Centros de datos flotantes: energía de las olas del mar para alimentar a la inteligencia artificial
El proyecto acaba de conseguir 140 millones de dólares para financiar el desarrollo de su tecnología
La energía de las olas también podría emplearse para fabricar combustibles libres de carbono
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Los centros de datos que sostienen el funcionamiento de la inteligencia artificial consumen grandes cantidades de energía y agua, causando un inevitable impacto ambiental, así como un creciente rechazo vecinal en las localidades en las que se están construyendo estas gigantescas infraestructuras.
¿Y si la solución fuera tan fácil como no ubicarlos en tierra firme? Esto es lo que plantea Panthalassa, una startup estadounidense que sostiene que la energía undimotriz que generan las olas del mar puede resolver muchos de los retos a los que nos enfrentamos actualmente en materia energética.
La compañía quiere aprovechar las posibilidades de su tecnología para construir centros de datos flotantes mar adentro, capaces de obtener electricidad renovable del movimiento de las olas y utilizar el agua para refrigerar los equipos.
Energía solar concentrada
Como explican desde la startup, las olas no dejan de ser «luz solar concentrada». Dicha afirmación tiene una base física: la energía del oleaje procede, en última instancia, del Sol.
Esto sucede porque la radiación solar calienta de forma desigual la superficie terrestre, provocando diferencias de temperatura y presión en la atmósfera que ponen en movimiento el aire y dan lugar al viento que, al soplar sobre la superficie del océano, transfiere parte de su energía al agua y acaba formando las olas.
«Cuando esa energía llega a las olas, se ha convertido en un recurso con una densidad energética enorme», remarcan desde la empresa. Por eso el oleaje puede mover enormes masas de agua en alta mar.
Chupete gigante
Para poner a prueba su idea, Panthalassa construyó el Ocean-2, una enorme estructura flotante de unos 65 metros de longitud y 20 metros de diámetro, cuya peculiar silueta recuerda a la de un chupete gigante.
Cuando este prototipo se enfrenta a las olas del mar, la enorme estructura sube y baja. Ese movimiento hace que el agua que hay en su interior se desplace también hacia arriba y hacia abajo.
Una manguera
El agua circula por un tubo abierto por la parte inferior. Cada movimiento de la estructura empuja el agua y, al llegar a una zona más estrecha del conducto, aumenta su presión y forma un potente chorro. Es algo parecido a apretar una manguera: al reducir el espacio por el que sale el agua, esta lo hace con mayor presión.
Ese chorro entra en un depósito que mantiene el agua a presión. Desde allí, el agua se libera de forma controlada a través de una turbina. Al pasar por ella, pone en movimiento un generador, que transforma finalmente esa energía mecánica en electricidad.
Océano Pacífico
Este nuevo desarrollo tecnológico fue probado con éxito en el océano Pacífico, donde permaneció durante tres semanas sometido a diferentes estados del oleaje.
La estructura logró mantenerse operativa y alcanzar picos de hasta 50 kilovatios de potencia eléctrica a partir del movimiento de las olas. Estos 50 kW, mantenidos de forma continua durante un año, equivaldrían al consumo eléctrico anual de más de un centenar de hogares españoles.

Aplicaciones
Si todo va según las previsiones de la compañía, en 2027 se pondrían en funcionamiento los primeros centros de datos flotantes. Panthalassa proyecta que, a escala comercial, estas instalaciones podrían ofrecer costes entre un 40% y un 60% menores que las alternativas terrestres.
El planteamiento de la compañía pasa por llevar los centros de datos mar adentro y aprovechar allí mismo la electricidad obtenida mediante sus sistemas de energía undimotriz, sin necesidad de llevarla hasta tierra mediante cables. El océano proporcionaría además el agua necesaria para refrigerar los equipos informáticos.
Pero el proyecto no se limita a la inteligencia artificial. También se pretende utilizar estos nodos eléctricos flotantes para producir combustibles libres de carbono, como hidrógeno verde o amoníaco, a partir de agua de mar desalinizada y mediante electrolizadores para separar el hidrógeno del oxígeno.
Incógnitas
Todas estas posibilidades han despertado el interés de importantes inversores y empresas del sector tecnológico. La compañía cerró recientemente una ronda de financiación de 140 millones de dólares para avanzar en el desarrollo de su tecnología.
Sin embargo, el respaldo financiero no significa que se hayan despejado todas las incógnitas alrededor del proyecto. No en vano, la compañía no ha hecho público cuánto ha costado construir el Ocean-2 ni tampoco sabemos el coste del Ocean-3, el próximo prototipo, que ya será capaz de realizar operaciones de inteligencia artificial.
Tampoco está claro hasta qué punto una tecnología diseñada para funcionar en un entorno tan exigente como el océano puede escalarse hasta cientos o incluso miles de unidades.
La energía más barata
Según Brian Moffat, cofundador de la compañía, «no sólo podemos escalarlo casi instantáneamente, sino que el coste será muchísimo menor. Tendremos la energía eléctrica más barata de la tierra».
El otro cofundador, Garth Sheldon-Coulson, asegura que el objetivo es «alcanzar los teravatios. En este momento, el suministro mundial de electricidad ronda los 3,5 teravatios. Creemos que podemos alcanzar una parte significativa de esa cantidad».
Si son capaces de cumplir con estas promesas, estaríamos sin duda ante uno de los más importantes avances en materia energética de los últimos años.