Animales Ratas de laboratorio

¿Cuánto sufren las ratas de laboratorio? El bienestar animal se abre paso en la industria farmacéutica

Las ratas procesan el dolor de forma similar a los seres humanos

La preocupación por el bienestar animal está provocando cambios en la investigación científica

Además de sentir dolor, los roedores también son capaces de percibirlo en sus semejantes

La preocupación por el bienestar animal está impulsando cambios en multitud de pruebas de laboratorio. Generado por IA.
La preocupación por el bienestar animal está impulsando cambios en multitud de pruebas de laboratorio. Generado por IA.

Las ratas procesan el dolor de forma muy similar a otros mamíferos, incluidos los seres humanos: no sólo sufren físicamente, sino que también desarrollan miedo, estrés prolongado y cambios de conducta. Esta evidencia científica lleva décadas alimentando las protestas de colectivos sociales que reclaman una investigación más respetuosa con el bienestar animal.

En reconocimiento a esta creciente sensibilidad animalista, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) acaba de iniciar un proceso de consulta pública para una nueva metodología en investigación preclínica que propone reducir el uso de ratas en estudios de rangos de dosis sustituyendo los animales de los grupos de control por modelos virtuales.

Dichos estudios de rango de dosis constituyen una fase clave de la investigación preclínica: en ellos se administra el fármaco en distintas cantidades para identificar qué niveles son seguros y cuáles provocan efectos adversos antes de avanzar en su desarrollo, por lo que reducir el empleo de animales en esta etapa supone un cambio especialmente relevante desde el punto de vista del bienestar animal.

Científicamente válida

Si la metodología se aprueba, el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP, por sus siglas en inglés) de la EMA podrá aceptar como científicamente válida la evidencia generada mediante grupos de control virtuales en futuras solicitudes de medicamentos.

Aunque la reducción de las pruebas con animales será gradual, se trata de un primer paso que sienta las bases para futuras aplicaciones respetuosas con el bienestar animal. Esta metodología podría usarse, por ejemplo, en estudios toxicológicos donde se requieren grupos de control de forma rutinaria, lo que tendría un impacto significativo en la reducción del número total de animales utilizados.

Los grupos de control virtuales se establecen caracterizando los datos de control e identificando los animales virtuales más adecuados. Para ello, se sigue un procedimiento operativo estándar, utilizando un enfoque estadístico complementado con el criterio de expertos.

Las 3R

El uso de los grupos de control virtuales en el desarrollo de medicamentos respalda el compromiso de la EMA con los principios de las 3R: sustituir, reducir y perfeccionar la utilización de animales (Replace, Reduce y Refine en inglés).

También se alinea con la labor de la Coalición Internacional de Autoridades Reguladoras de Medicamentos para fomentar el desarrollo, la validación y la adopción de métodos y estrategias de ensayo que reduzcan y sustituyan, en la medida de lo posible, el empleo de animales.

Mediante la integración de grupos de control virtuales, la EMA también busca mejorar la relevancia y la previsibilidad de las pruebas no clínicas, lo que contribuye a un desarrollo de medicamentos más eficiente y éticamente responsable.

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Resultado del estudio

Un requisito fundamental para la implementación de grupos de control virtuales es garantizar que su uso no comprometa los resultados del estudio ni suponga una amenaza para la seguridad humana en ensayos clínicos posteriores.

La consulta pública sobre el borrador del dictamen de calificación para esta nueva metodología está abierta hasta el próximo martes 12 de mayo. Aquellos miembros de la comunidad científica y partes interesadas que deseen participar pueden enviar sus comentarios a [email protected]

Contagio del dolor

Los roedores no sólo sufren, sino que además son capaces de contagiar emocionalmente el dolor y el miedo a sus congéneres. Así lo indica uno de los estudios científicos más relevantes de los últimos años. El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, da argumentos de peso a los defensores del bienestar animal y la investigación bioética.

«El contagio del miedo conduce principalmente a la evitación social (…) mientras que el contagio del dolor promueve el acercamiento social y las conductas de ayuda», detallan los autores de este trabajo, que explican que esta información emocional se transmite a través de expresiones faciales, vocalizaciones y olores.

Es decir, las ratas y los ratones son capaces de comunicar a sus semejantes que acaban de experimentar un gran sufrimiento, lo cual genera sentimientos de miedo y de empatía en el resto de individuos. «Los roedores muestran sensibilidad emocional ante la angustia de sus congéneres y aprenden a temer al observar el sufrimiento ajeno», recalca el paper.

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Peligro potencial

«Presenciar señales de miedo de congéneres sugiere un peligro potencial, lo que desencadena conductas de evitación para mitigar el riesgo», insisten los científicos. Es decir, el sufrimiento de un individuo pone en alerta al resto de sus compañeros.

Como señala el estudio: «Las interacciones sociales breves con congéneres condicionados al miedo pueden mejorar la respuesta de escape del observador y optimizar el aprendizaje y la memoria de las conductas defensivas. Esto indica que el miedo se transmite entre congéneres a través de interacciones sociales, lo que mejora los comportamientos defensivos en situaciones potencialmente peligrosas».

Acercamiento social

Mientras que el miedo causa conductas de evitación social, la expresión del dolor favorece el acercamiento social y los comportamientos de ayuda, reflejando acciones impulsadas por la empatía para aliviar la angustia de los congéneres.

«Observar el dolor de congéneres activa circuitos neuronales relacionados con experiencias personales de dolor, promoviendo comportamientos prosociales, lo que indica que el contagio del dolor no sólo provoca simpatía sino que también motiva el consuelo y la ayuda», remarcan los investigadores.

Todos estos hallazgos refuerzan la evidencia científica de que las ratas no sólo sienten dolor, sino que también lo comparten y lo aprenden socialmente, lo cual da razones de peso para impulsar una transición hacia métodos de investigación que reduzcan su uso y sitúen el bienestar animal en el centro de la innovación biomédica.