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Aristóteles, filósofo: «El pensamiento condiciona la acción, los hábitos estructuran el carácter y el carácter marca el destino»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Aristóteles nació en el año 384 a. C. en Estagira, una pequeña población de Macedonia situada cerca del monte Athos. Durante su juventud se trasladó a Atenas para formarse en la Academia de Platón. La profundidad y la diversidad de sus ideas fueron tan extraordinarias que tuvieron que transcurrir cerca de dos milenios para que aparecieran pensadores de una dimensión intelectual comparable.

A lo largo de ese tiempo, su autoridad filosófica se consolidó y sus enseñanzas marcaron profundamente la historia del pensamiento. Aunque se calcula que escribió alrededor de 200 tratados, de los que sólo se  conservan 31, sus reflexiones han perdurado a lo largo de los siglos y siguen siendo objeto de estudio en la actualidad.

«El pensamiento condiciona la acción, los hábitos estructuran el carácter y el carácter marca el destino»

Para comprender la enseñanza de Aristóteles, es necesario analizar paso a paso su planteamiento sobre la causalidad psicológica. Según el filósofo griego, toda acción humana parte de una intención, una idea o una creencia previa. Esto se refleja tanto en nuestra reacción ante una noticia desagradable como en la forma en que nos relacionamos con personas desconocidas. En otras palabras, nuestros pensamientos influyen directamente en la manera en que actuamos.

Cuando una forma de actuar se repite de manera constante, acaba convirtiéndose en un comportamiento habitual. Un ejemplo cotidiano es levantarse temprano de lunes a viernes para acudir al trabajo. Al principio, este tipo de acciones puede requerir un esfuerzo consciente, pero, con la repetición, terminan realizándose casi de manera automática, hasta transformarse en hábitos. Algo tan sencillo como detenerse ante un semáforo en rojo ilustra cómo determinadas conductas llegan a formar parte de nuestra rutina.

Los hábitos que desarrollamos a lo largo de la vida contribuyen a definir nuestro carácter, ya que Aristóteles consideraba que éste no aparece de forma espontánea, sino que se construye con el tiempo a través de nuestras decisiones y acciones. Si acostumbramos a afrontar las dificultades con paciencia, desarrollaremos una mayor capacidad de resistencia. Si recurrimos habitualmente a la mentira, estaremos alimentando una forma de actuar basada en el engaño.

Del mismo modo, nuestras decisiones y nuestra manera de comportarnos pueden influir en las consecuencias que afrontamos en el futuro. Esta reflexión plantea un ciclo en el que los pensamientos orientan nuestras acciones, las acciones repetidas forman nuestros hábitos y estos, a su vez, contribuyen a moldear nuestro carácter y el rumbo de la vida.

Por otro lado, Aristóteles defendía que «la felicidad depende de nosotros mismos». Desde esta perspectiva, la felicidad no depende únicamente de las circunstancias externas o de la suerte, sino también de cómo elegimos actuar. En este sentido, el filósofo formuló la doctrina del término medio, según la cual la virtud consiste en encontrar un equilibrio entre dos extremos: el exceso y la carencia.

La virtud aristotélica

La idea aristotélica de la virtud nos ofrece una referencia moral a la hora de tomar decisiones y nos ayuda a actuar con prudencia y sensatez. Sin embargo, Aristóteles aclaraba que el punto medio no tiene por qué situarse exactamente a la misma distancia de ambos extremos, sino que depende de las circunstancias.

En el ser humano, la virtud representa la excelencia de su parte esencial: el alma. Según Aristóteles, esta estaba formada por dos dimensiones, una racional y otra irracional. Para alcanzar la virtud, la parte irracional debía guiarse por los principios de la razón. Trasladada a términos actuales, esta idea implica que la excelencia humana se consigue cuando nuestras acciones están orientadas por el pensamiento racional y la capacidad de reflexionar antes de actuar.

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