El viejo Centro Acuático Olímpico de Madrid, junto al Riyadh Air Metropolitano, dejará de ser un esqueleto de hormigón. El proyecto lo convertirá en un gran complejo con un auditorio cubierto para más de 20.000 personas, un campus universitario y un centro deportivo con piscinas. Después de más de 15 años de abandono, la pieza más incómoda del antiguo sueño olímpico cambia de guion.
No es una reforma pequeña. La parcela tiene 66.843 metros cuadrados y se integrará en el entorno de la futura Ciudad del Deporte del Atlético de Madrid, en San Blas-Canillejas. ¿Puede un edificio señalado durante años como «maldito» convertirse en un motor de conciertos, deporte y formación? Esa es la apuesta municipal y privada.
De obra fantasma a arena
El Centro Acuático nació para las candidaturas olímpicas de Madrid, primero como una instalación pensada para natación, waterpolo y otros deportes de piscina. La idea era ambiciosa, pero la ciudad no logró los Juegos y el edificio quedó a medias, como una promesa que nadie sabía muy bien cómo cerrar.
Las obras quedaron paradas en 2010 y el inmueble acabó convertido en un símbolo del fracaso olímpico madrileño. Según la información publicada sobre su historial, el Ayuntamiento ya había pagado 99,6 millones de euros cuando la construcción se detuvo, todavía con buena parte del edificio pendiente de ejecutar.
El plan de Barsento
La nueva etapa llega de la mano de Barsento S.L.U., sociedad en la que participan el Atlético de Madrid, Live Nation y Oak View Group. El club confirmó que el complejo se organizará en tres pilares, una arena musical cubierta, un campus del Grupo UAX y un centro deportivo gestionado por GoFit.
La operación se plantea como una concesión de dominio público. En la práctica, eso significa que el suelo sigue siendo público, pero una empresa lo explota durante un periodo pactado a cambio de construir, mantener y pagar un canon al Ayuntamiento. En este caso, la concesión será de 75 años y el canon previsto supera los 141 millones de euros.
Música a gran escala
El corazón del proyecto será la arena, un recinto cubierto pensado para conciertos y grandes espectáculos. No hablamos solo de poner muchas butacas. Un espacio de este tipo necesita accesos, carga y descarga, tecnología, acústica y seguridad para mover giras internacionales sin que todo el barrio se convierta en un atasco permanente.
Madrid ya compite fuerte en música en directo, pero el tablero se está llenando de piezas grandes. El Roig Arena de Valencia declara capacidad de hasta 20.000 personas, el Bizkaia Arena habla de 18.000 y el Movistar Arena de Madrid indica formatos de hasta 18.000 espectadores, con previsión de superar los 20.000.
Deporte y universidad
El campus docente tendrá capacidad para más de 2.300 estudiantes y estará orientado a educación superior y formación profesional. Las áreas previstas giran en torno a salud, deporte, gestión y tecnología aplicada a la industria musical y del entretenimiento. No es casualidad. El edificio quiere mezclar aula, escenario y gimnasio en el mismo mapa.
El centro deportivo incorporará piscinas interiores y exteriores y podrá recibir hasta 9.000 usuarios. Para un distrito como San Blas-Canillejas, eso puede significar más actividad diaria, no solo grandes noches de concierto. Al final, un recinto así se sostiene mejor si no vive únicamente de los sábados.
Sonido, vecinos y calendario
Uno de los puntos delicados será el sonido. La presencia de Oak View Group apunta a una cultura de recintos musicales diseñados desde el principio para el directo, como ocurre con Co-op Live en Manchester, que se presenta como un espacio centrado en acústica, tecnología visual y cercanía entre público y artista.
Aun así, el proyecto tendrá que demostrar que la teoría funciona en una zona real, con vecinos, tráfico, transporte público y días de partido en el Metropolitano. Sobre el papel, las obras arrancarán próximamente y el calendario municipal sitúa el final hacia 2030. Queda lejos, sí, pero por primera vez en años el edificio tiene una salida concreta.
Lo que falta por ver
La inversión prevista supera los 360 millones de euros, aunque desde el entorno promotor se ha hablado de una cifra cercana a los 400 millones. Esa diferencia no cambia lo esencial, pero recuerda que los grandes proyectos urbanos suelen moverse entre presupuestos, licencias, plazos y ajustes técnicos. Nada está terminado hasta que se abre la puerta.
El éxito no se medirá solo por traer artistas internacionales. También contará si el barrio gana servicios, si el tráfico se gestiona con cabeza y si el antiguo «edificio maldito» deja de ser una foto de abandono para convertirse en un lugar usado a diario. Ahí estará la prueba de verdad.
La nota de prensa oficial se ha publicado en el Diario de Madrid del Ayuntamiento de Madrid.











