Piel

Éstas son las verdaderas diferencias entre el retinol y el retinal: un farmacéutico lo ha confirmado

Aunque ambos comparten un origen común y objetivos similares, su comportamiento sobre la piel no es idéntico

Su eficacia está respaldada por décadas de investigación clínica

El retinol es, sin duda, el retinoide cosmético más popular

Éstas son las verdaderas diferencias entre el retinol y el retinal: un farmacéutico lo ha confirmado

Hablando de cosmética y del cuidado de la piel, pocos ingredientes generan tanto interés —y también tantas dudas— como los derivados de la vitamina A. El retinol y el retinal se han convertido en palabras habituales en etiquetas, rutinas de belleza y recomendaciones dermatológicas, pero no siempre se entiende bien en qué se diferencian ni cuál conviene elegir según cada tipo de piel. Aunque ambos comparten un origen común y objetivos similares, su comportamiento sobre la piel no es idéntico y presentan diferencias relevantes en resultados y tolerancia.

Comprender estas diferencias resulta especialmente importante en un contexto en el que el cuidado cutáneo se ha vuelto más consciente y personalizado. Ya no se trata solo de buscar efectos antiedad, sino de hacerlo de manera progresiva, segura y adaptada a cada persona. Saber cómo actúan el retinol y el retinal, cuál es su potencia real, qué efectos secundarios pueden provocar y para qué perfiles están más indicados permite tomar decisiones informadas y evitar errores frecuentes. Lejos de ser un detalle técnico, esta distinción influye directamente en la eficacia de una rutina facial a medio y largo plazo.

Diferencias entre retinol y retinal

Como explica el laboratorio español Mesoestetic, los retinoides son derivados de la vitamina A ampliamente estudiados en dermatología por su capacidad para estimular la renovación celular, mejorar la textura de la piel y tratar problemas como el acné, las manchas o las arrugas. Su eficacia está respaldada por décadas de investigación clínica y por el consenso de instituciones dermatológicas internacionales.

Tanto el retinol como el retinal forman parte de esta familia, pero no actúan de forma directa. Para que la piel pueda aprovecharlos, deben transformarse en ácido retinoico, que es la forma biológicamente activa. La diferencia clave está en el número de pasos que necesita cada uno para llegar a ese estado y en cómo afecta eso a la piel.

Retinol: el más conocido y utilizado

El retinol es, sin duda, el retinoide cosmético más popular. Se encuentra con facilidad en productos de venta libre y suele ser la puerta de entrada al uso de la vitamina A en rutinas faciales. Una vez aplicado, el retinol necesita dos conversiones en la piel: primero se transforma en retinal y después en ácido retinoico.

Este proceso progresivo hace que su acción sea más gradual, lo que se traduce en una mejor tolerancia, especialmente en pieles sensibles o poco acostumbradas a activos potentes. Por este motivo, comúnmente los dermatólogos, como es el caso de la Dra. Carolina Solorzano, recomiendan empezar con retinol en concentraciones bajas y aumentar poco a poco según la respuesta cutánea.

«Ojo, porque puede que estés utilizando poco tu retinol y, sin darte cuenta, no estés obteniendo los máximos resultados», advierte Ana Santamarina, fundadora de Santamarina Cosmetics y experta en dermocosmética y formulación.

Según explica, en los estudios clínicos el retinol —o el ácido retinoico— se utiliza a dosis diaria por la noche. «Es verdad que cuando empezamos conviene hacerlo poco a poco, dos o tres noches a la semana, para evitar una irritación excesiva. Pero cuando la piel ya lo tolera bien, lo ideal es subir la frecuencia a cinco o seis noches semanales».

Retinal: mayor potencia, acción más rápida

En las diferencias entre el retinol y el retinal —o retinaldehído—, este último es un paso intermedio entre el retinol y el ácido retinoico. Al necesitar una sola conversión para volverse activo, su efecto es más rápido y potente que el del retinol, incluso a concentraciones más bajas. Esta mayor eficacia se traduce en resultados visibles en menos tiempo, tanto en la mejora del acné como en la reducción de líneas de expresión.

Sin embargo, esa potencia adicional también implica un mayor riesgo de irritación si no se usa correctamente. El retinal suele recomendarse a personas con experiencia previa en retinoides o con pieles resistentes, siempre introducido de forma gradual y acompañado de una hidratación adecuada, como explica la Dra. Elisa Villasmil.

Diferencias en tolerancia y efectos secundarios

Uno de los aspectos que más preocupan al elegir entre el retinol y el retinal es la tolerancia. Ambos pueden provocar efectos secundarios iniciales, como enrojecimiento, sequedad o descamación, conocidos como “retinización”. No obstante, estos síntomas suelen ser más intensos y aparecer antes con el retinal.

El retinol, al actuar de manera más lenta, permite que la piel se adapte progresivamente. El retinal, en cambio, requiere mayor precaución, espaciar aplicaciones y prestar especial atención al uso diario de protector solar, ya que aumenta la sensibilidad al sol.

Qué activo elegir según el tipo de piel

No existe una opción universalmente mejor. En pieles jóvenes, sensibles o que se inician en el uso de retinoides, el retinol suele ser la elección más prudente. En pieles maduras, con acné persistente o ya habituadas a la vitamina A, el retinal puede ofrecer un plus de eficacia sin necesidad de recurrir a productos con receta.

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