Curiosidades
Tóxico

En los años 80 estaban en todos los armarios de España para proteger la ropa: hoy están prohibidas en varios países de la UE por cancerígenas

Las bolas de naftalina fueron durante décadas un clásico de los armarios españoles: pequeñas esferas blancas que se colocaban entre la ropa guardada para ahuyentar a las polillas, el moho y los pececillos de plata.

Hoy, sin embargo, varios países de la Unión Europea las tienen prohibidas o restringidas, después de que distintos organismos internacionales las clasificaran como posibles cancerígenas.

Una investigación de la Universidad de Colorado en Boulder identificó un mecanismo probable detrás de ese efecto cancerígeno, tanto en las bolas de naftalina como en algunos ambientadores del hogar. La Unión Europea prohibió en 2008 la venta de las bolas que contienen naftaleno, uno de los dos componentes químicos más habituales en este tipo de productos.

De qué están hechas las bolas de naftalina

Las formulaciones más antiguas se elaboraban casi enteramente con naftaleno, pero su alta inflamabilidad llevó a la industria a reemplazarlo, en muchos casos, por 1,4-diclorobenceno, una sustancia algo menos inflamable aunque igual de tóxica. Este último ingrediente aparece etiquetado con distintos nombres —paradiclorobenceno, p-diclorobenceno, PDB— lo que dificulta identificarlo en el envase.

Ambos compuestos comparten el olor fuerte, dulzón y penetrante que se asocia a estos productos. Los dos pasan del estado sólido al gaseoso sin licuarse, un proceso llamado sublimación: ese gas resulta tóxico para las polillas y sus larvas, y es también el que respiran las personas que conviven con la ropa guardada.

Su uso correcto exige guardarlas dentro de recipientes herméticos, hechos de plásticos como el polietileno o el polipropileno, ya que otros materiales pueden degradarse con el contacto. Si el envase no cierra bien, los vapores se escapan al ambiente en lugar de concentrarse sobre la ropa.

Aunque se venden sobre todo para proteger tejidos, también se han usado de forma habitual —y a menudo ilegal— como repelente de roedores, serpientes o ardillas al aire libre, un empleo que multiplica los riesgos para personas, mascotas y el medio ambiente.

Por qué se consideran cancerígenas

El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, clasifica al naftaleno como posible cancerígeno para los seres humanos, y el estado de California incluye al 1,4-diclorobenceno entre las sustancias «conocidas por causar cáncer». A esos riesgos se suman posibles daños en el hígado y en los riñones, cataratas y efectos neurotóxicos.

Según el Centro Nacional de Información sobre Pesticidas (NPIC, por sus siglas en inglés), la exposición a los vapores puede provocar dolores de cabeza, náuseas, mareos y vómitos, y en casos de inhalación o ingestión prolongada puede derivar en anemia hemolítica, sobre todo en personas con una deficiencia enzimática hereditaria.

El organismo advierte, además, de que los niños pequeños corren especial riesgo de tragarlas, porque su forma y color recuerdan a un caramelo.

Alternativas más seguras a la naftalina

Frente a estos riesgos, existen métodos para proteger la ropa sin recurrir a la naftalina: la limpieza en seco, la congelación de las prendas, el lavado con agua caliente y un aspirado minucioso de armarios y cajones ayudan a eliminar huevos y larvas de polilla sin necesidad de químicos tóxicos.

El alcanfor es otra alternativa habitual, sobre todo en China, y a diferencia del naftaleno no se considera cancerígeno, aunque sigue siendo tóxico en dosis altas. La madera y el aceite de cedro rojo, así como las trampas de feromonas, completan la lista de opciones más seguras para mantener la ropa a salvo de plagas.