CUIDADO DE LA PIEL

¿Duermes con aire acondicionado? Esto es lo que puede estar haciendo a tu piel

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(Foto: Unsplash)
Lucía Lera
  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

Cuando hace calor, quien puede enciende el aire acondicionado. Es una reacción casi de forma involuntaria, incluso que realizas por inercia cuando las altas temperaturas no permiten disfrutar de un descanso tan placentero como el esperado. Lo que hay que tener en cuenta es la consecuencia que hay detrás de ese simple gesto: sumado al reflejo que esto tendrá en tu factura de la luz, se encuentra el efecto que puede tener para tu piel. Si pensabas que sólo el bolsillo se resentía al dormir con el aire acondicionado encendido toda la noche, espera a ver qué dicen las expertas dermatólogas sobre cómo afecta a tu barrera cutánea. 

Efectos de dormir con el aire acondicionado

Si bien es cierto que el aire acondicionado refresca el ambiente, otra de las acciones que también hace es secarlo. «El aire acondicionado reduce la humedad relativa del ambiente, a veces por debajo del 40%», apunta Esteban Martínez, farmacéutico y formador de HD Cosmetic Efficiency. Lo que el experto subraya de esta situación es que «cuando dormimos en ese entorno durante horas, la piel pierde agua por evaporación más rápido de lo que la recupera, lo que se llama pérdida transepidérmica de agua (TEWL)».

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Ocurre que «las glándulas sebáceas empiezan a producir menos grasa natural, haciendo que el agua se escape aún más rápido», explica Fran Escudero, cofundador de Skin Perfection by Bluevert y experto en dermocosmética. Y las consecuencias van empeorando cuando se expone la piel a esta situación.

Marta García, esteticista y experta en medicina estética, fundadora y responsable de los centros Marta García, detalla que «al principio notamos tirantez o falta de confort». Pero si esa situación se repite durante semanas, «la piel empieza a deshidratarse a nivel profundo, y además se vuelve más sensible, pierde luminosidad y tono saludable e incluso puede aparecer descamación o picor».

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Además, entra en juego la alteración de los ciclos de la piel. Marta García explica que la piel tiene un reloj biológico en el que el aire acondicionado puede interferir. «Por la noche, entra en su momento de máxima reparación, es cuando aumenta la renovación celular, cuando sintetiza más colágeno y cuando se recupera parte del daño sufrido durante el día. Si durante esas ocho horas la piel está perdiendo agua continuamente porque el ambiente es muy seco, parte de esa energía tiene que destinarla a mantener su humedad y trabajará en peores condiciones para repararse», explica la experta.

Presta especial atención si tienes este tipo de piel

Cada piel, como cada persona, es un mundo y reacciona de forma muy diferente a unos y otros daños. En el caso del aire acondicionado, las pieles que más sufren son, en palabras de Eva Otero, cosmetóloga de Germinal, las más sensibles, especialmente aquellas «con alteraciones cutáneas como rosácea, acné, eczemas…». Fran Escudero señala que las pieles con rosácea también responden con el conocido flusing (enrojecimiento).

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Y en el caso de las pieles grasas, Marta García destaca que también puede deshidratarlas y ellas responden produciendo más grasa para intentar compensar la pérdida de agua. «Por eso es fácil encontrar pieles muy grasas ahora y al mismo tiempo tirantes y deshidratadas», apunta.

Crea el ecosistema perfecto

Que el aire acondicionado interfiera en la salud de la piel no quiere decir que tengamos que pasar un verano sufriendo las consecuencias de las olas de calor. La medida en la que todos los expertos coinciden parte por crear un correcto ecosistema dentro del dormitorio, donde frescor y cuidado conviven a partes iguales.

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Esteban Martínez recalca que por debajo de 17 °C la vasoconstricción cutánea es más intensa y la regeneración nocturna se ralentiza. Por eso recomienda, como todos los expertos, guardar una temperatura de entre 22 y 24 ºC «y evitar que el chorro de aire dé directamente sobre la cara durante toda la noche», subraya Marta García. Pero la temperatura es solo parte de la ecuación.

«El parámetro crítico para la piel es la humedad relativa: por debajo del 40-45%, la pérdida hídrica transepidérmica se acelera de forma significativa. Lo más práctico es combinar el aire acondicionado con un humidificador. Una toalla húmeda cerca de la cama puede ayudar si no se tiene humidificador, aunque el efecto es más limitado y puntual», explica Esteban Martínez. 

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Por eso, Fran Escudero sentencia que las características que tendría que tener este espacio son «temperatura alrededor de los 24º-26º; es perfecto, además de ir acompañado de una humedad entre el 50%-60%».

Adapta también tu rutina facial

Partiendo del ecosistema, el siguiente paso para cuidar la piel en esta época del año es «utilizar productos que aumentan la hidratación de la piel y refuerzan la barrera cutánea, ya que son los factores más afectados por el uso del aire acondicionado», apunta Eva Otero. Para eso, Marta García recomienda especialmente las ceramidas, el colesterol, los ácidos grasos esenciales, la vitamina B12 y la vitamina B3. «Todos ayudan a reconstruir la barrera cutánea y hacen que la piel soporte mucho mejor un ambiente frío y seco», realza la experta. 

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La rutina debería ser, siguiendo la recomendación de Esteban Martínez, comenzar por una limpieza que no agreda el manto lipídico, preferiblemente con agua tibia, no caliente. Después, el tratamiento activo sobre piel ligeramente húmeda, que es cuando la absorción es mayor. Y como último paso, una crema nutritiva e hidratante que protege durante las horas de sueño.