Ana Obregón no consigue vender su paraíso mallorquín: rebaja 10 millones y se rompe al hablar de sus recuerdos
Ana Obregón vive un verano de emociones encontradas en Mallorca
La presentadora reconoce que regresar a El Manantial, la finca familiar que está a la venta, despierta recuerdos muy dolorosos
La propiedad, que llegó a ponerse a la venta por 35 millones de euros, habría rebajado ahora su precio
Ana Obregón está viviendo un verano de esos en los que la felicidad y la nostalgia se dan la mano. La actriz y presentadora disfruta estos días de Mallorca junto a la pequeña Anita, con la que no para de hacer planes entre la playa y la piscina. No obstante, regresar a la isla también significa enfrentarse a los recuerdos de toda una vida. Ana ha hablado ante las cámaras de cómo está viviendo estas semanas y, especialmente, de la situación de El Manantial, la espectacular finca familiar que durante más de cinco décadas fue el gran refugio de los García Obregón y que ahora afronta sus últimos veranos en manos de la familia. Con una sonrisa y cargada de equipaje, la presentadora ha reconocido que está disfrutando mucho de su nieta, aunque detrás de esa felicidad hay una parte mucho más emocional: «Es que sabes qué pasa, que son sentimientos muy encontrados. Tengo las sonrisas que tapan el dolor, los recuerdos de mis padres, de mi niño», ha confesado. Una frase que resume lo complicado que resulta para ella disfrutar de un lugar que durante tantos años estuvo asociado a los momentos más felices de su vida.
Mientras tanto, Anita se ha convertido en una de las grandes protagonistas de sus vacaciones. Ana no puede ocultar su entusiasmo cuando le preguntamos por la pequeña: «Fenomenal. Está para comérsela», asegura, antes de explicar que ambas están aprovechando el verano al máximo. «Sí, no para, estamos todo el día playa, piscina», cuenta entre risas. Eso sí, la presentadora también tiene que sacar tiempo para trabajar y reconoce que está haciendo auténticos malabarismos para compaginarlo todo. «Y trabajo, claro y trabajo», responde cuando le recordamos que sus vacaciones también tienen un hueco para sus compromisos profesionales. Una rutina que parece llevar con naturalidad, aunque durante nuestro encuentro incluso necesita ayuda para cargar la maleta antes de subirse al taxi. Una escena cotidiana que contrasta con la enorme carga emocional que tiene para ella este verano, especialmente porque cada regreso a Mallorca trae consigo recuerdos de sus padres y de Aless.