Felipe de Edimburgo, el último consorte ‘real’
El marido de la reina Isabel habría cumplido cien años en junio
El Duque de Edimburgo, que falleció el viernes a los 99 años de edad, tenía un extenso vínculo con el resto de casas reales europeas, hasta el punto de que Felipe de Edimburgo era, hasta el día de su muerte, el último consorte de sangre azul que aún se mantenía en activo. Un mérito que compartía hasta hace poco con la reina Sofía -hasta la abdicación del rey Juan Carlos-, ya que los demás consortes actuales no tienen vínculos tan directos -por no decir ninguno-, con la realeza.
Aunque el duque de Edimburgo era miembro de la Casa Windsor, lo cierto es que nació como príncipe de Grecia y Dinamarca. Un título que ostentaba gracias a su padre, el príncipe Andrés de Grecia, séptimo hijo de Jorge I y la gran duquesa Olga. Andrés se casó con la princesa germano-británica Alicia de Battenberg, un nombre que luego la familia rebautizó como Mountbatten cuando el sentimiento antialemán por la Primera Guerra Mundial hacía estragos entre la población. Alicia era bisnieta de la reina Victoria, de manera que entre el duque de Edimburgo y la reina Isabel existía un pasado común. El príncipe Andrés y la princesa Alicia se conocieron en Londres en la coronación del rey Eduardo VII en 1902.
En el año 1924, la familia real griega fue destituida y pasaron a vivir como refugiados en las cortes reales de Europa. En esos momentos, fueron muchos los royals europeos que colaboraron en la educación del Príncipe. Primero en Francia, después en Alemania y más tarde en Londres y Escocia, paso previo a unirse a la Royal Navy.
Además de sus vínculos directos con los Windsor -por matrimonio y por antepasados-, la lista de primos hermanos de Felipe de Edimburgo incluía a Elena de Grecia, reina madre de Rumanía; la princesa Irene, miembro de la familia real italiana por su matrimonio con el duque de Aosta; y la princesa Catalina, que se convirtió en una lady inglesa al casarse con un súbdito británico, por el que abandonó su título.
También eran sus familiares la gran duquesa María Pavlovna de Rusia, casada con el príncipe Guillermo de Suecia y su hermano Dimitri Pavlovich, a quien se recuerda por haber participado en el complot para asesinar a Rasputin. El que fuera último rey de Rumanía, Miguel I, también era primo del consorte -como lo era de la reina Sofía- . En Yugoslavia, la princesa Elena, hija del rey Alejandro de Grecia y última reina del país, fue una de las personas más cercanas a Felipe.
Por no hablar de la propia reina Sofía, la otra consorte que, hasta la abdicación de don Juan Carlos, era quien más vínculos mantenía con el resto de familias reales europeas. Cuestión aparte son los monarcas reinantes, también emparentados entre sí gracias a la política dinástica de la reina Victoria, pero esa ya es otra historia.
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