Friedrich Nietzsche, filósofo alemán, sobre la vida: «Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo»
La sociedad actual se caracteriza por la prisa y la inmediatez, las cuales, según Friedrich Nietzsche, se pueden convertir en un enemigo silencioso del pensamiento y del bienestar
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La sociedad actual se caracteriza por la prisa y la inmediatez, las cuales, según Friedrich Nietzsche, se pueden convertir en un enemigo silencioso del pensamiento y del bienestar. A finales del siglo XIX, una época en la que la modernidad industrial poco a poco empezaba a despuntar, el filósofo alemán lanzó una advertencia que cobra mucho sentido hoy en día: «Os falta el ocio: la maldita prisa os arrastra de un lado a otro. Creéis que la prisa es una virtud. Vuestro apresuramiento os impide pensar». En su ensayo Así habló Zaratustra, reflexionaba acerca de cómo las personas empezaban a confundir movimiento con sentido y velocidad con virtud.
Hoy en día, el tiempo se ha convertido en un recurso escaso y, por ende, valioso. La digitalización y la automatización ofrecen eficiencia, pero muchas veces lo que consiguen es aumentar la velocidad a costa del pensamiento crítico y la contemplación. Cada correo electrónico, mensaje y notificación nos empuja a actuar con urgencia, lo que, según Nietzsche, supone un grave riesgo para la mente y el espíritu. Pensar requiere distancia y lentitud, pero la prisa erosiona la capacidad de juicio.
El filósofo alemán no se refería únicamente a la velocidad física o el trabajo acelerado, sino también a la prisa mental, esa necesidad interna de llenar cada instante con actividades sin un objetivo claro. La frase de finales del siglo XIX advierte de la institucionalización de la prisa y de cómo esta ha creado lo que algunos expertos denominan cultura de la superficialidad. Hoy en día, más de 140 años después, consumimos noticias y opiniones, pero rara vez nos damos el tiempo suficiente para digerirlas con calma.
En este sentido, las palabras del filósofo alemán son una invitación a replantear nuestra relación con el tiempo y la tecnología. No se trata de rechazar el proceso de transformación digital, sino de encontrar un equilibrio que permita hacer uso de las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, preservar la creatividad, el pensamiento crítico y el bienestar emocional. Tomarse un descanso, desconectar de las redes sociales y valorar la lentitud como una virtud son formas de aplicar la reflexión de Nietzsche para evaluar nuestro propio ritmo.
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