Manuel Carrasco recibe la Medalla de Andalucía y lo celebra con un concierto en Sevilla
Las entradas para este concierto, que ha tenido lugar en el Palacio de Exposiciones y Congresos (FIBES), se agotaron en media hora. Muchos de sus fans se quedaron sin localidades y pedían una solución al respecto, por lo que el artista volverá a actuar en la capital hispalense el 11 de junio. Esta vez en un recinto con mucha más capacidad, el Estadio Olímpico.
Corazones y globos esperaban a Manuel. El público, tocando las palmas a compás, se animaba minutos antes de que el cantante saliera al escenario. Cuando los músicos empezaron a tocar las primeras notas FIBES se agitaba. Y por fin, un Manuel Carrasco nervioso pero feliz salía al escenario.
Su entrada fue potente, con dos de las canciones que tienen más fuerza en su repertorio, Tambores de guerra y Aprieta. Pero el de Isla Cristina poco tardaba en recurrir a uno de los temas más íntimos de su último disco. “La letra de esta canción surgió como un poema que escribí en uno de esos cuadernos que vosotros [sus fans] me habéis ido regalando. Pero al encontrarme de nuevo con lo que escribí me di cuenta de que ese poema tenía música. De ahí nació Pequeña sonrisa sonora”.
El artista fue intercalando éxitos de discos anteriores con temas de su nuevo disco, Bailar el viento, álbum en el que canta “a los que viven y sobreviven”. Una de las canciones que no podía faltar era Mujer de las mil batallas, sencillo que el cantante dedicó “a aquellas mujeres y hombres que están librando una batalla” contra el cáncer.
Bailar el viento y Uno por uno sonaron antes de que Manuel Carrasco se sumergiera en uno de los momentos más íntimos del concierto. Acompañado de un cajón flamenco y una armónica interpretó Menos mal, una de las canciones con más sensibilidad de su repertorio.
Pero el onubense, como viene siendo una tradición en sus conciertos y “aprovechando que el carnaval apenas se ha ido” cantó uno de los pasodobles que más le representan. Una letra que le lleva a su infancia, Soy afortunado. “Mi padre trabajaba en la mar y mi madre en las fresas para poder sacar adelante a sus cinco hijos. Yo podía ir al comedor del colegio gracias a que los asuntos sociales lo pagaban, cosa que ahora no pasa. Esta letra va dedicada a mis padres, ellos son mi guía, mi gran medalla de Andalucía”, dice.
Tras esta canción el público se rinde a sus pies, y mientras que Manuel se giraba para tomar un sorbo de agua, FIBES empieza a entonar el himno de Andalucía. El artista, emocionado tras haber recibido la medalla de su tierra, se ponía de rodillas para agradecer este reconocimiento. “Es mucho más de lo que nunca hubiera soñado”, afirma.
Las canciones se siguen fundiendo entre él y su público. Y cuando parecía que el concierto había terminado, tras unos aplausos de más de diez minutos que pedían que el artista volviera a salir, un piano de pared aparece en el escenario, y tras él, Manuel, que interpreta varios temas en acústico.
Por último, tras haber hecho tres bises, el cantante dedica una canción a Sevilla. “Me vais a permitir que os cante una letrilla que he escrito esta tarde por bulerías”. Y cómo no se lo iban a permitir…
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