EDUCACIÓN Y MODALES

Jose Coronado (69 años), actor español: «En mi generación aprendías sobre la cortesía, el concepto de respeto y un saber estar viendo a nuestros padres»

El actor Jose Coronado viene a decir con su gran reflexión que la cortesía se hereda y se hereda con el ejemplo

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José Coronado en 'El problema final'. (Foto: Netflix)
Elena García

Nadie les dio un manual. No hubo asignatura ni charla solemne en el salón. Los niños de hace seis décadas aprendían a comportarse mirando: cómo saludaba su padre al vecino en el rellano, cómo cedía su madre el asiento, cómo se bajaba la voz en la mesa cuando hablaban los mayores. La educación entraba por los ojos, sin que nadie se diera cuenta de que estaba enseñando.

Esa es la imagen que evoca Jose Coronado, actor español de 69 años, cuando mira hacia atrás: «En mi generación aprendías sobre la cortesía, el concepto de respeto y un saber estar viendo a nuestros padres».

La escuela de los valores de Jose Coronado

La frase no habla de normas, habla de ejemplo. Y ahí está su fuerza. El respeto, tal como lo describe, no se transmitía a base de sermones, sino a través de la observación diaria de unos adultos que lo practicaban sin proclamarlo. Un «buenos días» dicho de verdad. Una puerta sostenida para quien venía detrás. Un silencio a tiempo.

El «saber estar», esa expresión tan española y tan difícil de traducir, es probablemente lo que mejor resume el aprendizaje del que habla. No es etiqueta ni protocolo, sino la capacidad de ocupar un lugar en el mundo sin molestar y sin desaparecer, de entender qué se espera de uno en cada situación y de actuar con naturalidad.

Aprender mirando

Hay algo casi invisible en este tipo de enseñanza. Quien la recibe no recuerda el día en que la aprendió, porque no hubo tal día. Se fue depositando poco a poco, gesto a gesto, hasta convertirse en una forma de ser. Por eso resulta tan duradera, y por eso mismo tan exigente para quienes la transmiten: los niños copian lo que ven, no lo que se les dice.

La reflexión de Coronado, leída con atención, contiene también una pregunta que se deja caer sin subrayarla. Si la cortesía se aprendía mirando a los padres, ¿qué estamos mostrando hoy a quienes nos miran?

Otro tiempo, las mismas preguntas

Sería fácil convertir esta frase en una queja nostálgica, en el viejo «antes se hacían las cosas mejor». Pero el sentido de sus palabras apunta a otro lugar. No habla de una época perfecta, sino de un mecanismo: la educación como herencia que se transmite en casa, a través de lo cotidiano.

Y ese mecanismo sigue funcionando hoy, para bien y para mal. Los hijos de cualquier generación aprenden el trato con los demás observando cómo se trata a los demás en su casa. Las pantallas, las prisas y los horarios han cambiado el escenario, pero no han cambiado al espectador.

La lección que queda

Quizá por eso la frase resulta tan reconocible para tantas personas. Casi todos podemos recordar a alguien, un padre, una abuela, un vecino, de quien aprendimos sin saberlo cómo se trata a la gente. Gestos pequeños que no figuran en ningún libro y que, décadas después, siguen guiando la manera de entrar en una habitación. La cortesía, viene a decir Coronado, se hereda. Y se hereda con el ejemplo.