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ASTURIAS

Verónica, ejemplo de ese 2% de ganaderos que aún sobrevive en Asturias: «Quiero rentabilidad, no puntos extra por ser mujer»

OKDIARIO visita una explotación de vacuno en Asturias, fundada por una joven ganadera de 30 años

En la década de los 80, Asturias tenía unas 800.000 explotaciones ganaderas

  • Paula Ciordia
  • Especializada en política, Vox, ideología woke e inmigración. Reflexiono sobre tauromaquia en mi columna semanal 'Entre Pitones'. En 2025, fui corresponsal en la Ciudad del Vaticano durante el Cónclave que eligió a León XIV. Antes estuve como delegada en Aragón (2023-2025). Graduada en Periodismo y Filología Hispánica (Universidad de Zaragoza) y máster en Filosofía y Culturas Modernas (Universidad de Sevilla) | paula.ciordia@okdiario.com

OKDIARIO visita una explotación de vacuno en Asturias, fundada por Verónica, una ganadera de 30 años, que hace 5, durante la pandemia, decidió dejar atrás su vida de oficinista y emprender su propia ganadería. Esta joven asturiana forma parte del 2% de explotaciones que existen en Asturias, si comparamos las que nutrían los prados verdes de la región hace décadas.

En los años 80, Asturias contaba con unas 800.000 explotaciones; ahora el 98% ha desaparecido. La carne que produce Verónica no compite en volumen, «compite en calidad», explica molesta con Mercosur.

La farsa del feminismo rural actual

Un problema que afecta a todos los ganaderos, independientemente de su sexo. «No somos idiotas, tenemos el mismo problema que los hombres y necesitamos soluciones para que nuestra explotación sea rentable», señala la empresaria rural que «detesta» las modas ecofriendly y las políticas de género.

Como la fauna salvaje, sus vacas no entienden de perspectiva de género: «De qué me sirve que nos den dos puntos por ser mujer, o que nos pongan un lazo morado, cuando de la noche a la mañana te pueden matar las vacas», denuncia. Verónica se refiere a los actuales protocolos ante la tuberculosis, que para ella no son eficientes. «Las vacas mueren por protocolos que nadie revisa y la fauna salvaje campa a sus anchas. Después de muerta, de nada me vale que me digas que era un falso positivo», denuncia.

Lo que empezó con mucha ilusión se ha convertido en una batalla diaria contra la burocracia, los protocolos sanitarios fallidos y una fauna salvaje que nadie controla. Ella misma lo resume sin rodeos, reivindicando que su labor en el campo no es excepcional. Asturias es una tierra trabajada por mujeres cuando los hombres iban a la minería y al mar.

«Al final, la que se quedaba en casa cuidando de los hijos y con las vacas era la mujer», recuerda, «no necesitamos que ahora nos lo digan con políticas de género. No necesitamos palmaditas en la espalda por ser mujer. Dos puntos más en una convocatoria o no, necesitamos soluciones reales», reivindica.

«No soy una ONG, necesito rentabilidad»

Mientras los políticos presumen de ecologismo y protección del lobo, las vacas aparecen con las tripas colgando o una pata comida. «¿Dónde está el bienestar animal y el ecologismo? Ahí se olvidan de ello», señala.

La rentabilidad es su única obsesión real. No quiere subvenciones que sólo compensen pérdidas: «Yo produzco a pérdidas y me lo compensas con una subvención. Si no, cuando vayas al supermercado, ya bastante caros están pagando la carne».

Mientras dedica la mayor parte del tiempo en el campo, las nuevas políticas europeas del Pacto Verde le devoran: «Necesitamos que nos bajen la carga burocrática porque yo no tengo tiempo». Mientras tanto, las ayudas al cebo que se piden en otras comunidades son rechazadas en Asturias y las explotaciones siguen cerrando.

Verónica lo tiene claro: «No soy una ONG. Tener una vaca como mascota es un poco caro…», ironiza. «Y las empresas necesitan rentabilidad», advierte. Sólo quieren seguir produciendo carne de calidad en Asturias sin que les cierren la puerta desde un despacho: «Yo soy feliz aquí».