Historia
Arqueología

Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid revela que un posible sacerdote de la Edad del Bronce hallado en un yacimiento murciano fue enterrado con un humillante ritual

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un estudio publicado en octubre de 2026 en la revista ‘Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones propone que el entierro de un hombre de la Edad del Bronce en un yacimiento de Murcia formó parte de un ritual mágico.

Los expertos notaron que había sido colocado bajo el suelo de una gran sala para que todo el que la cruzara le «pisara la cara». Los restos aparecieron en La Almoloya, en Pliego, uno de los asentamientos más conocidos de la cultura de El Argar, situado en las estribaciones de Sierra Espuña, sobre un cerro rocoso de 85 metros de largo por 35 de ancho.

El poblado estuvo habitado aproximadamente entre el 2200 y el 1550 a. C. El hombre corresponde a la fase 3, entre el 1750 y el 1550 a. C., cuando los habitantes remodelaron por completo el poblado y levantaron al menos nueve complejos habitacionales.

¿Cómo enterraron al hombre del yacimiento argárico de Murcia?

El cuerpo de un varón de unos 40 años apareció delante del podio y junto al hogar de la gran sala, justo en el punto de paso entre la mitad oeste y la mitad este de la estancia. Lo enterraron entre dos pavimentos y retocaron el inferior para hacerle sitio.

La parte baja del cuerpo quedó bajo el hogar. La cara, en cambio, estaba a ras de suelo, a solo 1 centímetro de la superficie, de modo que cualquiera que atravesara ese umbral le pisaba el rostro. Además, le habían introducido a la fuerza una piedra grande en la boca.

Esqueleto del individuo AY5 en el yacimiento argárico de La Almoloya (Murcia), enterrado entre dos suelos con una piedra en la boca. Foto: UAB-ASOME

Los excavadores, un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona, lo apodaron «el enemigo». Para ellos, la piedra parecía destinada a silenciarlo para siempre, como si la muerte no hubiera bastado. Tampoco recibió ajuar ni el rito funerario argárico. Sin embargo, su esqueleto no muestra señales de traumatismo.

La gran sala del yacimiento de Murcia donde quedó enterrado

La estancia, conocida como H9, forma parte de un complejo palaciego que, según sus excavadores, es la estructura de carácter político más antigua descubierta en Europa occidental. Tenía 70 metros cuadrados útiles, era un semisótano y contaba con bancos a tres alturas para unas 50 personas.

El banco más alto era un podio de 1 metro, a cuyos pies estaba un hogar de más de 4 metros cuadrados hundido en el suelo. Era el único hogar cóncavo de La Almoloya en esa fase, y las paredes, los bancos y el suelo llevaban hasta seis capas de estuco.

El entierro pudo motivar la reforma de todo el suelo de la sala, incluido el hogar. Según tres forenses consultados por el autor, el olor de la descomposición pudo durar varios meses, incluso uno o dos años, y dejar la estancia sin uso.

Un ritual mágico para someter al caos, según el estudio sobre el yacimiento de Murcia

Para el autor del estudio, el hombre no quedó bajo el suelo solo como castigo o humillación. Su hipótesis es que se trató de un ritual mágico de aniquilación, destinado a controlar o someter las fuerzas del caos que, a ojos de su comunidad, pudo encarnar.

La propuesta se apoya en paralelos del Próximo Oriente y de Egipto. En relieves mesopotámicos, como la estela de Naram-Sin, los reyes pisan a sus enemigos vencidos. Los egipcios, por su parte, pintaban enemigos atados en los suelos de los palacios para que el faraón los pisara cada día.

En Mesopotamia, los hechiceros fabricaban figurillas de sus víctimas y las enterraban bajo zonas de mucho paso para que la gente las pisara. También sellaban de forma simbólica la boca de brujas y demonios, ya que privarlos del habla debilitaba su poder.

Por eso, Marco Mazón Gomariz, autor del estudio e investigador de la Universidad Complutense de Madrid, relaciona la piedra en la boca con alguna falta grave vinculada a la palabra, quizá de carácter mágico u ofensiva para los dioses. La piedra pudo servir también para impedir que su fantasma hablara y atormentara a los vivos. Por su parte, enterrar la mitad inferior bajo el hogar pudo confinarlo de forma simbólica en el inframundo.

¿Era un sacerdote el hombre enterrado bajo la sala de Murcia?

El hombre pertenecía a la propia comunidad, ya que tenía un parentesco genético de tercer grado con dos personas enterradas en La Almoloya. Para el autor, se trataba de un adversario interno y poderoso. Su entierro en esa sala apunta a que quizá fue un sacerdote de alto rango o un alto cargo.

El estudio recupera también la propuesta de Oswaldo Arteaga sobre un Estado teocrático argárico. En ese marco, el enterrado pudo tener un papel religioso y político destacado antes de caer en desgracia.

«Es imposible determinar si este individuo ocupó un cargo sacerdotal de alto rango (…), pero es muy probable que fuera una figura de la máxima importancia», concluye Mazón Gomariz.