Un churrero de Barcelona se levanta todos los días a las 3:15 de las madrugada para preparar su negocio antes de que lleguen los clientes: «He estado 10 años abriendo15 horas diarias interrumpidamente»
Aunque a veces parezca lo contrario, las panaderías no son el único negocio donde los trabajadores empiezan a trabajar de madrugada. Por ejemplo, los churreros tienen horarios parecidos o incluso peores.
Prueba de ello es el churrero Juan Alpuente, que empieza a recibir clientes a las seis de la mañana, pero que a esa hora ya lleva varias horas de trabajo encima. Todo para preparar el producto antes de servir los desayunos.
Él mismo lo ha reconocido: «Me levanto a las tres y cuarto de la mañana y abro a las seis». Su negocio familiar que ahora lleva su nombre, fundado por su padre en 1963, sigue atendiendo a vecinos y visitantes entre el Teatro Nacional y el Auditorio.
El interminable horario de un churrero de Barcelona
Alpuente ha contado que pasó aproximadamente una década atendiendo desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, sin cerrar al mediodía. Quince horas de apertura, a las que había que añadir el trabajo necesario para tenerlo todo listo.
Obviamente, ese ritmo de faena era casi imposible de aguantar y con la experiencia fijó las franjas donde vendía más y merecía la pena tener la churrería abierta.
Aunque el madrugón no se lo quita nadie (sigue abriendo a las seis de la mañana), baja la persiana a la una de la tarde. Ahí aprovecha para comer y descansar; vuelve a las cuatro y media de la tarde y ya no para hasta las siete y media si hay clientela.
Además, ha reconocido que procura asumir él mismo las tareas para contener los costes, aunque sabe que tendrá que delegar. Contratar ayuda es una posibilidad que ha valorado, especialmente para trabajos como pelar patatas. De momento, prefiere encargarse de lo que puede hacer por su cuenta.
Cuándo termina el horario de un churrero: el ejemplo de Juan Alpuente
Lo que más tiempo le ocupa es la venta y la preparación de los churros, de las porras y de otros productos. No obstante, una vez se van los clientes todavía queda mucho trabajo por hacer.
Para que la comida esté perfecta, es fundamental mantener la limpieza en las freidoras y en todos los utensilios de la cocina. Todo ese trabajo y la edad han hecho que poco a poco vaya controlando más las horas.
Por ejemplo, en una entrevista con La Vanguardia reconoció que ahora trabaja de miércoles a lunes y se deja los martes para descansar. Especialmente porque cada vez se le hace más duro el frío del invierno y el calor del verano haciendo churros.
Un oficio de padres a hijos: la churrería que triunfa en Barcelona
Juan conoció el negocio siendo niño, cuando ayudaba con las patatas y otras tareas. Más adelante estudió Administración e Informática, pero acabó regresando a la churrería familiar.
Durante la pandemia comenzó a publicar vídeos de su trabajo y ya tiene varios miles de seguidores en redes sociales. Aquellas grabaciones encontraron público y terminaron llevando nuevos clientes al puesto.
Aun así, lo que más valora sigue siendo el trato con quienes acuden habitualmente. Las conversaciones y las bromas con esos clientes, a los que considera casi de la familia, son la parte del oficio que más disfruta.