Aguado rompe su silencio de su juicio por agresión sexual: «La justicia pondrá todo en su sitio»
La Fiscalía le pide nueve años de cárcel a Álvaro Aguado
El futbolista defiende su inocencia y salió a redes sociales para explicar cómo ha vivido estos meses
Álvaro Aguado niega haber violado a una empleada del Espanyol y asegura que fue “sexo consentido”
Álvaro Aguado ha roto su silencio. La Fiscalía pidió nueve años de prisión al exjugador del Espanyol después de ser acusado de agresión sexual a una trabajadora del club en el baño de una discoteca de Barcelona en junio de 2024. El ministerio público pide también que el futbolista indemnice con 65.000 euros a la víctima por el daño moral y las secuelas psicológicas causadas por la agresión sexual. Un infierno del que Aguado decidió salir públicamente.
Cabe precisar que hasta el 20 de mayo no se notificó a las partes la apertura del juicio oral dando traslado a las partes para presentar sus escritos de calificación. Por tanto, cuando Álvaro Aguado colgó el video el jueves 14 de mayo, no había apertura de juicio oral ni escrito de calificación de la Fiscalía que, por cierto, sí filtró un mes antes: a fecha 20 de abril. Cabe recordar que en el auto de la Audiencia se manifiesta que el auto de procesamiento era técnicamente mejorable y que podría haber sido archivada la causa.
«No es nada fácil hablar en público de algo así y de antemano os pido perdón si en algún momento no me expreso de la mejor manera. Durante mucho tiempo he dudado si debía hablar públicamente sobre algo que, aunque sea un proceso lento, la justicia terminará poniendo todo en su sitio. Pero después de todo lo vivido y tras una semana de reflexión por las últimas noticias que salieron, siento que ha llegado el momento de hablar», comenzó Álvaro Aguado.
«No puedo esperar más, porque callar también tiene consecuencias. No puedo seguir callado viendo cómo se utiliza el morbo a través de manipulaciones, filtraciones interesadas, titulares sensacionalistas y noticias que ignoran deliberadamente la presunción de inocencia. Todo ello para condicionar a la opinión pública. Hace un año que mi vida se paró de golpe y desde entonces no he podido ejercer mi profesión por una acusación gravísima. He tenido que aprender a vivir con un juicio paralelo, alimentado por informaciones sesgadas y distorsionadas antes de que la justicia pueda pronunciarse», valoró.
«Eso provoca que incluso resulte extraño cuando amigos y familiares me ven tranquilo a pesar del infierno que estoy viviendo, porque con lo que sale en prensa lo normal sería estar hundido. Mi estado de ánimo no depende de los titulares, depende de conocer toda la realidad del caso, de saber que solo se está difundiendo una versión, una versión que no cuenta, lo que vieron los testigos directos que han declarado en el juzgado, ni las incoherencias e inexplicables lagunas en la declaración de la denunciante, ni las contradicciones entre su versión y la de los testigos allí presentes, ni el informe médico inicial que acredita que no hubo ni un solo signo de agresión», añadió.
«Por no hablar de que la denuncia se presentó siete meses después, cuando ya se habían borrado las grabaciones de las cámaras, justo aquello que había permitido conocer con claridad lo sucedido. Y es que si la opinión pública conociera la información que ya forma parte del procedimiento, entendería que la realidad difiere mucho del relato que se ha difundido. Por eso confío plenamente en la justicia y deseo que el juicio llegue cuanto antes para que se pueda acceder a toda la información donde se analizarán en profundidad los hechos, las pruebas y los testimonios, donde se sabrá la verdad de lo ocurrido y quién es realmente la víctima», comentó.
Álvaro Aguado, convencido de su inocencia
Álvaro Aguardo prosiguió explicando: «Mientras ese momento llega, existe una realidad muy dura y es que el daño social y profesional comienza mucho antes de que exista una resolución judicial y cada fase del proceso se convierte en una nueva oportunidad para seguir señalando y desprestigiando. Sé que esto no es algo contra mí, que hoy lo sufro yo, pero antes lo han vivido otras personas. Se utiliza mi profesión para convertir el sufrimiento de una persona en carne de titulares. ¿Pero dónde está el límite entre el interés informativo y el daño injustificable que te pueden hacer? ¿En qué momento dejamos de informar para empezar a destruir personas? La libertad de información no debería ser un cheque en blanco para atropellar derechos fundamentales», admitió Álvaro Aguado.
«Le he dado mil vueltas y sigo sin encontrar una respuesta. No hay lógica posible que justifique que alguien cause tanto daño de esta manera. No hay forma de comprender qué puede pasar por la cabeza de quien utiliza herramientas que deberían servir para protegernos como sociedad, para atacar a otro ser humano. Pero la realidad es que tampoco me corresponde a mí explicar qué es lo que lleva a alguien a actuar así. No pienso que esto sea un tema de hombres o mujeres. Es un tema de personas, de personas buenas y personas malas. Porque cualquiera puede destrozarle la vida a otro de muchas maneras: con violencia, con abuso o con manipulación. Sé que es un asunto muy sensible, creedme. Y no vivo ajeno a la realidad. Hay delitos y quien los comete debe responder por ellos, tanto quien agrede como quien miente, porque ambos pueden destrozar una vida».
«Nadie merece vivir con miedo. Ni una mujer por ser agredida, ni un hombre por ser falsamente acusado. Es muy duro cargar con la obligación de justificarte, tener que dar explicaciones, ver invadida tu vida privada y sentir que pueden hacer contigo lo que quieran, sentirte vulnerable e indefenso. En medio de todo esto hay tres cosas que me están sosteniendo. La primera es saber quién soy y quién no soy. Porque verdad solo hay una. Y aunque el proceso sea lento, esa certeza es la que me permite seguir adelante con la cabeza muy alta».
El dolor de Aguado
«La segunda es mi familia. Tengo la suerte de venir de una familia estructurada y de tener a mi mujer y mi hija que junto a mis padres y mi hermano y por supuesto, el apoyo psicológico, están siendo mi sostén en este infierno. Y no puedo evitar pensar en quienes no cuentan con esa red. El insoportable que sería recorrer un camino así, en soledad, y en todo lo que pudiera llegar a pasar por la cabeza de una persona. La tercera es la pasión por mi trabajo, porque nunca he dejado de prepararme. Ahora no hay focos, pero sigo trabajando cada día con la convicción de estar preparado para cuando llegue la oportunidad», siguió Álvaro Aguado.
«Si alguien es culpable de algo tan grave como lo que a mí me acusan, todos tenemos claro que se debe proceder con el mayor rigor que marque la ley. ¿Pero si soy absuelto y por tanto queda acreditado que he sido víctima de todo esto, también deberíamos preguntarnos quién me devuelve todo ese tiempo? ¿Quién repara el daño en mi familia? ¿Quién repara mi reputación por completo de la sombra de haber sido acusado de algo tan repugnante? Responderá quien provocó todo esto por el daño causado. Porque es muy triste lo barato que puede salir hacer algo así cuando no existen consecuencias reales. Y quien usa una causa tan seria como la violencia sexual para hacer daño, no solo puede destrozar a un inocente, también ensucia la lucha legítima de las mujeres que sí han sido agredidas y merecen protección, credibilidad y respeto», dijo.
«Lo que yo estoy viviendo nadie me lo va a devolver, pero ojalá sirva para que otro ser humano no tenga que atravesar el mismo infierno. Todo esto también me ha obligado a mirar hacia adentro. Antes me valoraba por mi profesión, por mis resultados. Hoy sé que el valor de una persona va mucho más allá de eso. Lo que realmente permanece no son los reconocimientos externos, es la forma en la que actúas cuando la vida te pone a prueba. Gracias a quienes confían en mí y a quienes saben esperar con prudencia hasta conocer la verdad. A quienes me señalan sin saber. Solo le deseo una cosa: que nunca, ni ellos ni sus seres queridos, tengan que pasar por algo así. Lo digo de corazón», valoró Álvaro Aguado.
«El miedo, la vergüenza, la rabia, la impotencia, el dolor y el daño recibido son tan grandes que ni siquiera alguien sin escrúpulos merecería vivir algo parecido. Porque nadie merece esto. Absolutamente nadie. Y a veces solo basta con cruzarte con la persona equivocada para que puedan destruirte la vida. Y eso es lo que más asusta. Que a cualquiera le puede pasar. Cada día que pasa es un día menos para que todo se sepa y pueda empezar a reconstruir lo que injustamente se me arrebató. Mientras tanto, seguirá adelante y, aunque sea en medio de un infierno, afronto cada día con la esperanza de volver cuanto antes a la normalidad, recuperar mi vida y seguir luchando por mis sueños», concluyó.