RAMÓN TENÍA RAZÓN

El vestuario del Real Madrid es una bomba de relojería

Real Madrid

El vestuario del Real Madrid, una bomba de relojería que ya no se puede ocultar. Tras el nuevo incidente entre Valverde y Tchouaméni, está fuera de discusión la preocupante deriva de la plantilla blanca, marcada por incidentes físicos, indisciplinas y una alarmante falta de liderazgos, sitúa a los jugadores como los grandes señalados tras dos años de decepciones.

Es agotador y, sobre todo, descorazonador comprobar cómo en momentos tan complicados el vestuario del Real Madrid no está sabiendo estar a la altura de las circunstancias. Como madridista y como profesional, mi preferencia siempre es relatar triunfos, analizar conquistas europeas o celebrar la buena salud del grupo. Sin embargo, negar la realidad y ponerse una venda en los ojos ante la avalancha de informaciones que están saliendo —y las que uno mismo ha ido recabando— sería un ejercicio de deslealtad hacia quienes estáis en vuestro derecho de reclamar la mejor información.

Este no es un problema que haya surgido de la noche a la mañana. Ya desde la pasada temporada, todavía bajo el mando de Carlo Ancelotti, empezaron a surgir informaciones que resultaban difíciles de creer por la controversia que generaba el día a día. La llegada de Xabi Alonso, que debía ser un proyecto ilusionante tras una etapa histórica, se topó con un cuerpo técnico que en ciertos momentos fue poco respetado por algunos jugadores. Lo que inicialmente intentamos naturalizar como simples roces competitivos ha terminado desbordando por todas partes.

La lista de incidentes es tan larga como preocupante. Lo de Vinícius en el pasado Clásico de noviembre fue público y notorio, pero es que la suma de anécdotas ya conforma una tendencia preocupante. En la misma semana hemos conocidos diferentes incidentes que llegaron a las manos, aunque lo de Rudiger y Carreras tuviera lugar hace meses.

La situación de Kylian Mbappé también está generando un ruido ensordecedor. Aunque su entorno desmienta que el vestuario le haya dado la espalda y aclare que sus vacaciones estaban supervisadas por los servicios médicos, la realidad es que la gestión de su imagen ha sido poco inteligente. En un momento tan delicado, la exhibición de sus días de descanso no ayuda a un grupo que está huérfano de líderes y de «padres de familia» que impongan seriedad. Este vestuario está necesitado de jerarquía, de orden y de una cultura del esfuerzo que parece haberse diluido.

Los problemas no terminan ahí. Son públicos los líos de Arbeloa con Ceballos y las situaciones extrañas que rodean a jugadores como Asencio. Las filtraciones, también, de la mala relación entre Carvajal y Arbeloa son difíciles de ocultar cuando tantas voces procedentes del vestuario se encargan de airearlas.

La conclusión es clara: el mensaje debe llegar con contundencia a la plantilla. Llevamos dos años de tropiezos y, hasta ahora, los que han pagado los platos rotos han sido los entrenadores. Pero el madridismo ya no mira solo al banquillo; mira directamente a unos jugadores que deben madurar y volver a ser un grupo de élite en todos los sentidos. Taparse los ojos y creer que todo está perfecto es un ejercicio de autoengaño que no conduce a nada. La responsabilidad es de los jugadores y es hora de que asuman las consecuencias de su falta de profesionalidad.

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