La cueva de Cantabria que estuvo bloqueada durante 16.800 años: contiene una vivienda de la Edad de Piedra con más de 4.600 objetos
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En Cantabria, la cueva de La Garma, que permaneció sellada durante unos 16.800 años, ha sacado a la luz una vivienda paleolítica en perfecto estado de conservación y 4.614 objetos que permiten acercarse a las actividades y costumbres de los grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico Superior. Un desprendimiento en parte de la galería de acceso a la cueva transformó este lugar en una auténtica cápsula del tiempo de hace 16.500 años.
Aunque todavía se desconocen las causas exactas del derrumbe, las piedras que cayeron sellaron un espacio de unos 800 metros. En su interior se conservan, a simple vista, los vestigios de un antiguo campamento, entre los que destaca un extraordinario conjunto de arte rupestre y mobiliar. Lo que más llama la atención del lugar es la enorme secuencia cronológica del material hallado, que va desde el Paleolítico Inferior hasta la Edad Media.
Cueva de La Garma en Cantabria
A comienzos de la década de 1990, a raíz del descubrimiento de la cueva de la Garma B, varios integrantes del G.E.I.S. Carballo/Raba localizaron la entrada y el yacimiento del piso superior de La Garma A. En 1996, mientras se realizaban las excavaciones arqueológicas en el vestíbulo de la planta superior, bajo la dirección de P. Arias y R. Ontañón, dos miembros del equipo, J. M. Ayllón y A. Serna, descubrieron la galería de las pinturas en el piso inferior durante las labores de exploración y topografía del sistema. Actualmente, un equipo del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Cantabria continúa con los trabajos de excavación y documentación.
En el vestíbulo superior se ha identificado una estratigrafía compleja, con niveles de enterramientos humanos y restos de ocupaciones correspondientes al Mesolítico y al Paleolítico Superior y Antiguo. En el piso intermedio se han encontrado numerosos restos paleontológicos, principalmente de osos, además de industrias del Paleolítico Inferior. Sin embargo, los hallazgos más destacados se concentran en el piso inferior, donde se distinguen tres yacimientos que permanecen intactos. En el vestíbulo primitivo se ha documentado un espacio de habitación magdaleniense, con algunas estructuras complejas.
Las manifestaciones artísticas se extienden por prácticamente toda la planta inferior. En el vestíbulo primitivo se conservan numerosos paneles con pinturas y grabados. Las zonas cercanas y la gran sala contigua también albergan representaciones, distribuidas en paneles de gran complejidad. En el sector más profundo de la cavidad abundan las pinturas, que llegan hasta la sala donde se encuentra la sima que comunica con el piso inferior activo, por el que discurre el río. Pese a la importancia de estos hallazgos, el arte rupestre paleolítico de la cueva sigue siendo poco conocido, ya que su documentación y estudio continúan en marcha.
En el vestíbulo primitivo destacan la abundancia de grabados y pinturas. Entre las representaciones destaca un caballo de grandes dimensiones, modelado en negro y de gran naturalismo, junto con numerosos signos pintados en rojo. En las zonas próximas se han encontradp pinturas negras con varias figuras de cuadrúpedos, además de otras representaciones rojas. Más hacia el interior, una amplia sala alberga un gran panel de pinturas rojas con los contornos grabados, en el que aparecen la parte delantera de un bóvido, un cérvido y varias cabras, así como otras figuras rojas más sencillas.
La extraordinaria conservación de La Garma se explica por un acontecimiento geológico accidental. Hace aproximadamente 16.800 años, al final de la última glaciación, un gran desprendimiento de rocas bloqueó por completo la entrada a la cueva. Este derrumbe creó una barrera natural que mantuvo su interior protegido de la actividad humana y animal durante milenios. La estabilidad de la temperatura y la humedad, junto con la ausencia de alteraciones externas, convirtió el enclave en una auténtica cápsula del tiempo, capaz de preservar restos orgánicos e inorgánicos.
Un hallazgo ‘excepcional’
Los materiales recuperados en la cueva destacan por su riqueza y diversidad. Entre ellos se encuentra una amplia colección de herramientas de sílex, fundamentales para la supervivencia de estos grupos humanos. Sobresalen las puntas de lanza y los arpones, que reflejan el desarrollo de técnicas de caza especializadas. Asimismo, los restos óseos de animales permiten conocer mejor la alimentación de estas comunidades de hace más de 15.000 años, basada principalmente en la caza de grandes presas, como ciervos, caballos salvajes y bisontes.
Entre las piezas halladas destaca especialmente un hueso de uro, antepasado salvaje del toro doméstico que hoy está extinguido, que fue perforado y decorado cuidadosamente. En su superficie aparece grabada la figura del animal junto a un rostro humano, por lo que se plantea la posibilidad de que se utilizara como colgante.
Finalmente, cabe señalar que La Garma forma parte de un complejo kárstico, es decir, un sistema de cavidades originado en la roca caliza del monte que le da nombre. Se encuentra en Omoño, dentro del municipio cántabro de Ribamontán al Monte, en la comarca de Trasmiera.