La psicología aclara que las personas que disfrutan de verdad de su pareja, sus amigos y sus pequeños momentos no necesitan publicar cada detalle de su vida para demostrar que son felices
No todo el mundo necesita compartir su vida en redes para demostrar que son felices
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Las redes sociales se han convertido en algo que forma parte de nuestra rutina y son muchos los que aprovechan cualquier ocasión para compartir una fotografía. No hablamos solo de los llamados influencers, también la gente en general se ha acostumbrado a compartirlo todo. Pero también hay quienes pasan semanas, e incluso meses, sin publicar nada. No es que tengan una vida menos interesante o que no disfruten de sus relaciones personales, sino que prefieren mantener ciertos momentos en la intimidad. La psicología ha querido tocar el tema, apuntando a varios factores que pueden explicar esta conducta.
Y entre esos factores, podemos encontrar la autoestima y la importancia que concedemos a la opinión de los demás, ya que hemos llegado a un punto en el que parece que todo merece una publicación. Desde una celebración especial hasta un plan de lo más corriente. Sin embargo, no todo el mundo tiene esa costumbre. Para algunas personas, hacer una fotografía es simplemente una forma de guardar un recuerdo, sin necesidad de enseñárselo después a sus seguidores.
La psicología explica por qué algunas personas no necesitan mostrar su felicidad en redes sociales
En un vídeo de TikTok de la cuenta @curiositypsychology se ha publicado un vídeo en el que se plantean tres motivos por los que algunas personas apenas comparten contenido sobre su vida privada. El primero de ellos tiene que ver con el autoconcepto, que es la percepción que tenemos de nosotros mismos. Cada foto que subimos por ejemplo a Instagram queda expuesta a las reacciones de quienes la ven y muchas personas, aunque no lo parezca, terminan dando demasiado valor a los likes que le dan, o los comentarios que le hacen. Se fijan en cuántos usuarios han visto una historia o se preguntan por qué determinada fotografía ha recibido menos interacciones de las esperadas.
Quienes no tienen costumbre de publicar se mantienen al margen de esa dinámica. Pueden disfrutar de una celebración, hacer fotografías y conservarlas sin preocuparse de si gustarán a los demás. También influye la privacidad. Hay personas a las que no les importa mostrar con quién salen o dónde pasan sus vacaciones, mientras que otras prefieren reservar esa información para su entorno más cercano.
Disfrutar de la pareja y los amigos sin estar pendiente del móvil
Otra de las explicaciones tiene que ver con la atención que prestamos a lo que sucede a nuestro alrededor. Basta con observar cualquier restaurante para comprobar hasta qué punto el teléfono forma parte de nuestras reuniones. Fotografiamos la comida, grabamos vídeos y compartimos historias mientras estamos con otras personas. Son gestos habituales que no tienen por qué resultar perjudiciales, siempre que no terminen desplazando aquello que hemos ido a disfrutar.
El problema aparece cuando estamos más preocupados por conseguir una buena publicación que por prestar atención a quienes tenemos delante. Algunos estudios sobre el uso del móvil han analizado cómo las interrupciones digitales pueden afectar a la concentración y a las relaciones personales. Consultar constantemente las notificaciones durante una conversación, por ejemplo, dificulta mantener la atención en lo que nos están contando.
Las personas que apenas publican pueden dar prioridad a esa experiencia directa. Prefieren pasar una tarde con su pareja, charlar con amigos o disfrutar de unas vacaciones sin pensar en qué fotografía compartirán después. Además, no todos los recuerdos importantes tienen que corresponder a grandes acontecimientos. Una sobremesa familiar, una conversación inesperada o un paseo pueden ser suficientes para pasar un buen día.
La importancia de la autoestima y de no depender de los ‘me gusta’
El tercer motivo señalado en el vídeo está relacionado con la validación externa, una cuestión que también aparece en los estudios sobre autoestima y redes sociales. Recibir comentarios positivos puede producir satisfacción, pero el inconveniente surge cuando una persona necesita esas respuestas para sentirse valorada o empieza a comparar continuamente su vida con la de otros usuarios.
Quienes no sienten la necesidad de publicar cada experiencia pueden dar menos importancia al reconocimiento que reciben en internet. Su satisfacción procede de lo que hacen y de las relaciones que mantienen, sin que resulte imprescindible compartirlo con sus seguidores. Por ejemplo, después de unas vacaciones hay quien prepara un álbum para Instagram y quien guarda las fotografías para enseñárselas únicamente a su familia.
Ambas opciones son válidas, pero responden a maneras distintas de gestionar la exposición pública. La diferencia está en si compartir esas imágenes es algo que realmente apetece hacer o se ha convertido en una obligación para demostrar que se disfruta de una buena vida.
¿Son más felices las personas que no publican nada en redes sociales?
No existe una relación automática entre publicar poco y ser más feliz. Tampoco puede afirmarse que quienes comparten fotografías tengan una autoestima más baja. Muchas personas utilizan Instagram para mantener el contacto con amigos, compartir aficiones o guardar recuerdos. Otras no publican por timidez, falta de tiempo o porque prefieren mantener su intimidad.
Lo que plantea esta reflexión es que la felicidad no necesita hacerse pública para ser real. Las redes sociales permiten enseñar una parte de nuestra vida, pero no muestran necesariamente cómo es en realidad. Y tener pocas publicaciones no significa tener pocas experiencias que recordar.
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