SEGUNDO ANIVERSARIO

Meghan y Harry: un ‘sí, quiero’ que truncó el destino de la Corona

Se cumplen dos años de una jornada que ha quedado marcada en la historia no solo de la monarquía británica a nivel institucional, sino también de la familia Windsor a nivel particular, la boda de los duques de Sussex. El 19 de mayo de 2018 el príncipe Harry contraía matrimonio con la actriz norteamericana Meghan Markle.  Era el broche de oro a una historia de amor que la pareja había intentado llevar de la manera más privada posible, pero que dadas las circunstancias que siempre habían rodeado al hijo menor de Carlos de Inglaterra, había resultado imposible. Harry era consciente de que el fantasma de estar en el foco mediático de manera constante le perseguía y, por ende, podía convertirse en un lastre para cualquiera que quisiera compartir su vida con él -como así ocurrió con Cressida Bonas-. Sin embargo, Meghan parecía preparada a asumir esa pesada carga que hoy, dos años después, ha sido uno de los detonantes de su ruptura con una de las Instituciones con más tradición del mundo.

Aquel soleado 19 de mayo casi nadie podía aventurar la tormenta que se iniciaría pocos meses después. Solo algunos apuntaban al complejo carácter de Meghan y a su insistencia por conseguir aquello que deseaba como un rasgo negativo que podría llegar a provocar ciertos desencuentros con su familia política. “Lo que Meghan quiere, lo consigue”, una frase que se ha publicado en numerosas ocasiones y que según la cual la actriz tuvo un leve enfrentamiento con la reina Isabel por la tiara que quería haber llevado en su boda, una pieza con esmeraldas a la que la monarca se opuso de manera frontal. Pero esta es solo una de las anécdotas ligadas al fuerte temperamento de la norteamericana, a quien se atribuye el exceso de celo con el que los Sussex han querido llevar la parte privada de su vida -si es que eso puede contemplarse en el caso de los miembros de la Familia Real que se están beneficiando económicamente de la Institución-.

Sussex
Meghan Markle y el Príncipe Harry el día de su boda / Gtres

El día del enlace, el país entero se volcó con la pareja. Por fin el príncipe Harry, a quien habían visto caminar desolado tras el féretro de su madre, encontraba la felicidad con una mujer que, sin embargo, se alejaba por completo de los cánones que podían esperar de una futura duquesa. Una mujer hecha a sí misma, feminista, preparada, norteamericana, birracial… Meghan podía simbolizar -salvando las distancias por supuesto- la misma esencia de Londres y la multiculturalidad de sus calles. Sin embargo, nadie podía esperar que, después de que la actriz hubiera renunciado a su carrera para integrarse en el férreo y difícil sistema que supone la Casa de Windsor, apenas año y medio después, la pareja diera un portazo a todo lo que tiene que ver con la monarquía. Pero así ha sido.

Es difícil saber si es Meghan la que ha incitado a Harry a romper con todo lo que ha representado siempre en pos de una nueva vida, con lo que ello supone o si, por el contrario, ha sido Harry quien ha encontrado en Meghan el catalizador que tanto tiempo llevaba buscando para, por fin, librarse de unas ataduras a las que estaba vinculado desde su nacimiento y de las que difícilmente podría deshacerse. Sea como sea, lo cierto es que el fantasma de Wallis Simpson ahora cobra más vida que nunca y muchos ven a Meghan como la causante de que el Príncipe haya abandonado sus obligaciones y a su familia cuando en realidad, lo más probable es que, si echamos la vista atrás, Harry lleva muchos años queriendo huir, como ya demostró cuando fue uno más en el ejército. Hoy los Sussex celebran su segundo aniversario de boda lejos de los Windsor, pero, para su propio disgusto, nunca estarán lejos del foco mediático.

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