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La cita del día de Confucio sobre la persistencia y el esfuerzo: «No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas»

En un mundo cada vez más obsesionado con los resultados inmediatos, recordamos una de las frases más icónicas de Confucio: «No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas». Las redes sociales han provocado un clima de éxito irreal que puede llegar a provocar problemas mentales, sobre todo en los más jóvenes, que buscan una comparación constante.

En redes sociales, la gente suele subir el resultado de sus procesos y el éxito que les trae con ellos. El consumidor de redes se ve desbordado por una gran cantidad de contenido ajeno de éxito, generando una ilusión de que es algo fácil de conseguir.

Uno de los ejemplos más comunes en gente joven tiene que ver con el culto al cuerpo y los gimnasios, donde en redes se muestra el resultado de este, pero no el proceso y el tiempo necesario que ha tomado conseguirlo.

Claves del pensamiento

Confucio defiende un pensamiento donde la velocidad pasa a un segundo plano y lo que se busca es la constancia en el tiempo. Cuando dejas de avanzar, retomar el rumbo y volver a coger inercia cuesta el doble de energía. El pensador mantenía que seguir un movimiento, aunque sea de forma mínima, conserva el impulso.

Dar un paso más en el desierto siempre cuenta. Escribir una sola línea, correr cinco minutos o leer una página ya es un paso más hacia tu objetivo que generará un hábito, haciendo que con el tiempo los pasos sean más grandes.

La prisa suele nacer de mirar el ritmo de los demás. La filosofía oriental invita a la introspección: tu única competencia eres tú mismo ayer. Desarrollar maestría en un área requiere de tiempo de maduración y repetición. Otro factor a tener en cuenta es que quien corre demasiado al principio se cansa rápido. ¿A quién no le ha pasado que empieza a hacer cosas como correr o hacer dieta, se le vuelve un mundo y no es capaz de prolongarlo en el tiempo porque le parece demasiado duro? Es preferible ir más lento, pero convertirlo en un hábito.

Uno de los miedos más grandes del ser humano es el fracaso. En el confucianismo, no detenerse también significa no dejar que los tropiezos te frenen. El error es parte del camino, no el final, y sirve como herramienta para ajustar la marcha. Avanzar lento te permite evaluar fallos y mejorar tu estrategia sin destruirte en el proceso.