El Real Madrid, preocupado

Vinicius ha perdido el aura

El brasileño reconoce que necesita recuperar confianza mientras Mourinho y Ancelotti le respaldan ante un bajón que preocupa en el Real Madrid

Vinicius mantiene su carácter luchador, pero ha perdido el aura que le hacía decisivo y afronta la exigencia de un Bernabéu que espera una respuesta

Ancelotti defiende a Vinicius

Vinicius
Vinicius.

Vinicius está mal. Lo refleja su fútbol, lo admite Ancelotti y Mourinho sigue esperando al jugador capaz de decidir partidos que todavía no ha aparecido con continuidad esta temporada. El brasileño atraviesa un momento delicado, con menos acierto, dificultades para desequilibrar y una confianza que él mismo reconoce que necesita recuperar. En el Real Madrid conocen el problema. También saben que su carácter competitivo sigue ahí. Vinicius puede equivocarse, atascarse y frustrarse, pero bajar los brazos nunca ha sido su manera de responder.

El diagnóstico de quienes le ven de cerca es tan directo como lo que muestra sobre el césped. El atacante ha perdido, de momento, esa sensación de superioridad con la que obligaba a los defensas a retroceder antes incluso de empezar la carrera. Ese aura que hacía pensar que algo iba a pasar cuando recibía en la izquierda. Ahora le cuesta dar continuidad a sus acciones y convertir sus intentos en ventajas para el equipo.

La incógnita está en cuándo conseguirá recuperarla. El respaldo de sus entrenadores es firme, pero no permite fijar una fecha para su regreso. Vinicius necesita encadenar buenas decisiones, recuperar sensaciones y volver a encontrar recompensa a su insistencia. Su renovación da estabilidad a su futuro. La respuesta deportiva sigue pendiente.

Ancelotti pide paciencia

El parón tampoco ha borrado todas las dificultades. Vinicius marcó de penalti en la victoria de Brasil por 4-2 ante Australia, un pequeño impulso en medio de un comienzo de curso complicado. Ancelotti reconoció después que su futbolista no está en su mejor momento, aunque mantiene intacta la confianza en su capacidad para resultar decisivo. El italiano conoce bien al delantero y está dispuesto a darle tiempo.

La explicación del propio jugador ayuda a entender lo que está buscando. Tras el encuentro, contó que Bruno Guimaraes sabía que necesitaba recuperar confianza y le permitió asumir el lanzamiento. Vinicius venía de varios partidos sin marcar. Poder hacerlo fue una ayuda, aunque un gol por sí solo no resuelva todas las dificultades que arrastra.

Su testimonio aconseja mirar más allá de una explicación exclusivamente física. Mourinho ha defendido su implicación y ha señalado que los registros internos muestran esfuerzos de máxima intensidad y una velocidad cercana a sus mejores marcas. El técnico ve trabajo y compromiso. Lo que todavía espera es que ese esfuerzo se traduzca en el fútbol determinante del brasileño.

El Bernabéu exige una respuesta

Mourinho ha elegido protegerlo públicamente. Ya lo hizo cuando el Bernabéu le despidió con pitos ante el Inter, acompañando su salida con gestos de apoyo. El entrenador quiere recuperar a uno de sus futbolistas más importantes y entiende que su intervención también forma parte de ese proceso.

Después recurrió al refranero portugués: «Sólo se tiran piedras a los árboles que tienen fruto». Su mensaje apuntaba a la exigencia que rodea a Vinicius. La afición espera mucho de él porque le ha visto resolver partidos de enorme dificultad. Esa memoria sostiene la esperanza de recuperarlo, pero también eleva el nivel con el que se juzga cada actuación.

Ahí aparece uno de los obstáculos del brasileño. El tiempo que sus entrenadores están dispuestos a concederle no siempre coincide con la paciencia de la grada. El Bernabéu reclama rendimiento inmediato y cada regate fallido puede aumentar la presión sobre un futbolista que busca precisamente sentirse seguro otra vez.

Vinicius tendrá que reconstruir esa conexión desde el césped. Con acciones útiles, con continuidad y con la capacidad de insistir sin que la frustración gobierne su partido. El Madrid necesita su mejor versión y Mourinho sigue confiando en encontrarla. La lucha permanece. Lo que falta es que vuelva ese aura que convertía cada balón en una amenaza.

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