Esa unión depende de la fuerza nuclear fuerte, la interacción más potente de la naturaleza a escalas muy pequeñas.
¿Por qué importa algo que ocurre dentro de partículas diminutas? Porque casi todo lo que vemos, desde una roca hasta nuestro propio cuerpo, depende de esa estructura interna. Al final del día, entender ese mundo pequeño ayuda a explicar por qué la materia tiene masa, forma y estabilidad.
IA desde el arranque
La parte nueva no está solo en los choques. Según Abhay Deshpande, director científico del EIC en Brookhaven, la inteligencia artificial estará integrada en el acelerador, el detector y los sistemas que registran, comparten y analizan los datos.
Esto marca una diferencia importante frente a instalaciones anteriores. En máquinas como RHIC o el Gran Colisionador de Hadrones del CERN ya se han usado herramientas de IA, pero muchas llegaron después. En el EIC, la intención es incorporarlas desde el principio.
Kevin Brown, físico de Brookhaven, lo resumió con una frase bastante clara. «No solo estamos ajustando máquinas, les estamos enseñando a ajustarse solas». En la práctica, eso significa que los algoritmos podrían vigilar miles de parámetros para mantener estables los haces de partículas.
Medio millón de choques
Cuando el detector esté funcionando, el problema será separar la señal del ruido. Tanja Horn, profesora de física en la Universidad Católica de América y copresidenta de AI4EIC, explicó que el equipo desarrolla algoritmos capaces de manejar datos que llegan a un ritmo de 500.000 colisiones por segundo.
No todo lo que ocurre en una colisión sirve. Algunas señales son valiosas y otras son ruido de fondo, como cuando intentas escuchar una conversación en una estación llena. La IA ayudará a filtrar, priorizar y reconstruir eventos casi en tiempo real.
El detector principal se llama ePIC y reunirá a cientos de científicos e ingenieros. Su trabajo será analizar choques entre electrones, protones y otros núcleos para obtener imágenes mucho más precisas de la estructura de la materia.
Seis años de desmontaje
La transformación no será rápida. Brookhaven calcula que retirar, reutilizar o recolocar unas 6.500 piezas principales del RHIC llevará unos seis años, con trabajos pensados para avanzar al mismo tiempo que se instala parte del nuevo EIC.
El plan reutiliza piezas caras y complejas. Entre ellas están el túnel de unos 3,8 kilómetros, uno de los anillos de imanes superconductores, la cadena de preaceleradores y otros sistemas clave. No es poca cosa. Construir desde cero sería mucho más caro.
David Chan, responsable de infraestructura y soporte técnico en el departamento de aceleradores de Brookhaven, señaló que la coordinación será clave. Los equipos tendrán que compartir espacio, recursos y controles de seguridad mientras desmontan una máquina y levantan otra.
Lo que viene ahora
El EIC se construirá en Brookhaven junto con el Centro Nacional de Aceleradores Thomas Jefferson, también del Departamento de Energía de Estados Unidos. Jefferson Lab destaca que el proyecto reutilizará componentes del RHIC y de otras instalaciones, una estrategia pensada para reducir riesgos, costes y retrasos.
El coste esperado ronda los 2.800 millones de dólares, según una actualización oficial de Brookhaven de abril de 2026. Ese mismo calendario sitúa las primeras colisiones electrón hadrón en 2035, aunque en proyectos de esta escala las fechas pueden moverse.
El resultado, si todo sale según lo previsto, será una máquina científica única en Estados Unidos y una de las más avanzadas del mundo. No buscará respuestas rápidas, sino mapas internos de la materia que hoy todavía se nos escapan.
La nota de prensa oficial se ha publicado en el Laboratorio Nacional Brookhaven.












