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Andrea (23 años), la camionera más joven de España: «He trabajado en tres empresas a lo largo de dos años y no he estado en el paro ni un minuto»

Andrea García tiene 23 años, vive en Barcelona y se gana la vida conduciendo un camión, algo que nadie de su familia había hecho antes. En su caso, no hay tradición ni negocio heredado detrás, sino que le gustaban los coches y la carretera desde niña, se sacó el carné y se lanzó a conseguir el trabajo de sus sueños. Hoy cuenta que en casi dos años ha pasado por tres empresas sin conocer el desempleo, un dato poco habitual entre los jóvenes que buscan su primer trabajo y que ella atribuye en parte a la suerte y en parte a la falta de conductores que sufre el transporte.

Ella misma se presenta como la camionera más joven de España, ya que no conoce a ninguna chica con menos edad que haya hecho lo mismo. Pero más allá de este título, su historia permite asomarse a cómo es hoy esta profesión desde dentro, con sus ventajas, sus prejuicios y sus dificultades. Andrea habla de lo que le costó adaptarse, de las miradas de sorpresa y los comentarios machistas, de cómo es una jornada normal y de por qué cree que el relevo generacional será el gran reto del sector.

Andrea (23 años), la camionera más joven de España

Andrea empezó a trabajar poco después de obtener el permiso. Se hizo camionera con 21 años y medio, cuando se sacó el carné de camión rígido, y en mayo del año pasado empezó a conducir el tráiler articulado. Desde entonces ha encadenado empleos sin interrupciones, asegurando que no sabe lo que es estar apuntada al paro, algo que atribuye a la suerte. La decisión la tomó sola, porque en su entorno nadie conducía camiones, y sus padres, aunque se quedaron sorprendidos, la apoyaron desde el primer momento. Reconoce que al principio dudó de si había acertado por las muchas horas, los cambios de turno y los días seguidos de trabajo, y que los primeros meses los llevó mal. Sin embargo, con el tiempo se acostumbró, y en la empresa actual dice sentirse a gusto porque cumplen los horarios y las condiciones económicas son buenas.

Miradas de sorpresa y comentarios machistas

La reacción de quienes se cruzaban con ella cuando empezó en su trabajo dependía mucho del lugar. En la primera empresa, relata, la gente se quedaba mirándola con asombro al ver a una chica tan joven al volante, y algunos le preguntaban la edad o le sonreían. En otra compañía se topó con hombres mayores, con muchos años en el transporte, que le decían que no sabía lo que era conducir un camión y que por ser mujer y tan joven no tenía ni idea, un mensaje que se repetía una y otra vez. Andrea siguió a lo suyo y se centró en demostrar que sí sabía lo que hacía con su trabajo. Cuenta que conoce a otras camioneras, que cada vez hay más mujeres que lo muestran en redes y que todas comparten una visión parecida: aún hay cosas por mejorar, aunque la imagen del camionero de antaño ya ha cambiado.

Un día al volante consiste en cargar, repartir y dominar el tráiler

Su jornada empieza cargando el camión y llevando la mercancía hasta un establecimiento donde la descarga. A veces vuelve a cargar y regresa al punto de partida, y los trayectos pueden ser de veinte, cincuenta o cien kilómetros, según la distancia entre recogida y entrega. Lo que más disfruta es la conducción en sí. Trabaja en turnos rotativos y lleva mejor el día que la noche, porque de madrugada no hay nadie y es más fácil que entre el sueño, aunque por ahora no ha tenido ningún susto. Asegura que siempre duerme en casa y nunca en un área de descanso. Aparcar tampoco le da problemas con el rígido, que compara con un coche grande; con el tráiler, en cambio, le costaba colocarlo en los muelles, pero a base de repetirlo cada día parece que ya tiene la práctica y lo domina.

Desea ser gestota de tráfico y un relevo que no llega

De cara al futuro, Andrea quiere seguir ligada al transporte pero sin conducir: le gustaría ser gestora de tráfico en una empresa del sector. Cree que el oficio es una buena salida laboral y advierte de que hay un problema de conductores, porque muchos se están jubilando y no hay jóvenes que ocupen su lugar. Según sus cálculos, la edad media ronda los 50 y pocos años y en una década se retirará buena parte de los profesionales actuales, lo que, a su juicio, será un problema importante porque todo se transporta por camión. Son impresiones suyas y no datos oficiales. Pero ella, con sólo 23 años, se ha encontrado las puertas abiertas en tres empresas distintas sin pasar por el paro, una experiencia que encaja con esa escasez de relevo.