El milagro que nadie vio venir: China alcanzó en 2024 la capacidad de energía eólica y solar que tenía prevista para 2030
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China lleva años batiendo sus propios récords en materia de energía eólica y solar, pero el hito de 2024 tiene una dimensión diferente. No se trata de una instalación puntual ni de un trimestre especialmente bueno: en julio de ese año, el país alcanzó los 1.200 GW de capacidad renovable combinada seis años antes de lo que había prometido.
Lo que vino después tampoco se detuvo. A finales de 2025, la capacidad acumulada de energía eólica y solar ya superaba los 1.840 GW, representando el 47,3% de toda la capacidad eléctrica del país. Por primera vez en su historia, estas fuentes limpias superaron al carbón y al gas en el mix eléctrico chino.
Así fue como la energía eólica y solar de China rompió todas las previsiones
En 2020, cuando Xi Jinping fijó el objetivo de los 1.200 GW, nadie esperaba que el margen de error fuera de seis años. Sin embargo, la expansión fue tan rápida y sostenida que en julio de 2024 China ya había cruzado esa barrera. Para ese momento, el país llevaba años instalando paneles solares y aerogeneradores a un ritmo que el resto del mundo simplemente no podía igualar.
Los datos que acompañan esa expansión son igualmente llamativos. China construye el doble de capacidad eólica y solar que todos los demás países del planeta juntos. Y mientras otros debaten normativas o buscan inversión, el gigante asiático ya lleva construidas infraestructuras que tardarían décadas en replicarse en otros contextos.
El resultado es un país que hoy genera casi la mitad de su electricidad a partir de fuentes renovables. Lo que antes parecía una declaración de intenciones se convirtió en realidad industrial a una velocidad que pocos habían anticipado.
El nuevo problema para China: dónde guardar tanta energía eólica y solar
Superar los 1.840 GW de capacidad no fue el final del desafío, sino el comienzo de uno nuevo. La energía aquí, valga la redundancia, depende del sol y del viento, que no siempre coinciden con los momentos de mayor consumo en la red. Cuando sobra electricidad, hay que almacenarla; cuando falta, hay que poder liberarla rápido.
Por eso China ha convertido el almacenamiento en una prioridad nacional. La solución más llamativa que ha puesto en marcha son los embalses de bombeo hidroeléctrico: instalaciones que usan el excedente de energía renovable para bombear agua hacia depósitos elevados y luego la sueltan cuando la red lo necesita, generando electricidad al pasar por turbinas.
Es una tecnología que funciona desde hace más de un siglo, pero que a esta escala tiene un impacto enorme. Cabe remarcar que actualmente China tiene más proyectos de bombeo hidroeléctrico en construcción que todos los demás países del mundo juntos.
Su objetivo es pasar de 59 GW actuales a más de 159 GW en los próximos cinco años, lo que convertiría esta tecnología en la columna vertebral de su almacenamiento de larga duración.
Baterías, embalses y una apuesta por no depender del carbón
El bombeo no es la única estrategia. En paralelo, China también ha acelerado el despliegue de baterías electroquímicas. En 2025, su capacidad de almacenamiento en baterías creció un 75% respecto al año anterior, alcanzando los 136 GW, una cifra que multiplica por 40 el nivel contemplado en el plan quinquenal anterior.
Las baterías de ion-litio dominan ese mercado, pero el país también investiga alternativas: sodio-ion, aire comprimido, volantes de inercia y almacenamiento gravitacional. La lógica es reducir la dependencia de tecnologías únicas y construir un sistema resiliente.
Hay, no obstante, una contradicción que persiste. A pesar del avance renovable, la red eléctrica china sigue dependiendo parcialmente de la emisión de carbón para compensar la intermitencia de las fuentes limpias.
Algunos planes de expansión renovable incluso contemplan nuevas centrales de carbón como respaldo. Es una tensión que el propio crecimiento de las energías eólicas y solares presionará cada vez más en los próximos años.
Dicho todo esto, lo que queda claro es que China ya no está en la fase de demostrar que puede instalar renovables a gran escala. Eso ya lo hizo. El nuevo reto es otro: construir el sistema que permita usarlas cuando de verdad se necesitan.
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