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Champions League: Stuttgart 1-1 Atlético

El Atlético sobrevive al Stuttgart y a sí mismo

Un gol de Julián Álvarez tras 174 días de sequía rescató un punto para el Atlético

Los de Simeone firmaron un horrible primer tiempo y disputaron la última media hora con un jugador menos

Hjulmand vio la tarjeta roja directa por un planchazo al tobillo de Stiller

De los males, el mejor. El Stuttgart hizo todo para ganar el partido y el Atlético varias cosas para perderlo. Primera parte paupérrima, gol encajado y expulsión evitable de Hjulmand cuando, precisamente, los rojiblancos se abrochaban el cinturón para despegar. Se juntaron todos los ingredientes posibles para que la carne se quemara, pero el Atlético logró que simplemente saliera churruscada. Julián Álvarez, en el momento más necesario para su equipo, cortó su sequía de 174 días sin marcar y los rojiblancos arañaron (1-1) un punto al Stuttgart.

Giuliano había recuperado la pelota en campo contrario cuando Simeone pedía calma desde la banda. Convenía tirar de tranquilidad al cuadrado, para evitar que las piernas corrieran más rápido que la cabeza y para rebajar las revoluciones del Stuttgart. No ocurrió ni lo uno ni lo otro. Únicamente un pequeño oasis de cinco minutos en los que el Atlético entendió que para marcar gol debía, como poco, acercarse al área rival.

Un par de saques de esquina, algún cabezazo manso a las manos de Seimen y algo de circulación de balón. Poco en general, pero claro, era más que todo lo realizado en la media hora anterior. Por dejación propia y exigencia ajena. A la mala forma rojiblanca de entrar al partido se añadió el buen pie de este Stuttgart, irregular en Bundesliga y firme en Europa. Sus jugadores mordían como perros de presa.

Tanto que provocaron errores en la salida de balón de Llorente y Pubill y obligaban a Oblak a pegar un balonazo tras otro. Aunque los perros seguían sueltos y rebañaron todas las segundas jugadas. El Stuttgart era un galgo y el Atlético un conejo. Primer minuto y dos disparos para que Oblak estrenara sus guantes. Así, de inicio. El Atlético pronto echa de menos al ‘Cuti’ Romero, pero ese es otro cantar. La defensa rojiblanca se agobiaba porque tenía mucha distancia con el centro del campo.

Hancko reclamó juntar líneas, pero quedó en una petición. El Stuttgart apretaba, la grada apretaba, el partido apretaba al Atlético. Todo eran recuperaciones alemanas y malas decisiones madrileñas. La de Pubill, que decidió sacar el balón jugado de su área estando rodeado de pirañas del germana, fue de esas que condenan porque Leweling le recortó y dejó en vano la estirada de Oblak.

Lo mejor para el Atlético fue que llegara el descanso, así no recibía golpes. Simeone cogió el toro por los cuernos para meter a Lookman tras iniciar la segunda parte. Y lo que Jonathan David no congenió con Julián, lo logró el nigeriano. Asistencia a un Julián Álvarez que marcó su primer gol tras 174 días de sequía. Estaría buscando su sueño. Fue un gol de liberación. Para él y para el Atlético, que retomó el pulso.

Cada vez con más presencia en campo contrario y cada vez con mejores sensaciones. Funcionaba el desfibrilador, pero Hjulmand lo desenchufó de una entrada al tobillo. Expulsión con media hora por delante. Otra vez tocaba capear el temporal. Se rearmó el Atlético con Cardoso y Le Normand. No quedó otra que tirar de oficio, de eso va sobrado el equipo de Simeone. Y fue suficiente para sobrevivir. No logró su séptima victoria consecutiva, pero se llevó una lección de supervivencia ajena y propia. De los males, el mejor.