Francisco Javier Suárez, mecánico experto: «Después del verano, cuando el coche recupera la rutina, hay señales de que conviene no dejar para más adelante»
La edad media de los turismos en España continúa aumentando y ya alcanza los 14,6 años de antigüedad. Además, cerca del 30 % de los vehículos que circulan por las carreteras españolas supera ya las dos décadas. En concreto, los vehículos con más de 20 años han crecido un 7,2 % y alcanzan los 9,28 millones de unidades en circulación, según un informe elaborado por Anfac e Ideauto.
Las incidencias relacionadas con el motor, los neumáticos y la batería representaron el 77 % de las asistencias realizadas por el RACE (Real Automóvil Club de España) durante julio y agosto, en las carreteras españolas.Estos datos aparecen recogidos en el Barómetro de Averías del RACE, elaborado a partir de las 120.248 asistencias gestionadas por el RACE durante ambos meses, sitúa las averías de motor como la principal causa de asistencia (31,5%). A continuación aparecen las incidencias relacionadas con los neumáticos, que representaron el 24,8 %, y los problemas de batería, con un 20,7 %. «Las altas temperaturas ambientales y del firme, combinadas con desplazamientos prolongados, una elevada carga del vehículo, una presión incorrecta o un desgaste previo, aumentan la exigencia térmica y mecánica sobre los neumáticos y pueden acelerar su deterioro», según el RACE.
Señales de alerta en el coche después del verano
Después de los viajes de verano, las altas temperaturas y los desplazamientos por carretera, el coche vuelve a la rutina habitual, pero no siempre lo hace en las mismas condiciones. Francisco Javier Suárez, mecánico y propietario de un taller multimarca, explica cuáles son los indicios que los conductores deberían tener en cuenta. «Muchas veces, el vehículo avisa de que algo no va bien. Después del verano, cuando el coche recupera la rutina tras los viajes y las altas temperaturas, hay señales que conviene no dejar para más adelante», señala.
«El error más frecuente es continuar conduciendo como si no pasara nada. Y el más grave, intentar solucionarlo por cuenta propia o llevar el vehículo a algún lugar donde simplemente puedan «apañarlo». El sector de la automoción ha cambiado muchísimo y continúa evolucionando. Los vehículos incorporan cada vez más tecnología y sistemas complejos, y mantenerse al día requiere formación e inversión constante. Algo que, en determinados lugares, brilla por su ausencia. Además, hay que tener presente que se está circulando en un vehículo que muchas veces transporta a toda la familia. Una reparación deficiente puede poner en riesgo no solo al conductor, sino también a los acompañantes y al resto de usuarios de la vía», advierte, en una entrevista con RAC 1.
Pero, ¿cómo avisa el vehículo de que algo no va bien? Según el mecánico, uno de los aspectos más relevantes es el olor. Por ejemplo, una fuga de líquido refrigerante del motor desprende un olor característico, ligeramente dulce. Mientras, cuando existe un problema con los frenos, suele aparecer un olor a quemado muy particular y desagradable. Los ruidos también ofrecen mucha información. Si aparecen al pasar por baches o circular sobre un pavimento irregular, pueden apuntar a un problema en la suspensión. Hay otro ruido bastante característico, similar al despegue de un avión al iniciar la marcha y que aumenta a medida que el vehículo acelera; puede indicar que los neumáticos estén deformados.
«Los vehículos actuales cuentan con sistemas cada vez más complejos capaces de supervisar prácticamente todos sus componentes. Por eso, si se enciende un testigo en el cuadro de instrumentos, lo recomendable es acudir al taller lo antes posible. Si esa luz aparece acompañada de olor, vibraciones, pérdida de potencia, ruidos fuertes procedentes del motor o un sobrecalentamiento, la situación cambia: es necesario detener el vehículo y solicitar una grúa. Continuar circulando puede transformar una avería relativamente sencilla en un problema mucho más grave y, además, poner en riesgo la seguridad», explica Francisco Javier.
Y concluye: «cada vez son menos las comprobaciones que puede realizar una persona sin conocimientos específicos. Se pueden revisar los niveles de aceite del motor, líquido refrigerante y limpiaparabrisas, además de la presión de los neumáticos. También conviene comprobar el estado de las escobillas, asegurarse de que limpian correctamente, verificar que funcionan todas las luces, el claxon y los anclajes de los cinturones de seguridad. Poco más. Antes de desmontar, manipular o «toquetear».
A la hora de llevar el coche al taller, la DGT recuerda la importancia de verificar varios elementos fundamentales. En primer lugar, la suspensión, ya que de este sistema depende la estabilidad del coche y también influye en el desgaste de los neumáticos y en su capacidad de frenado. Se recomienda revisarla cada 30.000 kilómetros. También es importante revisar todo el sistema de frenado, incluidas las pastillas y los discos, y sustituir el líquido de frenos cada dos años o entre los 40.000 y 60.000 kilómetros. Por último, hay que prestar atención al aceite y los filtros. La correcta lubricación del motor requiere cambios periódicos de aceite, generalmente entre los 5.000 y los 30.000 kilómetros o cada dos años, dependiendo del modelo.
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