En 1961, Robert Redford compró dos acres en Utah para su familia. Más tarde compró un cañón y lo convirtió en Sundance, un refugio para las artes y la conservación
Robert Redford falleció en 2025 a los 86 años, dejando atrás un legado muy importante
Su familia heredó una gran fortuna e hizo muchos esfuerzos por mantener todo el patrimonio
Hubo algunas propiedades que salieron a la venta meses después de la muerte del actor
Mucho antes de que su nombre quedara ligado para siempre al cine independiente, Robert Redford encontró en Utah un lugar al que terminaría dedicando una parte fundamental de su vida. El actor, director y productor descubrió en Provo Canyon un paisaje que le permitió alejarse del ruido de Hollywood y construir un proyecto en el que las artes y la protección de la naturaleza convivieran en un mismo espacio.
La historia comenzó en 1961, cuando Redford y su entonces mujer, Lola Van Wagenen, compraron dos acres de terreno en la zona. La intención inicial era mucho más sencilla: disponer de un lugar donde levantar su vivienda familiar y disfrutar de un entorno alejado de las grandes ciudades.
Sin embargo, aquella primera adquisición acabaría siendo mucho más importante de lo que ninguno de los dos podía imaginar. Aquel pequeño terreno fue el punto de partida de una relación de décadas entre Redford y las montañas de Utah, un vínculo que terminaría dando forma a Sundance.
El actor encontró su lugar lejos de Hollywood
Robert Redford ya conocía Provo Canyon antes de convertirse en propietario de aquellas tierras. Durante su juventud había acampado en la zona y había quedado impresionado por sus paisajes. La tranquilidad del lugar contrastaba con el mundo al que terminaría perteneciendo y que, con el paso de los años, lo convertiría en una de las grandes estrellas del cine.

El éxito de películas como Dos hombres y un destino le permitió disponer de los recursos necesarios para ampliar aquel proyecto inicial. Redford comenzó entonces a adquirir una extensión mucho mayor de terreno, con una preocupación que se convertiría en una de las señas de identidad de su iniciativa: evitar que el desarrollo inmobiliario terminara transformando el paisaje.
Su intención no era simplemente construir una gran propiedad privada. El actor quería preservar el carácter natural de la zona y, al mismo tiempo, crear un espacio en el que pudieran desarrollarse distintas disciplinas artísticas.
De esa visión nació una filosofía que resumía buena parte de su manera de entender el proyecto: «Construir poco y conservar mucho». Una máxima que reflejaba la voluntad de intervenir lo menos posible sobre el entorno.
Sundance, mucho más que una propiedad
Con el tiempo, el proyecto fue creciendo hasta convertirse en Sundance, un enclave vinculado al cine, las artes y la naturaleza. Robert Redford quiso que aquel lugar no fuera únicamente un refugio personal, sino también un punto de encuentro para artistas.
La idea cobró especial fuerza a finales de los años setenta. En 1979, después de asistir a un certamen cinematográfico celebrado en Salt Lake City, el actor comenzó a imaginar un espacio que pudiera servir de apoyo a cineastas que buscaban desarrollar sus proyectos lejos de las presiones habituales de la industria.
La apuesta estaba dirigida especialmente hacia quienes necesitaban libertad para experimentar. Sundance ofreció talleres, residencias para guionistas y espacios de formación, además de la posibilidad de trabajar junto a profesionales de reconocido prestigio.
Aquella filosofía terminaría teniendo una enorme importancia para el cine independiente estadounidense. Redford defendía que los nuevos creadores necesitaban un entorno donde pudieran desarrollar sus historias sin estar sometidos desde el primer momento a las exigencias comerciales de los grandes estudios.
El proyecto artístico y cinematográfico se convirtió así en otra forma de entender su legado. No se trataba únicamente de producir películas, sino de crear oportunidades para quienes todavía no habían encontrado un espacio dentro de la industria.
Conservar y respetar la naturaleza
Según nuestros datos, Sundance nunca se limitó al ámbito cinematográfico. Para Redford, la protección del paisaje era inseparable de su proyecto. La conservación del entorno se convirtió en una de las grandes prioridades de su iniciativa en Utah.
En 1982 fundó además un organismo destinado a favorecer el diálogo entre la industria energética y los grupos medioambientales. El objetivo era buscar fórmulas que permitieran afrontar el desarrollo económico sin asumir como inevitable la destrucción de los espacios naturales.
Esta preocupación acompañó al actor durante buena parte de su trayectoria. Frente a la expansión inmobiliaria y a la explotación indiscriminada de los recursos, Robert defendió una relación diferente con el territorio.
Un legado que continúa en Utah
El pequeño terreno adquirido en 1961 terminó formando parte de una iniciativa de miles de hectáreas, concebida para preservar el paisaje y, al mismo tiempo, impulsar la creación artística.
Una parte importante de las tierras permanece sometida a medidas de protección permanente. El objetivo es mantener el carácter natural de la zona y evitar que la presión urbanística termine transformando de manera irreversible el territorio.
Por lo tanto, la importancia de Sundance va mucho más allá de la relación de Robert Redford con el cine. Es también el resultado de una decisión personal tomada cuando todavía era una joven estrella que buscaba un lugar para su familia.
El cine independiente, las artes y la conservación quedaron unidos en un mismo paisaje, convirtiendo Sundance en una de las expresiones más reconocibles del legado que el actor quiso dejar fuera de los grandes escenarios de Hollywood.