Mario, el joven que dejó Valencia para abrir un bar en un pueblo de 100 vecinos: «La vida es más barata y te da un margen de mejora a largo plazo»
Un joven deja Valencia para abrir su propio bar en un pueblo de Cuenca
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Conseguir un trabajo cuando se es joven es una cosa y poder construir una vida con lo que se gana es otra bastante distinta. Es una diferencia que conocen bien en los últimos años, todos los jóvenes que viven en grandes ciudades, donde independizarse supone el tener que hacer frente a un alquiler elevado y si se piensa en abrir un negocio se exige todavía más dinero. Es algo que a Mario Pérez le ocurría en Valencia. Había trabajado como camarero, pero cuando pensaba en dar un paso más y tener algo propio, las cuentas no terminaban de salir.
De este modo, y no dudó en aprovechar una alternativa que para otros puede ser sorprendente: decidió irse a Valdemoro-Sierra, un pequeño municipio de la Serranía de Cuenca que no llega al centenar de habitantes. Mario se trasladó en 2023 y, con 23 años, está al frente del Bar Haro. El cambio le ha permitido tener su propio negocio y comprobar cuánto cuesta desarrollar un proyecto así en dos lugares muy diferentes, además de descubrir los beneficios de vivir en un lugar no sólo más económico, sino mucho más conectado a la comunidad.
Mario, el joven que dejó Valencia para abrir un bar en un pueblo de 100 vecinos
Mario ha contado su experiencia en un vídeo difundido en redes sociales por la Diputación de Cuenca, en el que conversa con Javier Cebrián, diputado de Reto Demográfico. Una de las cuestiones que aborda es precisamente el dinero que necesita para mantener su vida y su negocio en Valdemoro-Sierra y lo que supondría intentar hacer lo mismo en Valencia.
La diferencia que calcula es considerable. Según explica, alquilar en Valencia un local similar al que tiene actualmente podría costarle hasta diez veces más. En el caso de la vivienda, estima que tendría que pagar alrededor de cinco veces más por algo equivalente. No se trata entonces de elegir tan sólo entre vivir en una ciudad o hacerlo en un pueblo pequeño, sino de cuánto dinero queda disponible después de afrontar los gastos básicos de cada mes. Ese margen de hecho, ha sido importante en su decisión. En Valencia veía complicado independizarse y, al mismo tiempo, plantearse tener un establecimiento propio. En Valdemoro-Sierra los costes son otros y eso le ha permitido ponerse al frente de un negocio que en la ciudad veía prácticamente fuera de su alcance.
«La vida es más barata y te da un margen de mejora a largo plazo»
Para Mario, la diferencia tampoco termina cuando llega el momento de pagar el alquiler. Lo que destaca de vivir en el pueblo es lo que ocurre después, cuando unos gastos más bajos dejan margen para avanzar. «La vida es más barata y te da un margen de mejora a largo plazo mucho mayor», explica al comparar su situación actual con la que tenía en Valencia, ya que una gran ciudad ofrece numerosos servicios, comercios y posibilidades de ocio, pero acceder a buena parte de ellos también cuesta dinero. Mario lo resume señalando que en la ciudad puede haber prácticamente de todo, aunque muchas veces sea «con el billete por delante».
Su experiencia muestra además el recorrido contrario al que suele asociarse con la despoblación y con la España vaciada. De este modo, en lugar de abandonar un pueblo para buscar trabajo en una gran ciudad, él salió de Valencia y encontró en un pequeño municipio de Cuenca la posibilidad de independizarse y emprender con unos costes que podía asumir a pesar de su juventud.
De buscar trabajo a ponerse al frente de su propio bar
Cuando Mario llegó a Valdemoro-Sierra tampoco lo hizo con una trayectoria empresarial detrás. Había pasado dos años trabajando como camarero y fue esa experiencia la que acabó llevándole a ponerse al frente del Bar Haro. Desde entonces asegura haber comprobado que la falta de oportunidades laborales que suele asociarse a los pueblos no siempre coincide con lo que ocurre sobre el terreno.
De hecho, cuenta que desde que llegó le han ofrecido distintos trabajos. A su juicio, el problema es que faltan personas jóvenes dispuestos a instalarse y ocupar empleos que siguen siendo necesarios a medida que envejece la población. Pero para quienes como él, estén dispuestos a cambiar la ciudad por un entorno rural, esa falta de relevo puede convertirse también en una oportunidad. A ello se suma la relación con los vecinos. En un municipio de estas dimensiones, Mario ha encontrado una red cercana a la que recurrir cuando necesita ayuda con cuestiones del negocio o del día a día. Él mismo explica que puede contar con vecinos cuando necesita algo y procura corresponder cuando son los demás quienes requieren ayuda.
Una forma distinta de plantearse el futuro lejos de la ciudad
La decisión de Mario no significa que vivir en un pueblo sea una solución válida para todo el mundo ni que desaparezcan las dificultades de emprender. Su experiencia sí pone sobre la mesa una posibilidad que algunos jóvenes pueden no contemplar: determinados municipios pequeños necesitan trabajadores y establecerse en ellos puede resultar mucho más asequible que hacerlo en una gran ciudad. En su caso, esa diferencia le ha permitido pasar de trabajar como camarero a gestionar su propio establecimiento sin asumir los precios que calcula que pagaría en Valencia. El ahorro en vivienda y en el local no es únicamente una ventaja mensual, sino una manera de disponer de más margen para mantener su proyecto y pensar en los próximos años.