Los mecánicos expertos avisan: a partir de los 10.000 km «hay que hacer el mantenimiento; ahí se taponan de residuos todos los engrases»
El mantenimiento del coche es uno de esos aspectos que muchos conductores tienden a dejar en un segundo plano hasta que aparece una avería. Sin embargo, esperar a que surja un problema para acudir al taller puede acabar saliendo mucho más caro. Por este motivo, los mecánicos insisten en la importancia del mantenimiento preventivo para evitar averías prematuras y alargar la vida útil del vehículo. Uno de los elementos que más atención requiere es el motor, especialmente en los vehículos equipados con turbocompresor. Esta pieza trabaja a temperaturas y velocidades de giro muy elevadas, por lo que necesita una lubricación adecuada para funcionar correctamente.
En este sentido, Miquel Turbo, mecánico, ha compartido varias recomendaciones para conservar el turbocompresor en buenas condiciones durante el mayor tiempo posible. Entre sus consejos, destaca la importancia de no esperar necesariamente a los 30.000 kilómetros para realizar el mantenimiento. «Lo que alarga muchísimo su vida es hacer los mantenimientos no a los 30.000 kilómetros, sino a los 10.000 kilómetros o a los 15.000 kilómetros, porque allí se taponan de residuos todos los engrases y se queda sin engrase el turbo, asegura.
Cómo cuidar el turbocompresor, según un mecánico
El turbocompresor es un componente presente en la gran mayoría de los vehículos y cuya reparación puede suponer un desembolso de hasta 3.500 €. Por este motivo, Miquel Turbo, mecánico experto, ha compartido una serie de recomendaciones para evitar averías y conseguir que esta pieza dure el máximo tiempo posible.
El experto explica que alrededor del 98% de los coches modernos incorporan un turbo, un sistema que introduce aire a presión en el motor para aumentar su potencia, mejorar la aceleración y favorecer una combustión más eficiente. Además, contribuye a reducir el consumo de combustible. Sin embargo, como sucede con cualquier otro elemento mecánico, está expuesto al desgaste y puede acabar fallando.
En primer lugar, recomienda no exigirle demasiado al motor nada más arrancar y dar tiempo a que el aceite alcance la temperatura adecuada. Al arrancar el coche, sobre todo si ha estado varias horas parado, el lubricante todavía está frío y necesita un tiempo para alcanzar la temperatura óptima. Por ello, Miquel aconseja conducir con suavidad durante los primeros minutos y evitar las aceleraciones bruscas hasta que el motor haya cogido temperatura. Este sencillo hábito ayuda a proteger el turbo y a reducir el desgaste de las piezas internas.
Por otro lado, conviene dejar el vehículo unos minutos al ralentí antes de apagarlo para que el turbocompresor pueda reducir progresivamente su temperatura. Es la mejor forma de evitar que la pieza se detenga de golpe después de haber soportado temperaturas elevadas, algo fundamental después de un viaje largo.
Asimismo, la mejor forma de prevenir una avería prematura pasa por realizar un mantenimiento: «lo que alarga muchísimo su vida es hacer los mantenimientos no a los 30.000 kilómetros, sino a los 10.000 kilómetros o a los 15.000 kilómetros, porque allí se taponan de residuos todos los engrases y se queda sin engrase el turbo», advierte.
El mantenimiento es clave
El mantenimiento preventivo desempeña un papel fundamental en el cuidado y la conservación de cualquier vehículo. Realizar revisiones periódicas permite detectar posibles problemas antes de que se conviertan en averías importantes y contribuye a prolongar la vida útil del automóvil. Además, mantener en buen estado elementos esenciales como los frenos, la suspensión y los neumáticos mejora la seguridad durante la conducción.
Consejos de la DGT
Los neumáticos son el único punto de contacto del vehículo con la carretera y desempeñan un papel fundamental en la seguridad durante la conducción. De ellos dependen aspectos tan importantes como la adherencia al acelerar, la eficacia de la frenada, la estabilidad en las curvas y la capacidad de mantener la trayectoria deseada. Por este motivo, se recomienda que la profundidad de las ranuras del dibujo sea de al menos tres milímetros, aunque el límite mínimo legal se sitúa en 1,6 milímetros.
En segundo lugar, las luces del vehículo tienen una doble función: permitir que el conductor vea correctamente la carretera y facilitar que el resto de usuarios pueda detectar su presencia. Por tanto, su buen estado resulta imprescindible para circular con seguridad, especialmente durante la noche o cuando las condiciones meteorológicas reducen la visibilidad. Es importante revisar periódicamente tanto el funcionamiento como la regulación y la limpieza de los faros. De esta manera, se garantiza una iluminación adecuada sin provocar deslumbramientos a otros conductores.
Más allá de los neumáticos y el alumbrado, existen otros componentes del vehículo a los que conviene prestar atención. Uno de ellos es la matrícula, que debe permanecer en buen estado, correctamente colocada y sin ningún obstáculo que dificulte su lectura o identificación. Circular con una placa ilegible constituye una infracción grave sancionada con 200 euros y sin pérdida de puntos. Sin embargo, manipularla deliberadamente para eludir la normativa puede acarrear una multa de hasta 6.000 euros y la retirada de seis puntos del carné.
