Lo estás haciendo mal: por qué no debes echar agua al limpiaparabrisas del coche según un mecánico
Los limpiaparabrisas son un elemento fundamental para la seguridad al volante, ya que permiten mantener una visión óptima de la carretera. Sin embargo, muchos conductores cometen un error muy común sin darse cuenta: llenar el depósito del limpiaparabrisas sólo con agua. Según los mecánicos, el agua corriente puede contener minerales e impurezas que, con el tiempo, pueden obstruir los pequeños orificios por donde sale el líquido. Asimismo, en invierno, el agua se puede congelar en el interior del depósito o en las tuberías del sistema, provocando grietas o daños internos.
En cuanto a las escobillas, es recomendable con un paño con agua, sin utilizar productos químicos para no dañar las láminas de goma. Además, cada cierto tiempo hay que comprobar que las escobillas no están torcidas y que se adaptan correctamente al parabrisas del vehículo. Otro aspecto importante a revisar son los agujeros por los que sale el líquido hacia el parabrisas, que deben estar limpios y bien orientados. Al salir, el líquido debe cubrir la mayor cantidad posible de superficie y hacerlo de manera uniforme. Con un alfiler, es posible orientarlas bien, pero, si no es así, conviene acudir a un taller.
La razón por la que no debes echar agua al limpiaparabrisas
El líquido limpiaparabrisas ha sido diseñado específicamente para eliminar restos de grasa, insectos adheridos, polvo acumulado del asfalto y otras partículas difíciles de quitar del cristal. A diferencia del agua corriente, este producto contiene agentes limpiadores y desengrasantes que permiten mantener el parabrisas realmente limpio y mejorar la visibilidad durante la conducción.
Una de las funciones más importantes de este producto es su capacidad para soportar temperaturas bajas sin congelarse. La mayoría de estos productos incluyen componentes anticongelantes especialmente formulados para proteger el sistema de limpieza del vehículo durante el invierno. Gracias a ello, el líquido puede circular correctamente por los conductos y mantener el parabrisas limpio incluso en condiciones climáticas adversas.
El uso de agua en el depósito del limpiaparabrisas también puede provocar otro problema que muchos conductores desconocen: la aparición de bacterias, moho y malos olores. Cuando el agua permanece estancada durante semanas o incluso meses dentro del sistema, especialmente en épocas de calor, se crea un ambiente húmedo ideal para la proliferación de microorganismos.
Finalmente, el agua corriente contiene cal y diversos minerales que, con el paso del tiempo, pueden acumularse dentro del sistema: conductos, boquillas y bomba. Además, estos residuos pueden dejar marcas en el parabrisas, afectar el deslizamiento de las escobillas y disminuir la eficacia de limpieza. A largo plazo, la acumulación de cal también puede acelerar el desgaste de las escobilla.
Los productos diseñados específicamente para este uso no sólo ofrecen una limpieza más eficaz, sino que también ayudan a lubricar las escobillas, reduciendo así los ruidos y el desgaste prematuro. Además, contribuyen a mantener limpios los conductos del sistema y protegen el parabrisas frente a los depósitos minerales presentes en el agua.
Consejos de la DGT
«El limpiaparabrisas va más allá de las escobillas, por lo que es importante comprobar que el depósito tiene líquido, sobre todo cuando llegan las primeras lluvias. Si no es así, debemos rellenarlo con un líquido limpiaparabrisas adecuado que incorpore anticongelante para evitar que se congele en caso de que bajen mucho las temperaturas. Además, si vemos que el depósito se descarga con frecuencia, tenemos que revisarlo bien porque quizá tiene una fuga, por lo que habría que cambiarlo o repararlo», detalla la DGT.
Los cristales de un vehículo, especialmente el parabrisas, son un elemento clave para la seguridad, ya que los conductores reciben el 90% de la información a través de la vista. Además, en el parabrisas se alojan los principales sensores de los sistemas ADAS, los asistentes de seguridad que alertan de una salida del carril o de la frenada de emergencia. Por todo ello, es muy importante no sólo llevar los cristales limpios, sino realizar un correcto mantenimiento.
- Es necesario comprobar el nivel del líquido del limpiaparabrisas porque en verano se suele utilizar mucho y es probable que no tenga agua cuando más se necesita.
- Hay que tener especial cuidado con los insectos, ya que sus restos son difíciles de limpiar.
- El polvo en suspensión y la arena se pegan a los cristales y dificultan la visión de la vía. Como medida de urgencia, es aconsejable llevar una garrafa de agua en el coche para poder limpiar los cristales sin dañarlos.
- No es buena idea pulverizar el limpiaparabrisas con el sol de cara, ya que nos deja sin visión durante unos segundos, lo que puede ser muy peligroso. Este efecto se acentúa con unas escobillas desgastadas.
- Las temperaturas extremas, tanto en invierno como en verano, pueden convertir un pequeño impacto en el parabrisas en una rotura irreparable. En este caso, lo mejor es acudir al taller lo antes posible.
