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Plan B

¿Y si la Princesa Leonor renunciara a la Corona? El plan que ya prevé la Constitución

La ley española contempla paso a paso qué ocurriría si la heredera renunciara

El relevo sería automático y la sucesión cambiaría en cuestión de horas, siguiendo un mecanismo ya previsto

La historia demuestra que no sería la primera vez que una corona cambia de cabeza por decisión personal

  • Rosa Torres
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La Princesa Leonor ha crecido sabiendo algo que la mayoría de la gente nunca tendrá que plantearse: su vida está ligada a un cargo que no se solicita ni se vota, se hereda. Desde pequeña ha sido educada para reinar algún día, para convertirse, cuando llegue el momento, en Leonor I, un nombre elegido por sus padres tanto por su sonoridad como por su peso histórico. En España nunca ha reinado una Leonor en todo el territorio, aunque sí existió una en Navarra. Todo parece trazado con precisión. Y, sin embargo, la historia de las monarquías está llena de cambios inesperados. La pregunta, aunque remota, es inevitable: ¿qué ocurriría si decidiera renunciar?

Para entender bien este escenario hemos hablado con la periodista y escritora Sara Olivo, también conocida como Marta Cibelina, autora de Los Borbones y el sexo: de Felipe V a Felipe VI y de La duquesa salvaje, novela sobre María Luisa de Borbón y Vallábriga, nieta de Felipe V que pudo haber llegado a ser Reina de España. Ella lo explica de forma muy clara desde el principio: «Está previsto». Es decir, no habría ningún caos institucional ni decisiones improvisadas.

Leonor, en su llegada al Congreso para un acto institucional. (Foto: Gtres)

La Constitución española ya contempla este caso. En concreto, el artículo 57.5 establece que cualquier renuncia en la línea sucesoria debe resolverse mediante una ley orgánica. Dicho en sencillo: Leonor tendría que presentar oficialmente su renuncia ante las Cortes y el Parlamento aprobaría una ley específica para hacerla efectiva, igual que ocurrió en 2014 cuando Juan Carlos I dejó el trono. En cuanto esa ley se publicara, todo se pondría en marcha automáticamente, sin vacío de poder ni crisis institucional.

Si Leonor renunciara, reinaría Sofía

Conviene entender un matiz importante. No sería una reina que abdica, sino una heredera que renuncia antes de reinar. Eso significa que dejaría de ser Princesa de Asturias y pasaría a ser infanta. Podría conservar tratamiento y dignidades, e incluso recibir algún título nobiliario honorífico para su vida institucional, pero quedaría fuera de la línea sucesoria.

El Rey Felipe y la Infanta Sofía en Asturias. (Foto: Gtres)

En ese escenario, la siguiente en la línea sucesoria sería su hermana. Sofía pasaría de inmediato a ser heredera y princesa de Asturias, con todos los honores, símbolos y obligaciones que implica el cargo. Sara lo explica con una comparación muy gráfica: está «en el banquillo pero en forma para saltar al campo si la titular se lesiona». No es solo una metáfora simpática. Aunque su papel público ha sido más discreto, su formación está pensada para que pueda asumir responsabilidades si fuera necesario. Ha recibido la misma educación escolar que Leonor. Actualmente estudia Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en un programa universitario que rota entre varias capitales europeas, una preparación diseñada casi a medida para una futura jefa de Estado. Su personalidad sociable y su facilidad para conectar con la gente, señalan quienes la conocen, son cualidades muy apreciadas en el oficio de reinar.

La Princesa Leonor y la Infanta Sofía, a su llegada al acto “50 años después”. (Foto: Gtres)

Sobre su carácter, Olivo añade un retrato cercano: «Por lo que me han contado, Sofía es una jovencita encantadora, con mucho sentido del humor y una retranca que le da un gran don de gentes, que era precisamente una de las mejores virtudes de su abuelo el Rey Juan Carlos». Según explica, de niña fue algo más traviesa que su hermana, en parte porque sobre ella no recaía la misma presión ni el mismo control que sobre la heredera. «La están preparando para ser un apoyo sólido y para asumir el trono si fuera necesario», señala.

De hecho, amadrinó un nuevo concurso de fotografía con su nombre en 2024. Hace poco también visitó el centro de cría de la Fundación ONCE del Perro Guía en Madrid, donde interactuó con cachorros y conoció de cerca el proceso de adiestramiento. Y ahora acabamos de saber que estrenará un nuevo papel como presidenta de honor de un proyecto institucional. Se trata del programa Docentes Referentes, impulsado por la Fundación Ibercaja, una iniciativa de ámbito nacional destinada a reconocer y dar visibilidad a profesores que están impulsando cambios significativos en la educación en España.

Cuando el segundo acaba siendo Rey

La historia, recuerda la escritora, demuestra que no sería una anomalía que un «segundo» acabara reinando con solvencia. «No hay que olvidar que su tatarabuela, la Reina Victoria Eugenia, se convirtió en reina con solo 19 años»,  apunta. Y añade un ejemplo europeo muy significativo: el de Jorge VI, padre de Isabel II, que no estaba destinado a reinar pero terminó convirtiéndose en un monarca respetado al mantenerse en Londres junto a su esposa durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Casos así ilustran que, en las monarquías, quienes parecen suplentes pueden acabar siendo protagonistas cuando el destino cambia de guion.

La Reina Letizia con sus hijas en los Premios Princesa de Asturias. (Foto: Gtres)

El orden sucesorio español responde a reglas muy concretas: manda la cercanía de sangre al monarca y la primogenitura. El artículo 57.1 dice que hereda quien esté más próximo en parentesco y, dentro de la misma línea, la persona de mayor edad. La Constitución todavía menciona preferencia masculina, aunque en la práctica no afectaría a la familia actual porque no hay hermanos varones. Tras Sofía vendrían las Infantas Elena y Cristina con sus descendientes, y después otras ramas borbónicas.

La monarquía española, experta en renunciar

Pensar en una renuncia puede parecer algo extraordinario, pero la historia demuestra lo contrario. Los Borbones españoles acumulan más renuncias que muchas monarquías europeas juntas. El primer Rey de la dinastía, Felipe V, abdicó voluntariamente en su hijo Luis I. El reinado del joven duró solo ocho meses porque murió, y su padre tuvo que volver al trono. En 1808 se produjeron las famosas abdicaciones de Bayona, cuando Carlos IV y Fernando VII cedieron sus derechos bajo presión de Napoleón. Más adelante, Alfonso XIII renunció en el exilio tras obtener antes la renuncia de sus hijos mayores, y Juan de Borbón hizo lo mismo en 1977 para facilitar que su hijo Juan Carlos se convirtiera en rey. También hubo herederos apartados por matrimonios considerados inadecuados o por decisiones familiares, como el príncipe Alfonso de Borbón y Battenberg o el infante Jaime.

El Príncipe Eduardo, con su padre el futuro Jorge V, su bisabuela la Reina Victoria y su abuelo el futuro Eduardo VII. (Foto: Wikipedia)

Europa ofrece ejemplos igualmente ilustrativos. El más famoso es el de Eduardo VIII del Reino Unido, que en 1936 dejó la Corona para casarse con Wallis Simpson. Aquella decisión provocó una crisis política y emocional enorme, pero la institución sobrevivió sin problemas bajo el reinado de su hermano Jorge VI. Ese precedente sirve para entender algo fundamental. Según Olivo, una renuncia de Leonor sería «un golpe de imagen, pero no una amenaza existencial para la monarquía».

La propia experiencia española reciente confirma esa idea. La Corona ha atravesado momentos complicados, cambios generacionales y decisiones personales sin romper la continuidad institucional. El sistema está diseñado precisamente para eso, para que la estabilidad no dependa de una sola persona, ni siquiera de quien está destinada a reinar.

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