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Obituario

Antonio Mendoza, un señor, un ingeniero

Antonio Mendoza nos dejó el pasado 30 de septiembre. Con él desaparece uno de los ingenieros que contribuyó de forma decisiva a la modernización de la construcción en España durante la segunda mitad del siglo XX. Su trayectoria, que le llevó a dirigir algunas de las principales empresas del sector, estuvo marcada por la inteligencia, la cortesía y una integridad que reconocían cuantos trabajaron con él.

Antonio Mendoza Sanz, doctor ingeniero de Caminos, nació en Madrid el 17 de enero de 1935 y falleció el 30 de septiembre de 2026. Nieto de Carlos Mendoza, ilustre ingeniero de Caminos y uno de los fundadores del Metro de Madrid, Antonio honró muy pronto esa herencia. Ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en un tiempo récord, una hazaña que, en una época en la que el examen era célebre por su extraordinaria dureza, valió a su padre, José Luis, y a su abuelo la felicitación de muchos ilustres compañeros. En las aulas de la Escuela forjó amistades que le acompañarían toda la vida, como las de José Luis San Martín, Carlos Beamonte, Federico Moreno y muchos otros.

Su primer destino profesional fue Vic, donde la empresa Helma estaba construyendo una presa. Allí conoció a Marieli Zabala, con quien se casaría poco después y a quien adoraría hasta el último día.

Su valía no pasó inadvertida. La constructora británica Laing le confió la dirección de sus primeros pasos en España. Bajo su dirección, la filial española se convirtió en una de las principales constructoras del país, que Antonio Mendoza acabaría presidiendo.

De esa etapa nació su relación con Rafael del Pino, fundador de Ferrovial. La colaboración entre ambas compañías culminó con la adjudicación de la autopista Bilbao-Behobia. Del Pino supo apreciar su capacidad, su criterio y su talante, y acabó nombrándole consejero delegado de Ferrovial, cargo que ocupó durante más de una década y desde el que contribuyó de forma relevante al desarrollo de la compañía.

Cerró su etapa como directivo en la presidencia de Astilleros Españoles. Después siguió poniendo su experiencia al servicio de la actividad empresarial privada durante muchos años.

A lo largo de su carrera, recibió ofertas para ocupar cargos políticos de máximo nivel, que siempre declinó con elegancia: nunca sintió esa vocación, y su señorío difícilmente habría encontrado acomodo en ella. La profesión le reconoció con numerosos galardones, entre ellos la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, una distinción que muy pocos compañeros alcanzan.

Quien firma estas líneas tuvo el privilegio de compartir con él una sociedad durante muchos años: él la presidía con su experiencia y su bagaje profesional, y yo la dirigía con la energía de la juventud. En los cientos de horas que pasamos en despachos contiguos, hablando de lo divino y de lo humano, pude comprobar de cerca la comprensión, la bondad y la discreción con que se conducía en todo.

Detrás del directivo hubo, sobre todo, un hombre de profunda vocación familiar, siempre pendiente de sus siete hijos, de sus veinte nietos y de una larga lista de sobrinos. Deja el recuerdo de un caballero de la cabeza a los pies, un gran hombre bueno que vivió con ejemplaridad y dignidad, y que siempre aportó belleza en su trato con los demás.

Fernando Moreno Mendoza es ingeniero de Caminos y sobrino de Antonio Mendoza.